Una bandera taiwanesa ondea junto a un lanzador terrestre del misil superficie-aire TC-2 durante un ejercicio de defensa aérea de corto alcance en el marco de las maniobras militares anuales Han Kuang, en Taoyuan (Taiwán), el 8 de agosto de 2026.
Taiwán prepara su escudo aéreo y costero ante China: 4.600 millones para misiles, 40.000 drones y armas navales
Taipéi incorpora al presupuesto de este año el sistema antimisiles Strong Bow.
Más de 100 pequeñas embarcaciones no tripuladas de ataque.
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Taiwán acelera su preparación militar ante el creciente desafío de China. El Gobierno de Taipéi ha propuesto unos 4.600 millones de dólares adicionales para Defensa este año, una partida destinada a reforzar su red de defensa aérea y costera y a multiplicar sus capacidades no tripuladas.
El nuevo paquete contempla la adquisición de un sistema de defensa contra misiles balísticos de alcance medio, identificado anteriormente por el Ministerio de Defensa como el Strong Bow, desarrollado por la industria nacional.
A esta capacidad se sumarán más de 600 drones de vigilancia y reconocimiento costero, más de 40.000 drones de ataque y la primera remesa de más de 100 pequeñas embarcaciones no tripuladas de ataque.
"No puede haber ninguna brecha en la defensa nacional", afirmó el gabinete taiwanés tras su reunión semanal. El Ejecutivo pretende recuperar de esta forma varios programas que quedaron fuera del presupuesto extraordinario aprobado por el Parlamento en mayo, cuando la cámara autorizó unos 25.000 millones de dólares, principalmente para la adquisición de armamento estadounidense.
La nueva inyección de fondos llega además pocos días después de que el Parlamento aprobara un plan de seis años y 240.000 millones de dólares para drones, equivalente a unos 40.000 millones anuales. La apuesta por los sistemas no tripulados se ha convertido así en uno de los ejes de la estrategia de defensa de Taipéi.
El Gobierno también ha propuesto elevar el gasto militar de 2027 por encima 1,5 millones de dólares estadounidenses, superando por primera vez ese umbral.
Resistir el primer golpe
El rearme taiwanés responde al incremento de la actividad militar china alrededor de la isla. Pekín considera Taiwán parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza para lograr la reunificación.
Las fuerzas chinas han incrementado en los últimos años sus operaciones aéreas y navales en torno al estrecho, obligando a Taipéi a prepararse para un escenario de alta intensidad.
Lanzadores Patriot equipados con 16 misiles PAC-3 y 4 PAC-2, 6 de agosto de 2026.
Los recientes ejercicios Han Kuang, las principales maniobras militares de Taiwán, han permitido comprobar sobre el terreno cómo funcionaría esa defensa. En su última edición, unidades del Ejército y la Fuerza Aérea desplegaron sistemas antiaéreos en distintos puntos de Taipéi para practicar una defensa dispersa y escalonada.
Entre los sistemas empleados figuraron los estadounidenses Patriot PAC-2 y PAC-3, junto a los nacionales Sky Bow III (Tien Kung III). Estos últimos constituyen uno de los principales pilares de la defensa aérea de la isla y están sustituyendo progresivamente a sistemas HAWK y a versiones anteriores del Sky Bow.
Taiwán pretende además incrementar la fabricación nacional de interceptores. Su Ministerio de Defensa sostiene que la industria de la isla puede producir hasta 96 Tien Kung III al año, una capacidad considerada estratégica ante un conflicto en el que el consumo de misiles podría dispararse.
La dispersión es otra de las claves. Las baterías taiwanesas entrenan para operar desde posiciones diferentes y desplazarse con rapidez, reduciendo las posibilidades de que un ataque chino pueda destruir simultáneamente lanzadores y radares.
Misiles, drones y defensa costera
En un eventual conflicto, las fuerzas taiwanesas tendrían que hacer frente a una combinación de misiles balísticos y de crucero, aviones y drones, mientras intentan mantener operativa su red de defensa aérea.
La amenaza no se limita a los ataques contra aeródromos o instalaciones militares. China podría tratar de localizar y destruir las propias baterías antiaéreas para abrir corredores a sus aeronaves. Por ello, Taipéi busca una arquitectura en varias capas que combine interceptores de largo y medio alcance con sistemas de corto alcance y capacidades no tripuladas.
Fotografía de archivo en la que se observa a dos soldados del Ejército taiwanés probando un misil antiaéreo portátil, en Kaohsiung (Taiwán).
Los drones desempeñarán un papel creciente en este esquema. Los más de 600 sistemas de reconocimiento incluidos en el nuevo paquete permitirán ampliar la vigilancia de las costas, mientras que los citados 40.000 drones de ataque proporcionarían una capacidad de respuesta masiva y distribuida.
La estrategia se extiende también al mar. La Infantería de Marina está ampliando sus estructuras específicas para sistemas no tripulados. Las más de 100 drones navales de ataque previstas por el Gobierno están destinadas a añadir una nueva capa de defensa frente a una posible operación anfibia china.
El Strong Bow está concebido para interceptar misiles balísticos a unos 70 kilómetros de altitud, un nivel superior al alcanzado por el Tien Kung III, que llega aproximadamente a 45 kilómetros.
Taipéi quiere completar esta arquitectura con nuevos sistemas como el Strong Bow, un nuevo interceptor antimisiles desarrollado dentro de la isla, y el denominado Taiwan Dome, concebido para integrar sensores y diferentes medios de defensa aérea.
El objetivo es claro: construir un escudo multicapa capaz de absorber y sobrevivir a la primera oleada de ataques chinos.