Andrés, el turista murciano que se encontró un Sorolla en la calle, posa junto al cuadro.

Andrés, el turista murciano que se encontró un Sorolla en la calle, posa junto al cuadro. EFE

Columnas SIN SOLTAR AMARRAS

Un Sorolla olvidado en una esquina

Andrés representa algunas cosas buenas de un país que últimamente da mucha vergüenza, y que quizá no acaba de irse al cuerno porque aún queda gente honrada que se encuentra un Sorolla por la calle y no duda en devolverlo.

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Andrés, que es de Murcia, estaba de vacaciones en Sevilla. Paseaba por la calle a las 16:30 de la tarde, que debía hacer una temperatura deliciosa para dar una caminata, cuando vio a unos chavales abandonando un cuadro en una esquina.

La pintura no le llamó tanto la atención como el marco, que era dorado y muy bonito.

Y Andrés el de Murcia, con la calor sevillana, se echó el cuadro al lomo y se lo llevó a su hotel. Y de allí a su hogar murciano de Puebla del Soto, que me quiero yo imaginar el viaje con la bolsa de regalos, la maleta y el cuadro.

Ya en su casa, Andrés estuvo mirando y remirando su hallazgo sevillano y pensando que, además del marco, tampoco estaba mal la pintura.

Así que recurrió a la inteligencia artificial para identificarla, y hete aquí que se trataba de un Sorolla.

Joaquín Sorolla y Clotilde García del Castillo, en una de las fotos del archivo del Museo.

Joaquín Sorolla y Clotilde García del Castillo, en una de las fotos del archivo del Museo. Museo Sorolla

Andrés, que trabajó 33 años en un súper y lleva un tiempo en el paro, aficionado a imitar a Rocío Jurado y a Lola Flores, y creador de un personaje de transformismo llamado Lola Montiel, llamó entonces a una prestigiosa casa de subastas a la que envió unas cuantas fotos del lienzo.

Los profesionales, muy diligentes, confirmaron gracias a las imágenes que se trataba de un Sorolla, y se lo tasaron en 150.000 euros.

Andrés ya estaba pensando en el golpe de buena fortuna que acababa de recibir, cuando se enteró de que la policía buscaba un Sorolla robado en Sevilla.

“A ver si va a ser este”, pensó Andrés, y demostrando su bonhomía, llamó de inmediato a las autoridades para comunicar su hallazgo. La policía identificó su Sorolla, y además puso a Andrés en contacto con los legítimos propietarios.

Estos le dijeron que en realidad no les habían robado el cuadro, sino que se lo habían olvidado en la calle (sí, yo también me estoy preguntando qué tipo de persona se olvida un Sorolla en una esquina, pero esa es otra historia).

El caso es que quedaron muy agradecidos a Andrés y le prometieron un regalo.

Así que Andrés, el murciano aficionado al transformismo que paseaba por Sevilla a las cuatro de la tarde y se encontró un cuadro que resultó ser un Sorolla, debe andar ahora preguntándose si la cosa va en serio y le van a regalar algo.

O si los propietarios del cuadro, los sevillanos que van olvidándose por las esquinas cuadros valiosísimos, hablaban por hablar.

Pero Andrés dice que ha cumplido con su obligación ciudadana y que eso es lo importante, mientras se fotografía al lado del Sorolla con una camiseta sin mangas salpicada de palmeras y un maniquí con un sujetador.

Andrés tiene una cara de buena persona que tira para atrás. Y al verlo ahí, con su cuadro bienhallado y su camisa veraniega, me dan ganas de mandarle yo un regalo o de tomar con él un vermú.

Porque representa algunas cosas buenas de un país, el nuestro, que últimamente da mucha vergüenza. Y que quizá no acaba de irse al cuerno porque aún nos quedan estos ratitos de vodevil y gente honrada que se encuentra un Sorolla por la calle y no duda en devolverlo.