Pedro Sánchez y Donald Trump durante la cumbre de la OTAN este miércoles.

Pedro Sánchez y Donald Trump durante la cumbre de la OTAN este miércoles. EP

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¿Qué le ha pagado Sánchez a Trump para desactivar sus amenazas?

En la cumbre de la sumisión, ha triunfado la vía Rutte: Trump amenaza a la OTAN, un aliado paga en la sombra, y el secretario general aplaude la "unidad" recuperada sin preguntar el precio.

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El miércoles por la mañana, junto a Mark Rutte, Donald Trump proclamó que España era "un aliado terrible en la OTAN".

Que "no participa", que "no paga".

Que sus autoridades son "mala gente".

Y que había que "cortar todo el comercio con España, incluidas las visitas".

Horas más tarde, de regreso a Washington en el Air Force One, el mismo presidente ha asegurado que España "se redimió por completo", porque ha sido "muy generosa" al acceder a "una solicitud de pago importante".

Entre un extremo y otro, ninguna explicación pública, ningún documento, ninguna cifra.

No precisó de qué pago hablaba. No hacía falta: bastaba con que nuestro presidente pagara.

Ese vacío, esa nada exhibida con la satisfacción de quien acaba de resolver algo, es, en realidad, todo lo que hay que saber de cómo funciona hoy la OTAN.

El verdadero balance de esta cumbre viene de comparar lo prometido con lo obtenido.

La Haya, hace un año, dejó un compromiso nítido: escalar el gasto militar hasta el 5% del PIB en una década. Y Rutte había anunciado que Ankara sería la cumbre "del cumplimiento".

Mark Rutte, Donald Trump y Recep Tayyip Erdoğan, en la cumbre de la OTAN en Ankara.

Mark Rutte, Donald Trump y Recep Tayyip Erdoğan, en la cumbre de la OTAN en Ankara. Umit Bektas Reuters

La piedra en el zapato era Pedro Sánchez, que llegaba sin haber asumido esa cifra y sosteniendo que cumpliría los objetivos operativos de la OTAN con un gasto menor.

Pero hete aquí que sale no con un compromiso nuevo y verificable, sino con un pago sin nombre que basta para desactivar, de un plumazo, un embargo que horas antes se anunciaba inminente.

Ese es el resultado concreto frente a la expectativa. No una cifra pública de gasto, sino una transacción opaca que compra silencio y tiempo.

Cualquier desmesura es esperable de alguien que, después de haberse visto sometido al escarnio público y al ninguneo del presidente de Estados Unidos, aparece asegurando que compartieron una conversación distendida sobre fútbol y golf.

Cuesta imaginar de qué hay que estar hecho para, tras ser llamado "mala gente" ante las cámaras del mundo, comparecer con gesto de autómata a describir una sobremesa deportiva.

Esa serenidad no es fortaleza, sino coartada de quien ha pagado exactamente lo que le pedían.

Aquí es donde uno tiene el derecho (y el deber) de exigir claridad al gobierno de España.

¿Qué demonios le ha ofrecido Sánchez a Trump para desactivar semejante andanada?

¿La ficticia senda de gasto entera?

¿Rota y Morón para el reabastecimiento de la operación contra Irán, negada durante meses?

¿El compromiso, mencionado casi de pasada, de participar en la operación en Finlandia para el Ártico y el Atlántico?

Es bochornoso, trágico en realidad, pero no lo sabemos. No sabemos nada. Como no hemos sabido nada del desmantelamiento a pellizcos que ha venido perpetrando contra el país.

Un Gobierno que negocia bajo amenaza de embargo y no explica qué ha cedido a cambio no está gestionando una crisis diplomática. Está ocultando una rendición que paga unos días más en el poder.

Rutte, entre tanto, ha cumplido con nota su sonrojante papel de amortiguador entregado. De pie junto a Trump mientras este despellejaba a España, guardó silencio.

Un periodista danés se lo preguntó directamente después, y esa pregunta, más que la respuesta, quedó como el resumen perfecto de esta cumbre: ¿por qué el secretario general de una alianza de democracias no defiende a un socio insultado en su propia sala?

Rutte había bautizado su fórmula "OTAN 3.0" y decía entender la "irritación" americana. Ankara demuestra que esa fórmula funciona. Trump amenaza, un aliado paga en la sombra, y el secretario general aplaude la "unidad" recuperada sin preguntar el precio.

Técnicamente, la amenaza de Trump era casi inejecutable. El comercio con España lo rige Bruselas, no Washington, y cualquier sanción unilateral pondría en riesgo el propio acuerdo comercial UE-Estados Unidos cerrado el año pasado en Turnberry.

Eso hace aún más incomprensible y grave que España haya pagado algo para evitar un embargo que probablemente nunca podría haberse ejecutado.

¿O el pago es por otra cosa?

Se cede a un farol precisamente porque la vía Rutte no busca comprobar la solidez de la amenaza, sino evitar, a cualquier precio, que el amo se enfade.

Y el epílogo, con esa serenidad que sólo da tener ya resuelto lo que hubiera que resolver, lo puso el propio Sánchez.

Horas después de pagar su "solicitud importante" sin dar explicaciones, despegó hacia Londres para la graduación de su hija, con el gesto de quien no tiene nada pendiente, acariciando a su gato invisible mientras fuera se cierran acuerdos que nadie más llega a ver.

Con la calma de quien sabe que el problema, fuera lo que fuera lo que costó zanjarlo, ya está pagado.

Ankara deja así la lección más incómoda del año para una Alianza que ha perdido su dignidad a bocados: la sumisión no evita el desprecio, simplemente lo pospone.