Militares patrullan el asentamiento de migrantes en la playa El Trampolín, el 14 de septiembre de 2026, en Ceuta.
Menos Sydney Sweeney y más invasores en Ceuta
¿Por qué la izquierda española venera a todos los inmigrantes, menos a los ucranianos?
Una de mis maldades preferidas de la batalla de sexos es esa que dice que si la inmigración fuera mayoritariamente femenina, el feminismo de izquierdas ya habría puesto los tanques en la frontera.
Es una maldad divertida, pero imposible de corroborar, porque la inmigración es mayoritariamente masculina. En el caso africano, en un porcentaje del 94%.
Tan masculina es, de hecho, que algunos nos preguntamos el porqué.
Porque si un hombre huye de la guerra y de la violencia, que es lo que dice el relato de la izquierda, ¿por qué no se lleva con él a los más vulnerables de los suyos?
Es decir, a niños, mujeres y ancianos.
Pero esos son los que se quedan atrás. ¿Por qué?
¿Quién abandona a su familia y los deja a merced de los combatientes de uno y otro bando, o de la violencia del Gobierno y de los delincuentes?
¿Lo harías tú?
Inmigrantes en un nuevo asentamiento en la playa de Benítez, en Ceuta.
Antes he dicho que la hipótesis de una inmigración femenina es una maldad imposible de corroborar, pero no lo es tanto. Porque hay una pista que apunta hacia la respuesta correcta.
¿Cuál es la única inmigración rechazada por la izquierda española?
No es la procedente de China, por ejemplo, que no juega ningún papel en la batalla política y que, por tanto, no le resulta útil al PSOE.
La inmigración china tampoco delinque en mayor medida que los españoles, por lo que no contribuye a esa inestabilidad social que Sánchez necesita para perpetuarse en la Moncloa.
La inmigración china trabaja y punto. Ni se inmiscuye en los asuntos de los españoles, ni los entorpece, ni avasalla, ni contribuye al caos, ni se impone culturalmente en el espacio público.
Simplemente, trabaja y vive su vida.
La inmigración china, por tanto, es candidata clara al rechazo de la izquierda.
Y, sin embargo, por razones en apariencia incomprensibles, la inmigración más incómoda para la izquierda ha resultado ser la ucraniana.
No de forma explícita, claro. La izquierda nunca dice "hay que deportar a todos los ucranianos".
Lo que se pregunta la izquierda retóricamente es por qué los ucranianos sí y los africanos no, atribuyendo esa presunta preferencia de los ciudadanos españoles a la xenofobia.
El ex vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, durante un acto en Madrid. Europa Press
En octubre de 2024, Pablo Iglesias dijo irónicamente "España no tiene capacidad de recibir refugiados y migrantes salvo que sean ucranianos o venezolanos de derechas".
Luego escribió en un tuit "España ha acogido a 210.000 ucranianos desde marzo de 2022 hasta mayo de 2024. No hablan español ni son de cultura católica, pero no ha habido problema".
En realidad, los ucranianos son tan cristianos como los españoles, sólo que lo son de la rama ortodoxa, lo que los hace mucho menos ajenos a la "cultura católica" que un musulmán. Pero tampoco le vamos a pedir peras al olmo Iglesias.
Hay más ejemplos.
Irene Montero ha dicho hace apenas unos días en la SER: "Gestionaría la crisis de Ceuta como hicimos con la de Ucrania, cuando vinieron muchos más refugiados y refugiadas ucranianas, 350.000. Nadie dijo ni mu. Se ha hecho con 350.000 personas de Ucrania o, en el caso de los venezolanos, 200.000 en un año, y ahí no ha habido escándalo. ¿Porque son negros? ¿Porque son moros? Es puro racismo y pura inhumanidad".
Este mes de agosto, Ione Belarra dijo "en junio llegaron casi diez millones de turistas y desde 2022 unos 350.000 ucranianos sin que nadie diga absolutamente nada. Entonces no podemos decir que unos pocos miles de personas en Ceuta son un reto".
Gabriel Rufián, en 2024, dijo sobre el reparto de menas: "1.700 niños de Ucrania, sí. 400 niños de África, no. Se explica solo. No es patriotismo, es racismo".
En marzo de 2022, el mismo Rufián dijo que en España se prefería acoger a los ucranianos "porque son rubios y con los ojos azules". En el mapamundi que tiene Rufián en la cabeza, Ucrania está al norte de Suecia, en pleno casquete polar ártico.
Gabriel Rufián en su escaño del Congreso de los Diputados.
La pregunta, claro, es ¿por qué esa llamativa coincidencia en el ejemplo ucraniano? ¿Por qué les tocan tanto las narices los ucranianos a Rufián, Iglesias, Montero y Belarra? ¿Es sólo falta de imaginación y repetición de clichés? ¿Es un eslogan sincronizado? ¿O hay algo más?
El caso venezolano se entiende. La izquierda odia la inmigración venezolana porque es la prueba del fracaso del socialismo y de su naturaleza intrínsecamente totalitaria y violenta.
Pero ¿cuál es el problema con los ucranianos?
El caso es llamativo porque, a diferencia de la inmigración africana que dice huir de la guerra, los ucranianos sí huyen de una guerra. De una guerra real.
Y por eso, en el imaginario de la izquierda los ucranianos deberían ser los inmigrantes alfa. Los más merecedores de apoyo, de cariño y de nuestra solidaridad.
Pero no lo son. Los inmigrantes ucranianos son, de hecho, los más rechazados por la izquierda. ¿Por qué?
No puede ser sólo porque la izquierda española sea mayoritariamente prorrusa.
El presidente ruso, Vladímir Putin, en la 18ª Conferencia de los BRICS, en Nueva Delhi.
Tampoco porque la inmigración ucraniana sea, en muchos aspectos, tan discreta como la china: ni se les ve, ni se les nota, ni delinquen, ni avasallan, ni molestan, ni ocupan los espacios públicos de forma ruidosa e invasiva.
Tampoco debe de ser porque los ucranianos, precisamente por su cultura cristiana, sean mucho más fácilmente asimilables en España que los nigerianos, los argelinos o los marroquíes.
Es decir, esos factores juegan. Pero no serían suficientes por sí solos.
Tiene que haber otro factor añadido que redondee el pastel de la indeseabilidad ucraniana en el imaginario de la izquierda.
Y quizá ese factor sea que la inmigración ucraniana es, en muchos sentidos, la ÚNICA que debería merecer hoy nuestra ayuda.
Porque ellos sí huyen de la guerra, ellos sí son víctimas de la violencia, ellos sí huyen de la agresión de una potencia imperial colonial y ellos sí cumplen por tanto con todas las características de una inmigración necesitada de asilo político.
Algo que la inmigración africana, la preferida por la izquierda, no cumple en una amplia mayoría de los casos. Desde luego no en el caso marroquí, el mayoritario en España.
Y mucho menos en el caso ceutí, donde si hay alguien declarándole la guerra a otro, esos son los inmigrantes a los ceutíes.
Pero hay un segundo factor añadido. La inmigración ucraniana demuestra que la verdadera inmigración, la que de verdad huye de la guerra y de la violencia, es por fuerza mayoritariamente femenina y familiar. No exclusivamente, pero sí en una proporción muy mayoritaria.
Porque si un hombre huye de la guerra, se lleva a su familia. Y si ese hombre no puede salir de su país, porque está combatiendo o por cualquier otro motivo, envía a su familia fuera del país. A todos ellos. Juntos.
Y eso es lo que ocurre en el caso ucraniano.
La inmigración ucraniana es en un 60% femenina. En la edad laboral, las mujeres ucranianas doblan de hecho a los hombres ucranianos en España.
Ucrania demuestra, en resumen, que la verdadera inmigración merecedora de asilo debe ser por fuerza mayoritariamente femenina, no masculina.
Y si es mayoritariamente masculina, es que algo falla y que el motivo de su llegada a España es otro.
Habrá llegado a España en busca de una vida mejor. Es decir, por motivos económicos.
Pero entonces, esa inmigración no merece asilo político.
Les féministes détestent Sydney Sweeney parce qu’elle est blanche et hétérosexuelle pic.twitter.com/XkJXZX3KHG
— Le Crapaud (@Le_Crapaud47) September 15, 2026
Dice esa pequeña maldad de la batalla de sexos de la que hablaba al principio que si todos los inmigrantes fueran como Sydney Sweeney, el feminismo de izquierdas ya habría minado las fronteras.
A la vista de la hilarante reacción, tan reveladora de tantos complejos, que ha provocado entre esa izquierda feminista el último anuncio de Sydney Sweeney, estoy tentado de pensar que esa maldad en concreto carga con una buena dosis de verdad a cuestas.
Como decía la publicación satírica americana The Babylon Bee, "Sydney Sweeney está pensando en asesinar a tres niños para ganarse el apoyo de las mujeres progresistas".
Sydney Sweeney Tries To Gain Support Of Liberal Women By Murdering Multiple Children https://t.co/3vkEsV3QB3
— The Babylon Bee (@TheBabylonBee) September 15, 2026
Lo dice, claro, por el caso de Lindsay Clancy, que estranguló a sus tres hijos en enero de 2023, que acaba de ser juzgada por ello, y que ha generado una gigantesca ola de apoyo entre las mujeres progresistas americanas.
Un apoyo mucho mayor que el que recibe, desde luego, Sydney Sweeney entre esas mismas mujeres progresistas.
Al final, quizá el problema de la inmigración ucraniana sea precisamente ese. Que no ha invadido Ceuta.
Que no ha okupado sus playas, sus bosques, sus parques y sus colegios.
Que no se ha adueñado del espacio público.
Que no está empujando a los ceutíes al exilio.
Que son verdaderos refugiados y que se comportan como tales.
Que dejan en evidencia, en fin, las mentiras de la izquierda acerca de la inmigración.