Los migrantes procedentes de Marruecos, en la frontera entre Ceuta y Marruecos.

Los migrantes procedentes de Marruecos, en la frontera entre Ceuta y Marruecos. Fabian Bimmer Reuters

Columnas LA MALA REPUTACIÓN

La guerra híbrida era esto

Ni Fernando VII fue tan complaciente con Napoleón como Sánchez con Rabat.

Publicada

Cuando uno se pregunta para qué sirve la Administración, hoy sólo se puede responder con lúcido desengaño. ¡Para nada!

Una Administración capaz de perseguir hasta los confines del mundo a un autónomo quebrado por una cuota impagada, pero incapaz de mantener la integridad territorial del país, es un régimen fracasado.

Tristemente, esto no es una cuestión de izquierda o derecha porque España, que hasta ayer pensábamos que era un país moderno, tenía los suficientes mecanismos para evitar los desmanes de un presidente del Gobierno.

A la luz del día, mientras continúa la invasión, hemos comprobado cómo han socavado esas salvaguardas hasta el tuétano de tal manera que ya no existe diferencia ya entre el Ejército, el Tribunal Supremo y la Cruz Roja.

Abandonar a ochenta y cuatro mil ciudadanos a su suerte mientras se desata el caos y la violencia en una ciudad española sería motivo para que cualquier presidente dimitiese o tuviera que exiliarse con lo puesto en Marruecos. Ni Fernando VII fue tan complaciente con Napoleón como lo ha sido Moncloa con Marruecos durante las dos últimas legislaturas.

Años hablando de que las guerras han cambiado, primero en Ucrania, después en Oriente Medio, y mientras Marruecos invade España, las autoridades teorizan sobre las mafias, las crisis humanitarias, la solidaridad…

El Ejército español se despliega en la frontera entre Ceuta y Marruecos.

El Ejército español se despliega en la frontera entre Ceuta y Marruecos. Fabian Bimmer Reuters

La guerra híbrida era exactamente esto: colarte más de cincuenta mil personas en tromba (que no huyen de ninguna guerra) en una ciudad de apenas el doble de población.

La guerra híbrida no era el título de una novela de Vargas Llosa, sino esto: Planas y Felipe González en la embajada de Marruecos en Madrid celebrando el aniversario de la coronación de Mohamed VI mientras Marruecos invade Ceuta y Melilla.

Suerte que hay fotos para jurar que todo pasó a la vez en un mismo día.

Que nuestro Gobierno rindiera pleitesía a una dictadura de manera aberrante mientras entraban en territorio español expresidiarios confesos y en general una visión del mundo incompatible con la civilización (porque no vienen presos políticos, ni premios Nobel entre la marabunta incontrolada, sino fugados confesos de la justicia) es algo que dentro de unos meses nos tocará jurar que ocurrió.

No hace falta un curso de seguridad nacional para entender que guerra híbrida fue lo que ocurrió ayer: un Estado utilizando el movimiento de miles de personas al unísono para desbordar la soberanía de otro.

Mientras, la Administración española cayó y calló mientras reconocía tácitamente que cualquier extranjero invadiendo España tiene más derechos que cualquier ciudadano español. Y al ministro de Exteriores, Godoy de Pedro, sólo se le ocurre llamar a consultas al embajador italiano por la propuesta de cerrar el espacio Schengen.

España se ha convertido en el epicentro del fin de Europa. ¡Ríete de Troya!

Bastaba con que un país dejase de vigilar su frontera mientras el Gobierno español empleaba el tiempo en buscar un eufemismo con el que no llamar invasión a lo evidente.

Entre tanto, cada ciudadano comprobó que como en las riadas de Valencia, o durante los incendios de estos días, la Administración española no compareció por ningún lado. Cada español descubrió que sólo tenía a sus vecinos y no convenía esperar nada más.

Hoy, que es 1 de agosto, a nuestros políticos ya sólo les queda rendir Tarifa e irse de vacaciones con treinta monedas de plata.