El Papa Leon XIV.

El Papa Leon XIV. AFP

Columnas ALIKINDOI

León XIV escoge bando frente a la IA: el del ser humano

La tecnología, dice el Papa, "no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad, sólo puede hacerlo más rápido e impersonal".

Publicada

Con la presentación en Roma de su encíclica Magnifica Humanitas, el Papa León XIV acaba de formular la pregunta más incómoda de la era algorítmica: qué queda del juicio, la conciencia y la responsabilidad, qué queda de la grandeza del ser humano cuando la máquina aprende a imitarlo, a predecirlo y a decidir en su nombre.

Y lo ha hecho en persona, con el cofundador de Anthropic en el estrado y sin pedir permiso a nadie.

El Papa la firmó el 15 de mayo, coincidiendo con el 135º aniversario de la Rerum Novarum de León XIII en 1891, que comprendió entonces que la transformación tecnológica industrial era, ante todo, una cuestión moral y política. León XIV eligió su nombre papal inspirándose precisamente en ese Papa porque así como Rerum Novarum intentó humanizar la industrialización, Magnifica Humanitas intenta humanizar la automatización cognitiva.

Ese mismo día, una facción del movimiento MAGA impulsó una carta apoyando la supervisión federal de los sistemas de IA antes de su despliegue masivo. La firmaron, entre otros, Steve Bannon y algunas figuras del nacional-populismo evangélico. El diagnóstico superficial podría parecer próximo al de Magnifica Humanitas, que la IA concentra demasiado poder en demasiado pocas manos.

Pero nada más lejos de la realidad.

Bannon no habla de la dignidad de las personas: habla de soberanía política, de control estatal, de una disputa de poder entre el Estado nacional y las élites corporativas. Su preocupación es quién manda, no quién sufre.

Steve Bannon, el ex jefe de Estrategia de Donald Trump.

Steve Bannon, el ex jefe de Estrategia de Donald Trump. Europa Press Europa Press

León XIV construye su argumento sobre una pregunta radicalmente diferente y, en un gesto sin precedentes en la historia del papado, pide perdón por el retraso con el que la Iglesia condenó el flagelo de la esclavitud, y traza una línea directa hacia las nuevas formas de esclavitud que genera la IA: los "cuerpos marcados, mutilados, consumidos" de quienes trabajan en la extracción de tierras raras necesarias para la tecnología.

Uno habla de soberanía. El otro habla de custodia y de deuda moral no saldada. La distancia entre ambos es la distancia entre dos concepciones del mundo que, hoy, compiten por definir el futuro de la gobernanza tecnológica global.

Hay otra diferencia esencial. Esta vez la Iglesia no llega tarde, porque León XIV es matemático y sabe que un modelo de lenguaje no es una calculadora sofisticada, sino una estructura que organiza el conocimiento y distribuye o concentra el acceso a la información. Y, con ello, moldea lo que una sociedad considera verdadero, razonable o posible. Sabe que la IA ya no es tecnología en el sentido instrumental del término, sino arquitectura de poder.

Y el documento que acabamos de conocer lo dice con una precisión que pocas instituciones occidentales han alcanzado.

El primer pontífice nacido en Estados Unidos publica una encíclica que deplora los conflictos bélicos, la carrera armamentística, las crecientes desigualdades y la concentración de poder en pocas manos. El diagnóstico apunta con una precisión que no necesita nombres.

León XIV, el papa misionero, no separa moral y geopolítica. En eso está construyendo precisamente su peso como actor internacional, y en eso se distingue de cualquier voz institucional que Occidente haya producido en los últimos años.

El núcleo más disruptivo del documento tiene que ver con la doctrina de la guerra justa, sostenida durante siglos, y que León XIV cancela precisamente porque la automatización ha disuelto su condición de posibilidad: la responsabilidad personal.

La tecnología "no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad, sólo puede hacerlo más rápido e impersonal, rebajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos".

Si es un algoritmo quien selecciona el objetivo y calibra la proporcionalidad, no hay sujeto moral que sostenga la decisión.

Esto no incomodará únicamente a Washington. Interpela a todos los gobiernos europeos que llevan meses aumentando presupuestos de defensa e integrando IA en sus arsenales con la coartada de la necesidad estratégica.

Lo que hace al Vaticano de León XIV un actor geopolítico singular en este momento es que ha comprendido, antes que la mayoría de las democracias liberales, que la disputa tecnológica no es una cuestión de mercado ni de regulación técnica, sino una cuestión civilizatoria.

Dos modelos se enfrentan sin que nadie los haya declarado formalmente rivales: uno que instrumentaliza la IA como palanca de hegemonía, vigilancia y concentración de poder; y otro que intenta inscribir la dignidad humana como límite infranqueable al avance algorítmico.

León XIV ha elegido su bando con una nitidez que muchos gobiernos europeos todavía no han alcanzado, ocupando un espacio de liderazgo moral que Occidente institucional lleva años dejando vacío.

Magnifica Humanitas llega en vísperas de la visita de León XIV a una España agotada y harta de indignidad, que estará precedida por la sorpresiva audiencia que Pedro Sánchez mantendrá con el Papa este 27 de mayo en el Vaticano.

Oficialmente, el presidente va a Roma exhausto, cargando con la Cruz y el Valle de los Caídos, y buscando una aceptación explícita que le permita intervenir en la basílica conforme a su languideciente proyecto de resignificación.

Es posible que busque también algún tipo de perdón que, en cualquier caso, le será imposible encontrar a quien, da igual la magnitud del daño, no se arrepiente de nada.