El nuevo Ferrari Luce.

El nuevo Ferrari Luce. Omicrono

Columnas EL PANDEMONIUM

Pero qué feo es este Ferrari, la virgen

¿Por qué lo moderno ha de ser necesariamente feo? ¿Por qué no puede ser bonito? ¿Por qué todo, los coches, los teléfonos móviles, las neveras, las zapatillas deportivas, parecen lo mismo? ¿Por qué todo es blando, débil, frágil y redondo?

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Decía Enzo Ferrari, el patriarca, que Ferrari no vende coches: Ferrari vende motores, y el coche (el envoltorio) te lo regalan.

Pues este es el nuevo Ferrari Luce. El primer coche eléctrico de Ferrari.

El Ferrari Luce tiene más de mil caballos, cinco plazas y un diseño firmado por el estudio de Jonathan Ive, diseñador de los productos más emblemáticos de Apple.

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Técnicamente, este Ferrari es una bestia: tiene cuatro motores eléctricos, uno por cada rueda. Pasa de cero a cien kilómetros por hora en dos segundos y medio. Y tiene una velocidad máxima de 310 kilómetros por hora.

Pero tiene un problema. Es feo. Muy feo. Feo con avaricia.

Y cuesta 640.000 dólares. Unos 550.000 euros en su configuración más básica.

El interior del nuevo Ferrari Luce.

El interior del nuevo Ferrari Luce. Omicrono

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La reacción contra el nuevo Ferrari Luce ha sido brutal. Y las redes y los medios italianos han estallado.

El ex presidente de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo, ha dicho "no puedo decir lo que realmente pienso, porque le haría daño a Ferrari. Espero que al menos quiten el Cavallino de ese coche".

Flavio Briatore y el ministro de Transportes Matteo Salvini también han cargado contra el nuevo Ferrari.

Briatore, por ejemplo, ha dicho que lo mejor de este Ferrari es que ni siquiera los chinos querrán copiarlo.

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Hay un detalle que dice todo lo que necesitas saber sobre este Ferrari.

El Ferrari Luce tiene un sistema de audio que amplifica las vibraciones mecánicas que generan los cuatro motores eléctricos. Luego, el sistema proyecta esos sonidos, como si fueran una canción de tu reproductor, hacia el conductor y los pasajeros.

Y todo ese trampantojo, sólo para que nadie eche de menos el sonido de los motores de gasolina de Ferrari.

Es decir, que Ferrari ha fabricado un coche eléctrico aséptico y silencioso, pero le ha añadido un sonido placebo para que ese coche de juguete parezca un coche real.

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La polémica no flota en el vacío.

Porque Ferrari no es sólo una marca de coches. Es un símbolo que todo el mundo asocia a Italia. Si el resto del planeta piensa que Italia es uno de los países más bonitos del mundo (y los italianos los hombres y mujeres más elegantes del planeta) se debe, en buena parte, a Ferrari.

Las acciones de Ferrari han caído un 8%.

Pero el problema no es sólo el coche. Es el síntoma.

Recuerda por ejemplo el Jaguar Type 00, un ladrillo brutalista rosa que parece un cubo de basura de lujo.

Los protagonistas del famoso anuncio de Jaguar.

Los protagonistas del famoso anuncio de Jaguar. Jaguar

O esas zapatillas de running que parecen tablas de plástico ortopédico, como el nuevo modelo de Adizero de Adidas.

Y, por supuesto, tenemos La Odisea de Christopher Nolan, que ha convertido la epopeya griega de Homero en un festival de anacronismos estéticos.

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Pero… ¿por qué está pasando todo esto? ¿Por qué, de repente, las marcas y los diseñadores parecen competir por ver quién hace las cosas más feas?

¿Tenemos derecho a enfadarnos o es que no estamos entendiendo la estética moderna?

Yo creo que tenemos derecho a enfadarnos. Por varios motivos.

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En primer lugar, porque la belleza no es subjetiva. Es objetiva. No hay mayor mentira que esa de "sobre gustos no hay nada escrito".

El filósofo británico Roger Scruton lo explicó mejor que nadie: la belleza es una propiedad del mundo real, una forma de orden estético que nos conecta con algo más grande que nosotros mismos. La belleza es una intuición. La fealdad es un vicio.

Un Ferrari clásico no es bello sólo "porque nos guste". Es bello porque tiene proporción, porque tiene dramatismo, porque tiene una historia, porque tiene potencia contenida en un diseño elegante.

Un Ferrari es un caballo de raza hecho metal.

El nuevo Ferrari Luce, en cambio, es minimalista, sus líneas son rechonchas y blandas, y su interior parece un iPhone.

El nuevo Ferrari Luce ha reemplazado el alma italiana por una estética global, impersonal y, eso sí, "sostenible".

El nuevo Ferrari es una horterada.

El Ferrari Luce es feo porque reniega de lo que hacía único a Ferrari. Es italiano como podría ser alemán o chino o indio.

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En segundo lugar, tenemos derecho a enfadarnos porque la fealdad no es una decisión de marketing: es ideología.

El Jaguar Type 00 no es feo por accidente. Es feo porque ha renegado de su herencia británica y porque ha renegado del felino elegante de su logo para ser un ladrillo impersonal y ultralujoso.

El Jaguar Type 00.

El Jaguar Type 00.

Aunque, eso sí, eléctrico y acorde con las normativas de la Unión Europea.

Es el mismo espíritu que hace que Nolan tome La Odisea, una epopeya de belleza helénica y mares mediterráneos luminosos, y la convierta en un espectáculo gris, de fealdad burocrática protestante, con drakares vikingos y un casting que ignora el canon homérico.

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¿Pero por qué la modernidad no puede inventar sus propios mitos y destrozarlos si es eso lo que quiere?

¿Por qué tiene que arruinar las cosas bellas que han fabricado las generaciones anteriores?

Durante toda la vida hemos avanzado mejorando, poco a poco, detalle a detalle. Y progresábamos paso a paso. De una cosa bella se pasaba a otra cosa bella, un poco más avanzada, un poco más moderna. Diferente a la anterior, pero no demasiado, e igualmente bella.

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Ahora en cambio avanzamos empeorando.

Pero si te quejas, es que no estás entendiendo que lo feo y lo vulgar es ahora lo moderno.

Pero ¿por qué? ¿Por qué lo moderno ha de ser necesariamente feo?

¿Por qué no puede ser bonito?

¿Por qué todo, los coches, los teléfonos móviles, las neveras, las zapatillas deportivas, parecen lo mismo?

¿Por qué todo es blando, débil, frágil y redondo?

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No estoy diciendo que el cambio sea necesariamente malo. La técnica avanza. Los gustos estéticos cambian.

Pero la belleza no es negociable. No es un extra por el que pagas cien euros más.

Cuando Ferrari decide que su primer coche eléctrico tiene que parecer una lavadora, no está innovando: está admitiendo que ya no cree en su propio mito.

Cuando Nolan reescribe La Odisea como si Homero fuera un guionista de Marvel, no está actualizando el mito: lo está rebajando al nivel de una película de superhéroes para niños.

Un fotograma de 'La Odisea' de Nolan.

Un fotograma de 'La Odisea' de Nolan.

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Lo que me molesta de la fealdad posmoderna es que ni siquiera nace del error humano, de una voluntad de humanidad, como decía en el vídeo sobre la banda Angine de Poitrine.

Angine de Poitrine es una reacción contra la vulgaridad de Taylor Swift. Y el nuevo Ferrari es el Taylor Swift de los coches.

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Esta fealdad moderna es irónica, pero no tiene sentido del humor.

Es posmoderna, pero no ha pasado antes por la modernidad.

Está hecha por humanos, pero parece hecha por una inteligencia artificial.

¿Pero sabéis por qué ya nadie hace cosas bellas?

Porque hacer belleza requiere humildad.

Requiere reconocer que no eres el centro del universo, que hay un orden anterior a ti, que hay tradición, que hay naturaleza, que hay un canon. Y que tu obligación es servirlo.

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Pero los seres humanos modernos ya no queremos servir porque ya no creemos que haya nada ni nadie por encima de nosotros.

Los seres humanos de hoy nos consideramos una obra de arte, la mejor obra de arte de la historia.

'El ángel caído', de Alexandre Cabanel.

'El ángel caído', de Alexandre Cabanel.

Y por eso nos pasamos el día fotografiándonos a nosotros mismos: nuestros pies en la playa; nuestro outfit en el espejo del ascensor; la comida que nos vamos a comer; el famoso con el que nos hacemos una foto poniendo boca de pato, como si el famoso fuéramos nosotros y no él.

Pero como sólo sabemos hacernos fotos, y ya no sabemos cómo crear belleza, la única manera que nos queda de reivindicarnos es… rompiendo cosas. Afeándolas. Destruyéndolas.

La fealdad actual es arrogancia disfrazada de valentía.

Es la victoria del bárbaro que se considera libre cuando rompe cosas y que se aburre cuando no puede romperlas.

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Al final, hay que volver a Tolkien. Porque como decía el autor de El Señor de los Anillos, el mal no puede crear nada nuevo, sólo puede deformar y arruinar lo que es bello.

Y por eso tenemos derecho a cabrearnos. No por purismo estético o por nostalgia. Sino para no embrutecernos.

Si los seres humanos somos capaces de crear belleza, y lo hemos demostrado a lo largo de la historia, ¿por qué nos empeñamos ahora en crear fealdad?

¿Por qué nos empeñamos en destruir en vez de crear?