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. Tomás Serrano

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No habrá paz en las calles

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La izquierda se ha echado al monte con la vivienda... y a la Puerta del Sol y a otras plazas, con la tienda de campaña. Es difícil de explicar, cuando quien ha gobernado el país los últimos ocho años no ha sido la derecha.

Lo lógico es que las acampadas por Maricarmen se realizaran en el patio del Ministerio de Vivienda y quien apoyara la huelga general fueran los líderes de la oposición, no los ministros de Pedro Sánchez.

La izquierda, hundida en las encuestas y chapoteando en las joyas de Zapatero, necesitaba convertir un problema social en una batalla moral para intentar equilibrar el tablero antes de ir a elecciones. Y cree haber dado en el clavo con la vivienda.

En realidad no se trata de buscar soluciones, sino de señalar culpables y achacar al adversario cada desahucio, cada alquiler desorbitado y, desde ahora también, cada desgracia personal.

La muerte de Maricarmen, la mujer de 87 años desahuciada de la casa en la que había vivido durante décadas, merece respeto, duelo y una discusión serena sobre la protección de las personas vulnerables. Lo que no merece es ser convertida en munición electoral.

Manuela Bergerot aprovechó este jueves el Pleno de la Asamblea para anunciar que "en las calles de Madrid no va a haber paz".

Unas horas antes, Irene Montero aseguró que lo ocurrido no fue una muerte, sino "un asesinato".

Y Gabriel Rufián, tan sensible siempre ("tengo ganas de llorar"), exclamó "¡qué hijos de puta!", en clara alusión a los diputados de PP, Vox y Junts que no votaron a favor de los decretos de vivienda que Sánchez les quiso imponer con medidas que no comparten, con medidas que creen contraproducentes y de las que están convencidos que crearán más casos Maricarmen .

Los políticos tienen todo el derecho a movilizar a sus simpatizantes. Pero hay una diferencia entre clamar por una injusticia y llamar a la confrontación; entre exigir responsabilidades y azuzar los peores instintos.

El bien más preciado de una sociedad es la paz. No la paz entendida como silencio o resignación, sino como convivencia, respeto a las reglas y capacidad para resolver las diferencias sin convertir al adversario en enemigo a exterminar.

Sólo un político irresponsable enardece los ánimos y excita las bajas pasiones.

Cuando la respuesta a un problema complejo es instigar el enfrentamiento y azuzar el conflicto en la calle, ya no se está haciendo política: se está practicando piromanía desde las instituciones.

Maricarmen no fue desahuciada por la derecha, sino por la extinción judicial de un contrato de renta antigua firmado en 1956, en conformidad con una ley aprobada por un gobierno socialista y durante el mandato de un presidente socialista. Todo eso no elimina el drama, pero sí debería impedir que la propaganda sustituya al análisis.

Afortunadamente, sólo quedan 52 días para las elecciones. Serán 52 días conflictivos, emponzoñados por quienes ven desvanecerse el poder y están dispuestos a hacer inhabitable el país si con ello evitan tener que hacerse a un lado.

Pero el 29 de noviembre abre una ventana de oportunidad para pasar página. Porque España no puede vivir mucho más tiempo en este ambiente tóxico sin que el veneno cause daños irreversibles en el tejido social.

Sánchez nos invita de forma recurrente a contrastar la España de 2018 que recibió, con esta de 2026. No diría yo que la comparación le favorezca.