La guerra híbrida se extiende en la frontera este de Europa, pero también en la frontera sur, en Ceuta

La guerra híbrida se extiende en la frontera este de Europa, pero también en la frontera sur, en Ceuta Arte EE

Observatorio de la Defensa

Alemania, el Báltico, Polonia o Ceuta reflejan las nuevas formas de presión híbrida en la denominada 'zona gris’

Ceuta se ha convertido también en un punto crítico para la seguridad europea.

La OTAN considera que Moscú mantiene una campaña de actividades híbridas contra sus aliados.

Más información: Extranjería desvela la 'guerra híbrida' de Marruecos en Ceuta: utilizó a los primeros migrantes como 'misiles humanos'

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Las claves

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Europa enfrenta nuevas formas de presión híbrida, como ciberataques, drones y manipulación migratoria, en la llamada 'zona gris' entre la paz y el conflicto armado.

Alemania, el Báltico, Polonia y Ceuta son escenarios clave donde estas tácticas buscan debilitar a los Estados sin respuesta militar convencional, con Rusia como principal actor señalado.

El caso de Ceuta muestra cómo los movimientos migratorios pueden ser usados como herramienta de presión política y estratégica, según informes que apuntan a la implicación de fuerzas marroquíes.

La protección de infraestructuras críticas y la cooperación en defensa e inteligencia se han vuelto esenciales para la UE y la OTAN ante la escalada de ataques híbridos en diferentes frentes europeos.

La guerra en Europa ya no se libra únicamente en el campo de batalla. Alemania, el Báltico, Polonia o Ceuta se han convertido en escenarios de una nueva forma de confrontación en la que los ataques no siempre llevan uniforme ni implican el empleo directo de las Fuerzas Armadas.

Drones, sabotajes, ciberataques, campañas de desinformación, interferencias electrónicas o movimientos migratorios instrumentalizados forman parte de un repertorio cada vez más amplio de herramientas de presión y desestabilización.

Es la denominada guerra híbrida, librada en la “zona gris”: ese espacio entre la paz y el conflicto armado donde un Estado busca debilitar a un adversario sin provocar una respuesta militar convencional. Hoy, Rusia es la principal preocupación para Europa: la OTAN considera que Moscú mantiene una campaña de actividades híbridas contra sus aliados.

Pero el flanco oriental no es el único frente. Ceuta se ha convertido también en un punto crítico para la seguridad europea. Si la Unión Europea defiende que su seguridad es indivisible, la frontera sur del continente no puede quedar al margen de la estrategia frente a las amenazas híbridas.

Lo ocurrido en la ciudad autónoma trasciende la política migratoria española: constituye un precedente sobre cómo los flujos de población pueden ser utilizados como instrumento de presión contra una frontera exterior de la UE.

La guerra híbrida en Europa.

La guerra híbrida en Europa. Imagen generada por IA.

Ceuta representa, en este sentido, uno de los enclaves más avanzados de la frontera sur europea. Lo que sucede en la ciudad autónoma pone a prueba la capacidad de Europa para detectar, atribuir y responder de forma coordinada a operaciones desarrolladas en esa zona gris entre la presión política y la agresión abierta.

Ucrania, que lleva más de cuatro años enfrentándose a esta combinación de amenazas, quiere ahora convertir esa experiencia en una herramienta para reforzar la defensa europea. Kiev trabaja con Alemania para trasladar sus conocimientos sobre defensa frente a drones, protección de infraestructuras críticas y respuesta ante operaciones de sabotaje.

Alemania: ya habla de campaña

El cambio de percepción resulta especialmente visible en Alemania. Berlín ha comenzado a interpretar determinados incidentes no como sucesos independientes, tras el atentado fallido contra el aeropuerto de Leipzig del pasado agosto, sino como posibles piezas de una campaña coordinada de presión rusa.

El embajador ucraniano en Alemania, Oleksii Makeiev, ha destacado precisamente esta evolución. “Es muy importante que Rusia haya sido identificada como autora, instigadora y organizadora de este ataque, y que se considere no un incidente aislado, sino parte de una campaña sistemática rusa”, afirmó en referencia al episodio registrado en el aeropuerto de Leipzig.

Para Kiev, Alemania debe prepararse para un escenario en el que la amenaza no procederá necesariamente de un avión o un misil, sino de drones, sabotajes contra instalaciones estratégicas o ataques contra redes esenciales para el funcionamiento del país.

“Llevamos tiempo trabajando estrechamente con el Ministerio del Interior de Alemania para desarrollar soluciones que permitan a Alemania aprovechar la experiencia de Ucrania en la lucha contra los drones rusos y en la protección de infraestructuras críticas”, explicó Makeiev.

Ceuta: la frontera sur también es Europa

El caso español ilustra cómo la guerra híbrida puede adoptar formas distintas sin perder su lógica estratégica. La entrada masiva registrada en Ceuta los días 30 y 31 de julio, con unas 72.000 personas, ha abierto un debate sobre la utilización deliberada de los movimientos migratorios como herramienta de presión y desestabilización de un país.

Un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) atribuye a las fuerzas de seguridad marroquíes la planificación y ejecución de la operación y sostiene que la finalidad migratoria habría servido como cobertura de una actuación dirigida desde Marruecos.

El caso ha sido situado por expertos en el ámbito de la instrumentalización de la migración, una de las herramientas de la guerra híbrida. Javier Valencia, miembro de la Organización de Ciencia y Tecnología de la OTAN y del grupo de expertos del Departamento de Seguridad Nacional sobre desinformación, utiliza una expresión especialmente gráfica para describir esta táctica: “lanzar a la población como misiles humanos”.

La expresión no convierte a los migrantes en combatientes. Describe el uso deliberado de los flujos de población como vector de presión política y estratégica, capaz de saturar las capacidades de respuesta de un Estado sin necesidad de recurrir a un ataque militar convencional.

El CENIF sostiene en las conclusiones de su investigación que la finalidad migratoria del incidente fue solo la cobertura formal de una operación que estuvo guiada por agentes marroquíes, uniformados y de paisano, lo que demuestra con numerosas imágenes de los momentos previos y coetáneos a la llegada masiva de inmigrantes a las playas ceutíes, entre otros datos.

Las citadas conclusiones del CENIF echan por tierra la estrategia de complacencia con Marruecos adoptada por el Gobierno de Pedro Sánchez y ofrecen una base sólida para que la Audiencia Nacional investigue esos hechos, consideran fuentes jurídicas consultadas por este medio.

Desde el Báltico a Polonia

El mar Báltico se ha convertido en otro de los principales escenarios de esta confrontación. La creciente preocupación por la seguridad de cables submarinos, gasoductos y otras infraestructuras críticas ha obligado a los países de la región a reforzar su vigilancia.

El incidente del Balticconnector, el gasoducto que conecta Finlandia y Estonia, y los daños registrados posteriormente en distintos cables submarinos evidenciaron la vulnerabilidad de unas infraestructuras esenciales para las comunicaciones y el suministro energético europeo.

A ello se suman las interferencias de las señales GPS que afectan a la navegación aérea y marítima en el entorno del Báltico y que los países de la región han vinculado a Rusia.

La respuesta pasa cada vez más por crear una defensa compartida basada en vigilancia marítima, intercambio de inteligencia y sistemas capaces de detectar actividades sospechosas antes de que se conviertan en un ataque.

Polonia constituye otro ejemplo de cómo la confrontación puede desarrollarse sin un enfrentamiento militar directo. Varsovia lleva años denunciando la instrumentalización de la migración desde Bielorrusia como una herramienta de presión impulsada por el régimen de Aleksandr Lukashenko con el respaldo de Moscú.

Polonia y Rumanía han sufrido reiteradas incursiones de drones vinculadas a la guerra de Ucrania, cuyo objetivo es tensionar sus fronteras, forzar el despliegue de recursos y generar presión política y social y divisiones en la OTAN.

Una guerra sin frente

Los cuatro escenarios muestran la transformación del concepto de seguridad en Europa.

Un dron sobre un aeropuerto alemán, un cable submarino dañado en el Báltico, una frontera sometida a presión migratoria en Polonia o una operación de instrumentalización de la migración en Ceuta responden a una misma lógica: explotar las vulnerabilidades del adversario sin cruzar claramente el umbral de una guerra convencional.

En este nuevo escenario, la infraestructura civil se convierte en un objetivo estratégico, las fronteras en espacios de presión y la información en un campo de batalla.

La principal dificultad para los Estados europeos no es solo responder a cada incidente, sino identificar cuándo una sucesión de episodios aparentemente inconexos forma parte de una campaña coordinada de guerra híbrida.

La batalla por Europa, en definitiva, ya no se libra únicamente en Ucrania. También se juega en sus redes eléctricas, en sus cables submarinos, en sus aeropuertos y en sus fronteras exteriores.

Y en esa nueva geografía de la confrontación, Ceuta debería ocupar un lugar tan relevante en la agenda de seguridad europea como el Báltico o la frontera oriental de Polonia.