Empleados de una empresa privada de seguridad se entrenan con simuladores para pilotar drones interceptores, en medio de los ataques rusos contra Ucrania, en una ubicación no revelada, Ucrania, 8 de abril de 2026.

Empleados de una empresa privada de seguridad se entrenan con simuladores para pilotar drones interceptores, en medio de los ataques rusos contra Ucrania, en una ubicación no revelada, Ucrania, 8 de abril de 2026. Valentyn Ogirenko Reuters

Observatorio de la Defensa

Kiev incorpora empresas privadas para proteger sus infraestructuras críticas de los drones rusos

Apuesta por un sistema de defensa “en capas”, más flexible y descentralizado para reforzar el tejido industrial y energético.

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Las claves

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Ucrania ha integrado empresas privadas en su defensa aérea para proteger infraestructuras críticas de ataques masivos con drones rusos.

El modelo permite a compañías operar unidades de defensa aérea, utilizando tecnologías como drones interceptores y sistemas automatizados bajo supervisión militar.

Unidades privadas, como Carmine Sky, ya han logrado interceptar drones enemigos y el personal es reclutado y formado bajo estrictos controles de seguridad.

Este enfoque híbrido amplía la capacidad operativa y podría anticipar nuevas formas de organización defensiva en conflictos futuros.

Ucrania despliega un modelo innovador de defensa aérea que integra a empresas privadas frente a los miles de drones de bajo coste que Rusia lanza cada mes. La iniciativa busca reforzar la protección de infraestructuras críticas y tejido industrial ante ataques cada vez más frecuentes y masivos.

Aunque la mayoría de estos drones son interceptados, los que logran penetrar las defensas han causado graves daños en instalaciones militares, fábricas y redes energéticas.

En plena guerra prolongada, la defensa de estas infraestructuras críticas se ha convertido en prioridad absoluta para Kiev, que apuesta por un sistema de defensa "en capas" más flexible y descentralizado para reforzar el tejido industrial y energético.

El programa, impulsado por el Ministerio de Defensa como piloto el pasado año, permite a las compañías organizar y operar sus propias unidades de defensa aérea para proteger instalaciones estratégicas. Cerca de una veintena de compañías se han sumado ya a la iniciativa y al menos dos están operativas.

Una de las compañías pioneras es Carmine Sky, que ha desarrollado un enfoque modular basado en múltiples niveles de defensa. Su sistema combina tecnologías como drones interceptores, sensores de detección temprana y torretas automatizadas equipadas con ametralladoras pesadas M2 Browning.

“La defensa funciona como una cebolla: está compuesta por capas que se superponen para aumentar la eficacia frente a amenazas diversas”, explica Ruslan, portavoz de la empresa a Reuters.

El contexto operativo es especialmente exigente por el volumen de drones que lanza Rusia. Si bien una gran parte es interceptada, los que logran atravesar el escudo aéreo han provocado daños en instalaciones militares, fábricas, redes energéticas, puertos, refinerías y sistemas de transporte críticos.

Durante el invierno, muchos de estos ataques han dejado a millones de civiles sin electricidad ni calefacción.

Empleados de la empresa privada Carmine Sky monitorizan el espacio aéreo en busca de drones rusos desde una sala de control en una ubicación no revelada, Ucrania, 10 de abril de 2026.

Empleados de la empresa privada Carmine Sky monitorizan el espacio aéreo en busca de drones rusos desde una sala de control en una ubicación no revelada, Ucrania, 10 de abril de 2026. Sofiia Gatilova Reuters

Rusia ha intensificado sus ataques con enjambres de drones contra Ucrania, utilizando tácticas masivas para saturar las defensas aéreas ucranianas. Estos enjambres, a menudo compuestos por cientos de drones Shahed de diseño iraní -pero fabricados por Moscú-, buscan abrumar sistemas antiaéreos y golpear aún más las dañadas infraestructuras críticas de Kiev.

De hecho, en un solo día, como el pasado 24 de abril, Rusia lanzó un ataque récord con 619 drones de largo alcance y 47 misiles, de los cuales Ucrania interceptó 580 drones y 30 misiles, aunque hubo impactos en Dnipro y otras regiones.

Con estas unidades privadas, que no actúan de forma independiente, sino que están plenamente integradas en el sistema nacional de defensa aérea, Kiev quiere reforzarse. “Nuestro papel no sustituye al del Estado; lo complementa. Mientras el sistema estatal tiene un enfoque estratégico, nosotros operamos a nivel local”, subraya Ruslan.

Su actividad requiere autorización expresa del Ministerio de Defensa y se desarrolla bajo la supervisión y mando operativo de la Fuerza Aérea ucraniana, que conserva el control exclusivo sobre la identificación de objetivos y la autorización de fuego.

Hechos probados

Los primeros resultados del modelo han sido positivos. El ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, ha confirmado que unidades privadas han logrado interceptar drones enemigos en regiones como Járkov, incluyendo modelos avanzados tipo Shahed propulsados por reactor.

El componente humano es otro pilar clave del programa. El reclutamiento se realiza bajo estrictos controles de seguridad, que incluyen verificaciones exhaustivas y pruebas con polígrafo.

Los aspirantes reciben formación intensiva: en apenas tres semanas, un civil sin experiencia previa puede capacitarse como operador de drones interceptores. Aquellos que no alcanzan este nivel son asignados a funciones de apoyo, como observadores o técnicos especializados.

Otras empresas, como Gvardiia, basan su estructura en voluntarios con experiencia en combate, muchos de ellos procedentes de unidades de defensa territorial.

Este enfoque híbrido no solo amplía la base operativa, sino que también introduce un grado significativo de flexibilidad, permitiendo a los participantes compatibilizar su labor defensiva con actividades civiles.

En un escenario marcado por la evolución tecnológica del conflicto y la proliferación de amenazas no tripuladas, Ucrania apuesta así por una fórmula mixta que combina capacidades estatales y privadas.

Se trata de un modelo que, más allá de responder a la urgencia del presente, podría anticipar nuevas formas de organización defensiva en conflictos futuros.