Zapatero junto a Delcy Rodríguez.

Zapatero junto a Delcy Rodríguez.

Columnas LA CAMPANA

Un cursi nunca es buena persona

¿Quiénes han sido los mefistófeles que, en cada encrucijada, le han indicado a Zapatero el camino más lúgubre y le han ayudado a ajustar su disonancia moral?

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Era el año 2007, y aún no había IA. Por eso, unos esforzados patriotas tuvieron que leer de cabo a rabo Madera de Zapatero, la biografía del entonces presidente que había pergeñado Suso de Toro.

No fue fácil, pero alguien tenía que hacerlo.

En esos momentos todos los españoles sospechaban ya que el equipamiento intelectual del presidente no era de primer nivel. Algunos sabíamos, además, que era un mal tipo: lo habíamos visto firmar el Pacto por las Libertades contra el Terrorismo (que prohibía pactar con los terroristas, su departamento político, y los partidos que pactaran con ellos) e inmediatamente ponerse a negociar con ETA; estaba aún en la oposición.

Pero el libro de Suso de Toro proporcionaba, además, evidencias de lo peor de su naturaleza: la cursilería.

Gracias a él nos enteramos de que había importunado a su propia madre en su lecho de muerte (el de ella). "Mamá, ¿tú crees que llegaré a presidente del Gobierno?", le preguntó ante sus ojos desorbitados (los de ella).

El libro también revelaba que Zapatero disponía de una "tranquilidad ontológica" y de unos interruptores sexuales y sentimentales peculiares que su mujer Sonsoles activó al instante al aparecer con un chubasquero amarillo y El País en la mano. Nuestro héroe, cortocircuitado, no tuvo más remedio que "invitarla a un proyecto vital compartido".

'Madera de Zapatero', de Suso de Toro.

'Madera de Zapatero', de Suso de Toro.

También supimos que, después de que los etarras (con quienes Zapatero mantenía conversaciones) volaran una pierna de su compañero Eduardo Madina, le dijo: "chaval, te voy a regalar una Euskadi en paz".

Y que, cuando un camarero del Congreso le preguntó cortésmente por su familia, le contó, inopinadamente, que la menor de sus hijas había tenido su primera menstruación. Ha sido "convidada a la vida", le dijo, que a los boomers nos sonaba extrañamente a "in-a-gadda-da-vida", y que sin duda provocó un intenso embarazo al camarero.

Este era Zapatero, un tipo que había resucitado el guerracivilismo en un escenario de Mi Pequeño Pony abundante en arcoíris, unicornios rosa y malvados fascistas. Por eso leímos sus memorias. Lo hicimos por ustedes, las generaciones venideras, para que entendieran cabalmente al personaje y se hicieran la siguiente pregunta: ¿cómo ha podido llegar al Gobierno de España?

Él mismo lo respondió con tranquilidad ontológica: "Sonsoles, no sabes la cantidad de cientos de miles de españoles que podrían ser presidente del Gobierno".

Cosas de la democracia, dirán, pero esa es la cuestión: los electores deberían tener la madurez suficiente para no seleccionar a un ceporro.

Pero, aunque ignoraran nuestras advertencias, Millennials y GenZ tampoco tienen excusa para el desconocimiento, porque Zapatero continuó prodigándose a lo largo de los siguientes años.

"La Tierra no es de nadie, salvo del viento".

"El universo es infinito, pero somos el único sitio en el que se puede leer un libro y se puede amar".

Oigan, esto es para una reforma inmediata de la ley electoral que establezca los filtros necesarios.

José Luis Rodríguez Zapatero.

José Luis Rodríguez Zapatero.

Y, desde luego, cualquiera podía ver su obscena intimidad con Maduro y Delcy Rodríguez.

Al final, Zapatero es un tipo extraordinariamente vulgar sometido a una pasión. Las dominantes suelen ser dos, el sexo y el dinero. Ábalos estaba sometido a la primera y Zapatero a la segunda (y sin duda Begoña Gómez a una tercera, la vanidad).

Ser socialista es conformarse con poco, decía el tío Gilito antes de nadar en sus joyas.

En realidad, sólo alguien que haya pasado durmiendo los últimos veinte años, como Rip Van Winkle o Josep Borrell, puede asombrarse ante las evidencias que indican que la meticulosa limpieza de la dictadura venezolana puede haber tenido una contrapartida pecuniaria a favor del partido socialista, algunos de sus miembros destacados, o ambos.

Y lo mismo, es razonable sospechar, es aplicable a los acercamientos a la dictadura china.

La democracia exige una ciudadanía mínimamente informada que no confunda a unos jetas con faros morales, o acabará estrellada contra las rocas.

Eso le ha ocurrido a España, cuya posición internacional ha sido determinada por la codicia de unos mangantes. Todo parece indicar que han blanqueado dictaduras por dinero, han agujereado el Estado por dinero, y han corrompido las instituciones por dinero. O por poder, dirán. Cierto, se resume en estatus, que es lo que favorece el éxito sexual y así se cierra el círculo.

Nuestro aviso en 2005 era este: ¡ojo!, que ha llegado a la presidencia de España un mentecato que además es malo. No nos hicieron caso.

Queda, sin embargo, una historia interesante por contar. Quiénes fueron los mefistófeles (y sin duda algún fumanchú) que, en cada encrucijada, indicaron a Zapatero el camino más lúgubre y le ayudaron a ajustar la disonancia moral. "Algunos dicen que llevan los pantalones bien puestos. Yo prefiero decir que llevo la sensibilidad bien puesta".

Y así este océano de cursilería acabó teniendo relaciones con un narcoestado, de las que, como sabemos por las películas, es difícil salir.