Embarcaciones autónomas de superficie Corsair, Mirage y Cipher de Saronic, de 24, 40 y 60 pies respectivamente.

Embarcaciones autónomas de superficie Corsair, Mirage y Cipher de Saronic, de 24, 40 y 60 pies respectivamente. Saronic Technologies

Observatorio de la Defensa

El Pentágono plantea cancelar programas convencionales para acelerar su salto hacia una flota con más drones navales

La US Navy prevé incorporar 83 plataformas no tripuladas a su flota para 2031.

Los Corsair ya han demostrado su utilidad en operaciones reales.

Más información: Así es Corsair, el dron marino que rescató a los dos pilotos del helicóptero Apache de EEUU derribado por Irán en Omán

Publicada
Las claves
Las claves

El Pentágono plantea cancelar programas convencionales para acelerar la incorporación de drones y sistemas no tripulados en la Armada de EEUU.

Actualmente, la flota de la US Navy está compuesta en un 96% por buques tripulados y solo un 4% por plataformas no tripuladas; el Pentágono considera que este ritmo es insuficiente.

La experiencia en conflictos recientes y la competencia naval con China impulsan la necesidad de una flota más distribuida y menos dependiente de grandes buques costosos.

El plan naval para 2031 prevé aumentar las embarcaciones no tripuladas, aunque la DIU considera que la transición sigue siendo demasiado lenta.

El Pentágono quiere acelerar la transformación de la Armada estadounidense con más buques y sistemas no tripulados, incluso a costa de cancelar programas convencionales, así lo ha planteado Matthew Shortal, subdirector principal y director comercial de la Unidad de Innovación de Defensa (DIU).

Shortal, durante una comparecencia ante la Comisión Nacional sobre el Futuro de la Armada criticó que la US Navy defienda los sistemas autónomos mientras mantiene una previsión de flota compuesta en un 96% por plataformas tripuladas y solo un 4% no tripuladas, una proporción que, a su juicio, no refleja la transformación tecnológica que reclama el Pentágono.

"He visto informes que sitúan actualmente la proporción en un 96% de plataformas tripuladas frente a un 4% no tripuladas", afirmó. "En mi opinión, ni siquiera nos acercamos a ese objetivo: tenemos que avanzar mucho más rápido".

El responsable de la DIU aseguró que existe un amplio consenso entre los mandos de la Armada y del Cuerpo de Marines sobre la importancia que tendrán los sistemas autónomos en los conflictos futuros. El problema, según su diagnóstico, aparece cuando ese consenso debe traducirse en inversiones concretas, como avanza Military Times.

Cuando llega el momento del presupuesto, de mover las cosas, simplemente no sucede, y necesitamos avanzar rápidamente”, señaló. Su propuesta es especialmente contundente: “Necesitamos empezar a cancelar programas tripulados”.

La petición del Pentágono llega en un momento en el que la guerra está demostrando el creciente valor de los sistemas no tripulados.

Tanto el conflicto de Ucrania como las operaciones estadounidenses contra Irán han servido, según Shortal, para confirmar que estas plataformas ya no son una tecnología experimental, sino una capacidad con aplicaciones operativas.

El responsable de la DIU puso como ejemplo los Corsair, vehículos de superficie autónomos desarrollados por Saronic. Uno de ellos fue empleado en junio en el estrecho de Ormuz durante la operación de rescate de dos pilotos de un helicóptero AH-64 Apache del Ejército estadounidense accidentado en la zona.

Posteriormente, según relató Shortal, “tres vehículos autónomos de superficie Corsair cargados de explosivos realizaron ataques de ida contra infraestructuras marítimas en la base naval de Bandar Abbas”.

La DIU había financiado los primeros prototipos y facilitado las vías para su adquisición. El proceso culminó con un contrato de producción de 392 millones de dólares para los Corsair.

En la DIU no pasamos años analizando el problema sin actuar”, defendió Shortal. A su juicio, la aparición de estas tecnologías exige modificar las prioridades de inversión:

“Ante un cambio tecnológico generacional en el campo de batalla, la asignación de recursos hacia nuevos competidores y nuevas capacidades, como los vehículos autónomos no tripulados en todos los dominios, es una directiva crítica frente a una nueva guerra”.

El desafío chino

La transformación tiene una dimensión especialmente relevante para Estados Unidos por la creciente competencia naval con China. Washington necesita mantener su capacidad de proyectar fuerza en el Indo-Pacífico mientras afronta compromisos simultáneos en Europa y Oriente Medio.

Los grandes buques tripulados continúan siendo esenciales para misiones como la defensa aérea, la guerra antisubmarina, el mando y control o la proyección de fuerza. Pero también presentan una limitación evidente: son plataformas muy caras, escasas y difíciles de sustituir rápidamente.

Portaaviones USS Abraham Lincoln

Portaaviones USS Abraham Lincoln US Navy

El problema quedó de manifiesto con los despliegues prolongados de los portaaviones estadounidenses en Oriente Medio. El relevo del USS George Washington al USS Abraham Lincoln dejó temporalmente un vacío de portaaviones en el Pacífico, precisamente el escenario donde China está concentrando buena parte de su expansión militar.

La apuesta por sistemas autónomos permitiría, al menos en determinadas misiones, distribuir el poder naval entre un número mucho mayor de plataformas, reduciendo el riesgo de concentrar capacidades críticas en unos pocos buques de gran valor.

Cambio de planes

La Armada estadounidense ya ha comenzado a incorporar los sistemas no tripulados a sus previsiones de fuerza. Su plan de construcción naval para el ejercicio fiscal 2027 contempla cinco embarcaciones no tripuladas y 34 tripuladas.

Para los cinco años siguientes, la planificación recoge 63 plataformas no tripuladas frente a 122 buques tripulados. El objetivo para 2031 es disponer de 299 buques de combate tripulados y 83 embarcaciones no tripuladas.

Es la primera vez que la US Navy incluye estos sistemas en sus proyecciones de flota futura. El propio plan atribuye esta decisión al grado de madurez alcanzado por las plataformas autónomas, que ya podrían cumplir determinados requisitos operativos.

Pero para la DIU, este cambio todavía es demasiado lento. Shortal no especificó qué programas tripulados deberían cancelarse ni qué capacidades deberían reducirse para liberar recursos, dejando abierta una de las cuestiones más delicadas de la transformación de la Armada.

La disyuntiva es estratégica: Estados Unidos necesita conservar sus grandes plataformas para mantener su ventaja naval, pero también multiplicar el número de sistemas capaces de operar en un entorno cada vez más saturado de misiles, sensores y drones.

La experiencia de Ucrania y Oriente Medio está acelerando ese debate. Ante el crecimiento de la Armada china, Washington busca una flota más distribuida y menos dependiente de unas pocas plataformas de enorme coste.

Y la advertencia de Shortal apunta al precio de esa transformación: para construir la Armada del futuro, el Pentágono puede tener que renunciar a parte de la Armada del presente.