Zapatero con Aznar.
Intuyo el momento exacto en el que Zapatero se corrompió
¿Cuántos Zapateros hay? Hay uno que ama a Sonsoles como el primer día, cuando la vio con un chubasquero amarillo y El País en la mano. Hay otro que tiene a 'Gertru' como oráculo.
La literatura es más larga que la vida, quiero decir, va por delante de la vida.
La literatura invoca a la vida y entonces suceden cosas muy extrañas, como que uno se acaba convirtiendo un poco en lo que leyó y amó.
Uno subrayó unas líneas del libro favorito y ese libro favorito empezó a escribírsele dentro.
Uno pensó tanto en un personaje que lo avivó y el personaje le fue creciendo en el tórax, le fue apretando las paredes del cuerpo.
Yo ya advertí que esas gentes de la ficción son muy, pero que muy invasivas.
Luego me pongo racional y me digo a mí misma que es al revés. Que si a uno le impresionó tanto un libro es porque detectó secretamente que el libro hablaba de uno, del germen loco y morboso de su propia vida. De su destino, si se quiere, de su tendencia. Profecías autocumplidas. Qué sé yo. Todo misterio es bidireccional.
Zapatero durante uno de los actos de apoyo a Antonia Alcázar.
Pienso en esto porque leo a Pedro J. Ramírez citando El jardín de los senderos que se bifurcan, de Borges, un cuento que por lo visto obsesionaba a Zapatero y que quizás acabó encarnando. Releo después las entrevistas que le hice al expresidente con la intención de rastrearle en sus lecturas, como sugiere mi director. Me gusta este juego. La verdad es que quedamos muy expuestos en las cosas que nos gustan.
Encuentro una frase de Borges que Zapatero adoraba y que ahora resulta elocuente: "Lo que decimos no siempre se parece a nosotros". Aparece en Ulrica. Ya es más en su caso: lo que parecemos no siempre se parece a nosotros.
¿No es graciosamente oscuro que el autor predilecto de Zapatero fuese Borges? El escritor de las máscaras, de los juegos de espejos, de las identidades que nunca son fijas, de la mentira.
Borges, en Borges y yo, habló de sus bifurcaciones. Del Borges privado que tomaba café y amaba los mapas y los relojes de arena y los libros de Stevenson y del Borges público de las entrevistas y los libros, ese armatoste mítico y lejano (y un poco desagradable) que a veces le comía por los pies.
¿Cuántos Zapateros hay? Desde luego hay uno que ama a Sonsoles como el primer día, cuando la vio en el patio de la Universidad con un chubasquero amarillo y El País en la mano.
Hay otro que tiene a 'Gertru' como oráculo.
Hay uno que fue el único presidente sin un caso de corrupción en su Gobierno.
Hay otro que guarda 103 joyas en la caja fuerte del despacho.
Hay uno que enriquece a sus hijas y otro que critica el nepotismo.
Hay uno que lidera los derechos sociales y hay otro comido por el ego que cree que sus servicios valen más de lo que valen.
Me acuerdo de cuando le pregunté a Zapatero por su madre, Purificación, y me habló de aquella vez que la cogió de las manos en la UCI sabiendo que sería el último día que la vería. Entonces le preguntó si creía que él iba a ser presidente, y ella le dijo que sí.
Me quedé escamada, porque él me lo contó como algo emotivo y a mí me chirrió sobremanera: quién carajo le hace a su madre una pregunta sobre su futuro profesional en los estertores de su muerte. Qué va a decir la pobre señora mientras agoniza. Qué importa esto, qué importa ahora mismo, mientras se está yendo la mujer que te trajo aquí.
Son detalles, detalles pequeñísimos que a veces se nos revelan…
No sé. Se lo comenté a algún amigo, mosqueadilla, y no le pareció para tanto. Esto es como todo. Es una perversión minúscula, y sin embargo… Es una menudez, pero hay menudeces que abren una puerta.
Zapatero en un mitin en Motril.
Podía recordar a Zapatero diciendo eso y a la vez podía imaginar a Zapatero criticando con solvencia que alguien hubiese hecho eso, que alguien se diese una importancia ridícula en el lecho de muerte de la madre. El ego no es delito, pero abona un camino.
A Borges le inquietaba la fragmentación del ser humano. Solía decir que los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres.
¿Y si todo aquel talante no era más que un subrayar la estética frente a la ética?
¿Y si no vimos que 'Bambi' también tenía arco de personaje? El ciervo del cuento pierde su alegría suicida, su inocencia. Se hace mayor. Se agria, se endurece. Conoce el invierno.
Se me ocurre algo aplicable aquí, algo que pudo terminar de enconar una biografía: demasiada bondad puede desembocar en maldad. Cuando eres bueno mucho tiempo te cansas de serlo y te llenas de ira, de incomprensión, de sensación de injusticia.
Lo entiendo bien, porque yo después de ser buena siempre me pongo un poco triste.
Zapatero fue noble y quizás un día, demonizado por los enemigos e infantilizado por los amigos, sintió que la vida le debía algo y que tenía que cobrárselo. Sintió que era de ley por todo lo que él había dado a fondo perdido mientras los demás hacían trampas de todo tipo.
Los malos siempre consiguen eso: consiguen que los buenos se sientan estúpidos. Les ridiculizan hasta que se pasan a su bando, y así acaban dándoles lo que ellos querían: la razón.