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Parece que el sol podría tener propiedades más allá de darle tonalidad a nuestra piel, o de protegernos contra enfermedades óseas (como la que posiblemente acabó con Gollum) gracias a su ayuda en el metabolismo de la vitamina D. Gracias a una nueva investigación, habrá un nuevo beneficio que podremos otorgarle a la luz solar: protección contra los infartos cardíacos.

Según una investigación a cargo de las universidades de Southampton y de Edimburgo, en Reino Unido, y publicada en la revista Journal of investigative Dermatology, la exposición solar podría ayudar a reducir la presión arterial y, en consecuencia, reducir así el riesgo de ataque cardíaco o accidente cerebrovascular.

En otras ocasiones os habíamos comentado algunos mitos o falsas creencias sobre la tensión arterial que deberíamos tener en cuenta, en lugar de dejarnos guiar por lo que se dice, sin pensar. Sin embargo, algo que sí es cierto es que nuestra tensión tiende a aumentar con la edad, y solo en EE.UU. 1 de cada 3 adultos tiene hipertensión, un factor a tener en cuenta en cualquier enfermedad vascular.

Entre las enfermedades que puede causar la hipertensión se encuentran el ya nombrado infarto de corazón, el accidente cerebrovascular, las aneurismas (dilatación de las arterias que provocan dolor y pueden llegar a romperse), o estrechamiento de las arterias (llegando a afectar a la visión, por ejemplo).

A parte de una dieta sana y rehuir de la vida sedentaria mediante la práctica de ejercicio físico, podemos añadir un factor más a la ecuación de una vida sin hipertensión: la luz solar. Según esta nueva investigación los rayos del sol podrían reducir la presión arterial mediante la reducción del óxido nítrico (NO) de la piel y la sangre.

La importancia del NO en la presión arterial la explica muy bien Martin Feelish, profesor de Medicina Experimental y Biología Integrativa de la Universidad de Southampton:

“El NO, junto a sus metabolitos, es abundante en la piel y es responsable de la regulación de la presión arterial. Cuando nos exponemos a la luz solar, las pequeñas cantidades de NO se transfieren desde la piel hasta la sangre, disminuyendo el tono de los vasos sanguíneos (vasodilatación). Como la presión arterial disminuye, también lo hace el riesgo de sufrir ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares”

Para llegar a esta conclusión, los investigadores expusieron a 24 voluntarios a dos sesiones de unos 20 minutos cada una de rayos ultravioleta mediante una lámpara de bronceado. Sus resultados sugieren que la presión sanguínea de esos voluntarios se redujo significativamente gracias a la exposición a este tipo de luz, y creen que se debe a la activación del NO de la piel de los sujetos, que viaja posteriormente a la sangre.

“Creemos que el NO de la piel es un factor importante que hasta ahora se ha pasado por alto en la salud cardiovascular”

Por otra parte, hay que tener especial cuidado con estas conclusiones, pues un exceso de luz solar nos expone a sufrir otras enfermedades como quemaduras o hasta el temido cáncer de piel.

“Estos resultados son significativos y sería necesario un debate acerca de los posibles efectos beneficiosos para la salud por parte de la luz solar y el papel que tiene la vitamina D en este proceso. Evitar el exceso de exposición es fundamental para prevenir el cáncer de piel, pero no estar expuesto en absoluto, por miedo o por cierto estilo de vida, puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares”

Por tanto, como siempre os advertimos, todo en esta vida debe tener su justa medida. Tanto el exceso como el déficit son perjudiciales, pero hay que seguir investigando.

Vía | Universidad de Southampton.