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LA TRIBUNA

La carta de la asesina a Ana Rosa que no debió de existir

La escritora critica el silencio con que ha sido recibida la publicación de la carta enviada por Ana Julia Quezada a televisión y defiende la memoria del niño Gabriel Cruz.

He leído con detenimiento lo publicado por la prensa española acerca de la carta de Ana Julia Quezada, la asesina (nada de presunta) del niño Gabriel Cruz, y he quedado asqueada como inmigrante, como mujer y como cubana y mestiza que soy (china, irlandesa, canaria…).

Empecemos por ese tono familiar, de tú a tú, que emplea esta criminal frente a la periodista Ana Rosa Quintana: “Hola, Ana Rosa…”. ¿De cuándo a acá una convicta puede dirigirse a una personalidad televisiva, a la que tantas personas siguen (entre esas personas los padres y familiares del niño asesinado) y admiran, en ese tono confianzudo? ¿Quién es Ana Julia Quezada para hacerlo, qué títulos le permiten ese tuteo? ¿O es que la condición de ser una delincuente se lo autoriza y hasta la empodera?

“¿Que cómo estoy?”… Continúa la misiva, porque para esta mujer lo más importante es cómo ella se encuentra, y no cómo se encuentran los padres y los familiares de Gabriel, ni siquiera piensa ya en Gabriel, que no puede estar ni sentir nada porque ella lo mató.

Entonces, añade, de manera desenfadada, por no decir descarada, que no está nada bien. Pues para no sentirse bien escribe con absoluta y demasiada claridad a su favor, y nada más y nada menos que dos folios. Para colmo casi que canturrea un perdón, y continúa con que se halla “impactada por todas las mentiras que se han dicho de mi”, y por supuesto, no se detiene ni un segundo en cómo se hallarán los demás con todas las mentiras y las falsas actuaciones y engaños a los que ella sometió durante varios días, incluidos los medios de comunicación masivos del mundo entero. Suma y sigue, y se pone a dar tan frescamente su versión de los hechos. Ahí he tenido que parar para no vomitar.

El padre de ese niño asesinado por usted dejó de ser su pareja. Ahora es un padre desconsolado 

Esta es otra que mata de manera accidental, como casi todos los criminales, por cierto. No fue lo suficiente esto o lo otro, “no le dije a mi pareja”.

No, señora, Ángel Cruz ya no es su pareja. No, reitero, Ana Julia Quezada, el padre de ese niño asesinado por usted dejó de ser su pareja. Ahora es un padre desconsolado al que, como usted misma declara en esa bochornosa carta, usted arrebató lo más grande de su vida, su hijo. Es un padre desolado junto a una madre desolada. Y eso será para siempre.

Sobre el tratamiento como “personas” al que se refiere. Pues ahora mismo, haciendo pública esta onerosa carta, mediante los medios de comunicación de toda España, usted no sólo es tratada como persona, es tratada como un personaje por encima de muchas personas decentes de ese país, y muy por encima de los padres y los abuelos de Gabriel. Usted ha sido subida al pedestal de la fama, pero ¡qué fama! ¡Cuánto asco!

Y, faltaría más, Ana Julia Quezada sella su infame carta con aquello de “tengo mucho que contar” (euros mediante, supongo), y “cuando pueda lo contaré” (o sea, cuando pueda negociar o se hayan negociado las ganancias de lo que contará). ¿Hay algo más indecente y diabólico que esta carta? Sí, el asesinato de un niño, y ese niño se llama Gabriel Cruz. Esta depravada que escribe esta carta oprobiosa es su asesina.

Ana Julia Quezada no debió de haber escrito semejante carta, pero la escribió porque le dieron la oportunidad

Por ahí anda otra metralla de palabras, por parte de la convicta, en la que se refiere a su condición de inmigrante, y de su piel negra, y usa la palabra mágica que -como diría el filósofo Alain Finkielkraut- será la palabra chantajista del siglo: “racismo”.

Como exiliada política, como inmigrante, como mujer, como mestiza, me insulta que una carta de este género escrita por una criminal, en lo que nada tiene que ver su condición de inmigrante (con lo que por otra parte no le fue tan mal en España, visto lo visto en su historial personal), y mucho menos el hecho de ser mujer, negra (aparejada con blancos siempre), ni nada por el estilo.

Ana Julia Quezada no debió de haber escrito semejante carta, pero la escribió porque le dieron la oportunidad de hacerlo. Los que le brindaron esa oportunidad tampoco poseen la más mínima decencia, y al parecer les importa mucho más el grosero espectáculo permanente con el que tienen cautivados a sus depredadores lectores y espectadores, que un niño muerto en manos de este monstruo manipulador que es Ana Julia Quezada.

Con esta carta, Ana Julia Quezada ha vuelto a agredir (no quiero usar una palabra más fuerte por respeto al niño) a Gabriel Cruz. En esta ocasión no ha estado sola.

*** Zoé Valdés es escritora.

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