USV de la US Navy participan en un ejercicio de hundimiento contra el casco del USS Peleliu (LHA 5) durante RIMPAC 2026, 17 de julio
Así son los drones navales kamikaze con los que Estados Unidos quiere transformar la guerra en el mar
La US Navy prueba drones navales kamikaze en el ejercicio RIMPAC 2026.
La industria de defensa acelera el desarrollo de este tipo de plataformas.
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La guerra naval entra en una nueva fase. Tras el impacto demostrado por los drones de superficie ucranianos contra la flota rusa en el mar Negro, Estados Unidos ha comenzado a integrar este concepto en su doctrina naval operativa.
La US Navy ha ensayado por primera vez el uso de drones navales kamikaze durante el ejercicio multinacional RIMPAC 2026, celebrado en Hawái, en una demostración que apunta a un cambio profundo en la forma de librar los futuros conflictos marítimos.
Durante un SINKEX (ejercicio de hundimiento de buques), dos drones de superficie GARC de la División 32 atacaron al retirado USS Peleliu tras impactos de misiles Harpoon, Spike y LRASM, golpeando su línea de flotación y detonando para contribuir a su hundimiento. La prueba subraya el avance hacia una fuerza naval más autónoma.
Los GARC fueron concebidos inicialmente como embarcaciones de reconocimiento autónomo. Sin embargo, durante RIMPAC demostraron que también pueden convertirse en armas de ataque unidireccional, capaces de destruir un objetivo sacrificando la propia plataforma, según Naval News.
Este cambio refleja la evolución que está viviendo la guerra naval tras las operaciones desarrolladas por Ucrania contra la Armada rusa.
Dos AH-64 Apache del U.S. Army disparan misiles Spike contra el crucero USS Mobile Bay (CG-53), ya dado de baja, durante un ejercicio de hundimiento en RIMPAC 2026, frente a Hawái (11 de julio)
El empleo de drones de superficie de bajo coste ha demostrado que pequeñas embarcaciones cargadas con explosivos pueden poner en riesgo unidades navales mucho más grandes y costosas, alterando el equilibrio tradicional entre atacante y defensor.
Para la Armada estadounidense, estas lecciones representan una oportunidad para aumentar su capacidad ofensiva mediante sistemas relativamente económicos, difíciles de detectar y capaces de saturar las defensas enemigas.
Un escaparate para aliados y adversarios
El ensayo no fue casual. Desde esta edición, RIMPAC se ha convertido en un evento de Operational Test (OT), lo que permite a la Marina estadounidense validar nuevas capacidades operativas mientras las exhibe tanto a sus aliados como a sus potenciales rivales en el Indo-Pacífico.
La Armada ya había utilizado anteriores ediciones del ejercicio para presentar nuevos desarrollos.
En 2024 mostró por primera vez el misil aire-aire de ultra largo alcance AIM-174B, mientras que el portaaviones USS Carl Vinson participó con la denominada Air Wing of the Future, una nueva configuración de ala aérea embarcada.
Ahora el protagonismo recae en los sistemas no tripulados, considerados una de las principales apuestas del Pentágono para los próximos años.
Mucho más allá de RIMPAC
La prueba del USS Peleliu forma parte de un esfuerzo mucho más amplio para acelerar la incorporación de vehículos no tripulados a la flota estadounidense.
La US Navy avanza en el desarrollo de capacidades autónomas en el ámbito marítimo en colaboración con Saildrone, con el objetivo de desplegar embarcaciones no tripuladas capaces de realizar patrullas de larga duración y misiones de defensa frente a drones.
Estas plataformas, diseñadas para operar de forma persistente y con baja firma, buscan reforzar la vigilancia y ampliar la cobertura operativa en entornos de alta amenaza.
En paralelo, la Marina experimenta con nuevos conceptos de integración conjunta a bordo del buque anfibio USS Essex (LHD-2), incorporando unidades del Ejército de Tierra y del Cuerpo de Marines para misiones de reconocimiento marítimo y guerra antibuque.
Estas pruebas reflejan el impulso hacia operaciones multidominio, en las que fuerzas terrestres contribuyen de forma directa a la proyección de poder naval.
Además, la Combined Task Force 66, una unidad estadounidense desplegada en Europa y especializada en vigilancia marítima, operaciones contra sistemas no tripulados y guerra asimétrica, ha seguido de cerca la experiencia de Ucrania para trasladar esas enseñanzas a los programas de desarrollo del Pentágono.
El auge de la guerra autónoma
La industria de defensa estadounidense también ha acelerado el desarrollo de este tipo de plataformas. El Cuerpo de Marines ya ha probado drones navales similares durante ejercicios en Filipinas orientados a la defensa de archipiélagos, mientras que nuevos modelos destinados a misiones de defensa antiaérea y lucha contra drones avanzan en paralelo para complementar las capacidades de los buques convencionales.
Algunos vehículos de superficie no tripulados ya han participado en operaciones reales en el Pacífico y en Oriente Próximo.
Entre ellas figura el empleo de un Saronic Corsair para rescatar a dos tripulantes de un helicóptero AH-64 Apache del Ejército estadounidense derribado sobre el estrecho de Ormuz.
También se ha producido un ataque de precisión en el ámbito marítimo contra instalaciones navales iraníes, empleando tres embarcaciones no tripuladas de tipo kamikaze Corsair en una operación explícitamente ofensiva.