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Observatorio de la Defensa

El Pentágono contra Anthropic: la guerra por controlar la IA militar llega a los tribunales

Mientras Washington considera a la compañía poco fiable para contratos estratégicos, utiliza una de sus herramientas más avanzadas para blindarse frente a amenazas extranjeras.

Más información: Trump vs Anthropic: guerra por el control absoluto sobre la inteligencia artificial

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Las claves

Las claves

El Pentágono ha llevado a Anthropic a los tribunales por negarse a aceptar condiciones de uso militar para sus modelos de inteligencia artificial.

A pesar de catalogar a Anthropic como un riesgo para la cadena de suministro, el Departamento de Defensa utiliza su sistema Claude Mythos para ciberseguridad en infraestructuras críticas.

El conflicto surge porque Anthropic rechaza garantizar control absoluto sobre sus modelos en entornos clasificados y se opone a usos como la vigilancia masiva o armas autónomas.

El caso revela la dependencia de EE.UU. de empresas privadas como Anthropic y OpenAI, que concentran el 89% del mercado global de IA generativa.

La batalla entre el Pentágono y la empresa de inteligencia artificial Anthropic ha escalado esta semana hasta los tribunales federales de Washington en un caso que ya amenaza con redefinir los límites de la relación entre las grandes tecnológicas y el aparato de defensa de Estados Unidos.

La Administración de Donald Trump defiende que Anthropic representa un “riesgo para la cadena de suministro” por negarse a aceptar determinadas condiciones de uso militar de sus modelos de IA. Sin embargo, al mismo tiempo, el propio Departamento de Guerra está intentando aprovechar la potencia de su nuevo sistema Claude Mythos para detectar vulnerabilidades cibernéticas en infraestructuras críticas estadounidenses.

Se da la paradoja de que, mientras Washington considera a la compañía poco fiable para contratos estratégicos, utiliza una de sus herramientas más avanzadas para blindarse frente a amenazas extranjeras.

El detonante de esta crisis fue el lanzamiento, el pasado 7 de abril, de Claude Mythos, el modelo más avanzado de Anthropic orientado a ciberseguridad ofensiva y defensiva. Según la propia empresa, el sistema es capaz de detectar y explotar “miles de vulnerabilidades de alta gravedad” en sistemas informáticos complejos.

Aunque varios expertos han cuestionado parte de las afirmaciones comerciales de la compañía, distintas evaluaciones independientes coinciden en que Mythos posee capacidades inéditas para localizar fallos críticos y automatizar ataques sofisticados.

De ahí el temor de Washington. Una IA capaz de infiltrarse en infraestructuras digitales estratégicas podría convertirse en una herramienta decisiva tanto para gobiernos como para actores criminales.

El origen del choque

El conflicto se remonta a febrero, cuando el secretario de Guerra, Pete Hegseth, decidió catalogar formalmente a Anthropic como un posible “riesgo para la cadena de suministro”, una figura administrativa utilizada para bloquear proveedores considerados problemáticos para la seguridad nacional.

La decisión llegó después de que Anthropic se negara a aceptar el estándar de “uso legal total” exigido por el Pentágono para desplegar inteligencia artificial en entornos militares.

La empresa defendió que no puede garantizar el control absoluto de sus modelos una vez integrados en sistemas clasificados y mantuvo líneas rojas explícitas respecto a vigilancia masiva doméstica y armas autónomas sin supervisión humana.

La respuesta de la tecnológica fue inmediata: en marzo presentó una demanda federal alegando vulneración de derechos constitucionales y abuso de poder administrativo.

Escepticismo judicial

Durante la audiencia celebrada este martes en el Tribunal de Apelaciones del Circuito de Washington D.C., varios magistrados mostraron dudas sobre la actuación del Departamento de Defensa.

“Por más que lo intento, no veo ninguna evidencia de mala intención”, afirmó la jueza Karen Henderson durante los alegatos. “Para mí, esto es simplemente un exceso espectacular por parte del departamento”, según señala Axios.

No obstante, el tribunal también cuestionó las propias políticas de Anthropic y la dificultad de aplicar límites éticos permanentes a modelos de IA que evolucionan constantemente.

“No importa realmente si nos centramos en el modelo actual o en el que necesitarán dentro de tres meses, porque la IA dentro de tres meses será totalmente distinta”, advirtió el juez Gregory Katsas.

Katsas también subrayó uno de los grandes temores del Pentágono: la opacidad inherente a este tipo de sistemas.

“Olvidemos toda la retórica exagerada sobre una ‘empresa loca’… Aun así, persiste esta inquietud, ¿no? El modelo es impredecible”, señaló el magistrado.

La paradoja de Washington

El caso ha dejado al descubierto una situación incómoda para la Casa Blanca. Mientras públicamente se acusa a Anthropic de representar un riesgo estratégico, distintos organismos federales continúan recurriendo a sus capacidades tecnológicas.

Según informaciones publicadas por The Washington Post y citadas durante el litigio, el sistema Maven del Pentágono habría combinado tecnología de Palantir Technologies con modelos Claude para generar objetivos militares en tiempo real durante operaciones relacionadas con Irán, aunque desde el CENTCOM se negaron a comentar sobre los sistemas específicos empleados en las operaciones.

Las herramientas impulsadas por IA habrían reducido semanas de planificación militar a operaciones ejecutadas prácticamente en tiempo real. Y esto pone en evidencia la fuerte dependencia del Gobierno estadounidense de un reducido grupo de empresas privadas para sostener su ventaja en inteligencia artificial.

El uso de Claude en operaciones de alto perfil —como la misión que capturó a Nicolás Maduro— explica por qué la Administración Trump se ha dado un plazo de seis meses para prescindir de esta tecnología, un proceso complejo por su integración con socios como Palantir.

Dos gigantes

La importancia estratégica de Anthropic no es casual. La empresa, fundada en 2021 por antiguos investigadores de OpenAI como Dario y Daniela Amodei, se ha convertido en uno de los dos actores dominantes de la IA generativa mundial.

Según un análisis de The Information citado en el caso, OpenAI y Anthropic concentran conjuntamente el 89% de los ingresos globales de la industria de IA generativa.

El resto de compañías apenas se reparte una fracción de un mercado que ya mueve cerca de 80.000 millones de dólares anuales.

Precisamente esa concentración tecnológica es lo que preocupa ahora tanto al Pentágono como a los reguladores estadounidenses: la seguridad nacional depende cada vez más de empresas privadas cuyos intereses comerciales y principios éticos no siempre coinciden con las prioridades militares del Estado.

Lo que viene ahora

El litigio continuará en las próximas semanas mientras el tribunal federal decide si mantiene o revoca la designación impuesta por el Pentágono.

Por ahora, Anthropic sigue impedida para firmar nuevos contratos de defensa, aunque puede continuar colaborando con otras agencias federales no dependientes del Departamento de Defensa.

Lo que está en juego, sin embargo, va mucho más allá de un único contrato militar de unos 200 billones de dólares: Washington intenta decidir hasta qué punto puede confiar su seguridad nacional a inteligencias artificiales privadas cuyo poder crece más rápido que la capacidad del Estado para controlarlas.