La ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Mariscal Agencia EFE

Columnas SIN SOLTAR AMARRAS

Si hemos de pagar por los regalos, las bodas deberían desgravar

¿Por qué, si tienes que entregar al fisco ciento veinte euros por el sofá que te han regalado tus primos, no vas a poder deducirte el coste de sus cubiertos?

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María Jesús Montero ha decidido que tienes que contarle qué te han regalado por tu boda.

Y pagar por ello, claro.

El 20% de ese microondas que con tanta ilusión te ha comprado tu prima Pili.

La parte proporcional del juego de café horripilante que ni siquiera querías y que se metió en la lista de bodas por empeño de la madre de tu novio y al que tú, por no discutir, dijiste que vale.

El porcentaje de esa tarjeta para hacer un viaje que te han entregado tus compañeros de trabajo.

Y, evidentemente, tienes que pagar por esos 3.000 euros que te ingresó la familia de tu padre, así, entre todos, para que pareciese más y os hiciese más ilusión.

Novia recibiendo un regalo en su boda.

Novia recibiendo un regalo en su boda. iStock

Igual de eso se trata el plan de Montero: de cortar por lo sano hasta con la ilusión de las bodas.

Dicen que las bodas son un negocio, lo cual es cierto sólo a medias. En algunas, los novios se llevan una pasta.

Hay parientes generosos.

Amigos de padres que se sienten espléndidos.

Padrinos con subidón porque pensaban que su ahijado no iba a pasar nunca por el altar y que de tan contentos echan la casa por la ventana y firman un cheque, "ahí tenéis, para empezar la vida".

Los novios dan las gracias. Llevan dos años viviendo juntos y ya tienen lavadora, cafetera y tostador de pan.

Ahora se ha roto el encanto y Hacienda hará cuentas contigo y con el libro de familia.

Y digo yo una cosa.

Si Montero cree que debes pagar impuestos por tus regalos de boda… ¿no será igualmente justo que puedas desgravarte los gastos del casamiento, que ya sabemos todos que son muchos?

¿Por qué, si tienes que entregar al fisco ciento veinte euros por el sofá que te compraron tus primos, no vas a poder deducirte el coste de sus cubiertos?

¿Por qué, si Hacienda cree tener derecho a una parte de los mil euros que te han ingresado tus tíos porque te quieren mucho, no es posible presentar como gasto el coste de tu vestido de novia, si en el fondo tu tía te da la pasta porque su ilusión era verte vestida de blanco?

¿Y los centros de mesa, que hay gente que se los lleva?

¿Y la barra libre?

¿Y el regalito conmemorativo, el pintacaras para los niños?

Las flores, el cuarteto de cuerda que amenizó la entrada en la iglesia, el pincha para el baile, el chocolate con churros de madrugada…

¿No es todo parte de un conglomerado que explica el atavismo social de hacer un regalo que cubra más o menos el importe de la invitación?

Es posible que no podamos librarnos de cotizar por los regalos de boda. Pero deberíamos exigir que se obre en consecuencia y que los gastos de los casamientos sean desgravables.

O eso, o volver a los tiempos gloriosos de los billetes embutidos en el sobre y la subasta de la liga de la novia. Que a eso es más difícil meterle mano.