Tomás Serrano
Para "prioridad nacional" la que aplican en Cataluña y País Vasco con la connivencia de Sánchez
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Pedro Sánchez busca en la "prioridad nacional" su último conejo en la chistera ante la marea de corrupción que sube por las paredes de Ferraz y empieza a inundar los despachos de la Moncloa.
El presidente no sabe a qué recurrir ya para retirar el foco de las cloacas del PSOE.
Lo intentó ante los empresarios del Cercle d'Economia, en Barcelona, con su anuncio de presentar los Presupuestos para 2027.
Lo hizo aun a riesgo de que se le rieran en la cara, lo que da idea del grado de desesperación que se ha instalado en el Gobierno.
Visto el escaso éxito de su propuesta, ahora el talismán vuelve a ser el fascismo, encarnado en la cláusula de la "prioridad nacional" que Vox ha puesto como condición para que puedan echar a andar los nuevos gobiernos autonómicos del PP.
El ministro Óscar López habla de "pactos de la infamia" y Fernando Grande-Marlaska de "xenofobia institucionalizada".
Seguramente los asesores de Moncloa han visto en este asunto la oportunidad de traer a su favor la figura del Papa.
Y por eso Sánchez ha decidido sumarse al encuentro que León XIV mantendrá con inmigrantes en el puerto de Arguineguín, en Gran Canaria.
Qué mejor oportunidad para desviar la atención de los juzgados que apropiarse de la agenda humanitaria y emplearla como arma arrojadiza contra la oposición.
Pero para "prioridad nacional", cabría oponer, la que se viene aplicando en Cataluña y País Vasco con el apoyo entusiasta del Gobierno.
¿Acaso no son "prioridad nacional", en su versión más identitaria y excluyente, algunas de las cesiones que ha bendecido Sánchez?
Miremos al País Vasco. ¿No era "prioridad nacional" para Bildu el acercamiento de presos de ETA que Marlaska consintió y que el Gobierno vasco ha gestionado inmediatamente después para excarcelar a los peores criminales?
Miremos a Cataluña. ¿No es "prioridad nacional" la "financiación singular" pactada con Oriol Junqueras, un cupo diseñado a espaldas del resto de las comunidades autónomas y que altera de facto el principio de solidaridad territorial?
¿Y qué decir de la cesión de competencias en inmigración impulsada bajo la presión de Carles Puigdemont? Hasta Patxi López sabe que Junts busca aplicar una política migratoria restrictiva que sería calificada sin matices de "racista" si la protagonizaran otros actores.
La contradicción es flagrante: la "prioridad nacional" es un peligro democrático si la pide la extrema derecha, pero es "convivencia" y "pluralidad" si la imponen los separatistas.
En este contexto, la ofensiva retórica del Gobierno contra los acuerdos entre PP y Vox suena más a necesidad que a convicción: la necesidad de deslegitimar al adversario mientras se chapotea angustiosamente en el fango. Propaganda para tapar la vergüenza con que el PSOE ha cubierto las instituciones del país.
Al final, la única prioridad nacional que de verdad le importa a Sánchez es la de su supervivencia.