Ilustración de un MQ-25A Stingray volando junto a un caza de combate. Kongsberg
El MQ-25A Stingray entra en producción y abre la era de los drones en los portaaviones de la US Navy
Su misión será extender el radio de acción de los cazas embarcados y aumentar la capacidad operativa de los grupos de combate de portaaviones.
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La aviación naval estadounidense acaba de dar un paso que hasta hace pocos años parecía reservado a los programas experimentales. La US Navy ha autorizado el avance del MQ-25A Stingray a la fase de producción inicial a baja cadencia (LRIP), un movimiento que sitúa al sistema de Boeing a las puertas de convertirse en el primer avión no tripulado operativo integrado en portaaviones de los EEUU.
La decisión llega tras la superación del denominado Milestone C, uno de los hitos más relevantes en el ciclo de adquisición militar estadounidense, y pocas semanas después de que el aparato completara con éxito su primer vuelo en abril.
Con esta aprobación, Boeing podrá iniciar la transición desde la fase de desarrollo y fabricación (Engineering and Manufacturing Development, EMD) hacia la producción, consolidando un programa que la Marina considera estratégico para el futuro de sus alas aéreas embarcadas.
El MQ-25A Stingray ha sido concebido principalmente como un reabastecedor aéreo no tripulado. Su misión será extender el radio de acción de los cazas embarcados y aumentar la capacidad operativa de los grupos de combate de portaaviones, una necesidad cada vez más relevante en escenarios de alta intensidad y competencia estratégica.
“Boeing se siente honrada de trabajar junto a la Marina de Estados Unidos en la consecución de este hito histórico en el desarrollo del MQ-25A Stingray”, afirmó Troy Rutherford, vicepresidente del programa en la compañía. “Seguimos centrados en poner este sistema disruptivo en manos de la flota e integrarlo en el ala aérea embarcada”.
El Stingray ejecuta de forma autónoma su plan de misión predeterminado durante su vuelo de prueba inaugural el 25 de abril. Boeing
Desde el Pentágono, el secretario interino de la Marina, Hung Cao, subrayó el impacto operativo que tendrá el sistema. “El reabastecimiento no tripulado amplía nuestro alcance frente a cualquier adversario. Llevar el MQ-25A a producción dota a nuestras fuerzas de una capacidad que incrementa la letalidad de los grupos de combate de portaaviones”, señaló.
Por su parte, el capitán Daniel Fucito, responsable del programa de aviación embarcada no tripulada, aseguró que tanto el sistema como la infraestructura industrial están preparados para la siguiente etapa. “Estamos sentando las bases de la aviación embarcada no tripulada y mejorando la capacidad, disponibilidad y potencia de combate de la flota”, explicó.
En desarrollo
Actualmente, el programa MQ-25A se encuentra en fase EMD e incluye cuatro aeronaves de desarrollo, cinco plataformas de demostración de sistemas y dos artículos de ensayo en tierra destinados a pruebas estructurales y de fatiga.
La aprobación del Milestone C autoriza ahora a la Marina a adjudicar a Boeing el contrato de producción inicial, antesala de una futura fabricación a gran escala.
Pero el alcance del Stingray va mucho más allá de incorporar un nuevo avión cisterna a la flota. El programa representa el primer paso real hacia la integración operativa de aeronaves no tripuladas en portaaviones estadounidenses, un cambio doctrinal que transformará la aviación embarcada en las próximas décadas.
El sistema introduce además un modelo híbrido en el que el piloto deja de controlar físicamente la aeronave durante el vuelo.
Los operadores —denominados AVP— planifican la misión, fijan rutas, referencias y objetivos y, una vez autorizada, el sistema autónomo se encarga de ejecutar todo el ciclo operativo.
El MQ-25A ya no es únicamente un demostrador tecnológico. Su entrada en producción confirma que la US Navy ha comenzado la transición hacia una nueva generación de operaciones aéreas embarcadas en las que los drones tendrán un papel protagonista junto a los cazas tripulados.