Nuestra economía se enfrenta a una recesión histórica, tal y como queda constancia en el primer documento de análisis del Gobierno. Valgan sólo dos indicadores para hacernos una idea de la hecatombe: el PIB caerá un 9,2% y la tasa de paro llegará al 19% este año.

Estamos ante el peor escenario desde la Guerra Civil, sin precedentes en los registros modernos. Según la titular de Hacienda, María Jesús Montero, son necesarios 182.000 millones de las arcas públicas para hacer frente a la crisis. 

"V atenuada"

La consecuencia de todo ello es que la deuda pública se disparará en una coyuntura de merma de ingresos para la Administración por el frenazo de la actividad. Se calcula que la deuda pública escalará al 115% del PIB. 

La recuperación en V que anunciaba Pedro Sánchez ya no será tal. El Gobierno habla ahora de "V atenuada". Dicho de otra manera, costará sudor y lágrimas salir del agujero al que nos aboca la pandemia.

Se use el indicador que se use, el horizonte se presenta apocalíptico. Peor incluso que el de países de nuestro entorno golpeados con fiereza también por el coronavirus, como es el caso de Italia.

Desconcierto

Tan dramático como los índices y las estimaciones es la sensación de desconcierto que sigue dando el Gobierno. Sirva de muestra que las ministras de Economía y Hacienda no han sido capaces de detallar el cuadro macroeconómico remitido a Bruselas a última hora del jueves.

En medio de esta tormenta perfecta el Ejecutivo mantiene su empeño suicida de sujetar solo el timón, sin contar con los empresarios ni la oposición y aferrándose a algunas recetas dogmáticas del ala más radical del Consejo de Ministros. O se cambia el rumbo o esta vez sí, a España "no la va a reconocer ni la madre que la parió", como apuntó Alfonso Guerra en otro tiempo y en otras circunstancias