Marcha antiiperialista en La Habana (Cuba)

Marcha antiiperialista en La Habana (Cuba) Norlys Pérez Reuters

Observatorio de la Defensa

Cuba, demasiado cerca: Washington ensaya en el Caribe una nueva doctrina de presión limitada para proyectar poder

La isla atraviesa una prolongada crisis energética, con apagones recurrentes, escasez de suministros y un deterioro creciente de las condiciones de vida.

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Las claves

Las claves

Estados Unidos refuerza su enfoque estratégico en el Caribe, especialmente en Cuba y Groenlandia, para asegurar su entorno inmediato frente a potencias rivales como Rusia y China.

La crisis energética y el deterioro de las condiciones de vida en Cuba incrementan la vulnerabilidad de la isla, lo que influye en la percepción de riesgo en Washington.

La política estadounidense hacia Cuba combina presión calibrada, sanciones selectivas y canales discretos, evitando una intervención militar directa.

Cuba se convierte en un laboratorio donde Estados Unidos ensaya nuevas tácticas de presión limitada y control regional, priorizando la estabilidad en el Caribe como cuestión de seguridad nacional.

En un escenario internacional marcado por la guerra en Oriente Próximo, la rivalidad con China, la tensión en Europa del Este y la competencia por áreas de influencia, Estados Unidos, bajo la Administración de Donald Trump, vuelve la mirada hacia su entorno inmediato. Del Ártico al Caribe, la Casa Blanca parece decidida a blindar su espacio más próximo.

En ese marco, el renovado interés por Groenlandia y la creciente atención sobre Cuba responden a una misma lógica: asegurar posiciones clave en su vecindario estratégico antes de proyectar poder a escala global.

La política de Estados Unidos hacia Cuba atraviesa una fase de redefinición marcada por la combinación de presión diplomática, pragmatismo táctico y una ambigüedad estratégica cuidadosamente dosificada.

Así lo afirma Rocío de los Reyes Ramírez, analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), en un artículo publicado por este think tank de Defensa, donde interpreta la isla como un laboratorio de la nueva lógica de poder en el hemisferio.

“Más allá de estos focos de atención tradicionales, comienza a perfilarse una tendencia complementaria: la creciente centralidad del entorno geográfico inmediato”, señala la experta, que vincula esta tendencia con los mensajes de Donald Trump sobre el Caribe, el golfo de México y también con el interés estratégico mostrado hacia Groenlandia.

Según el análisis, Washington parece recuperar una visión clásica de seguridad continental: controlar rutas marítimas, asegurar accesos energéticos y limitar la influencia de potencias rivales tanto en el Atlántico Norte como en el Caribe.

El caso de Groenlandia ilustra esa lógica. Su posición geográfica entre América del Norte y Europa, el deshielo del Ártico y la apertura de nuevas rutas marítimas la convierten en una pieza codiciada para la defensa y la competencia tecnológica. Para Estados Unidos, mantener influencia en ese enclave significa proteger su flanco norte y contener movimientos de Rusia y China en la región polar.

En paralelo, Cuba representa la pieza equivalente en el sur estratégico estadounidense. Su ubicación a escasos kilómetros de Florida, su impacto potencial en los flujos migratorios y la presencia de actores externos refuerzan su relevancia.

“Esta reorientación no implica necesariamente un abandono de otros escenarios, pero sí apunta a una lógica de actuación más amplia, en la que la proximidad geográfica vuelve a adquirir un valor estratégico renovado”, resume De los Reyes Ramírez.

Vulnerabilidad estratégica

La isla atraviesa una prolongada crisis energética, con apagones recurrentes, escasez de suministros y un deterioro creciente de las condiciones de vida. Ese contexto ha incrementado el malestar social y ha erosionado la capacidad del régimen para contener las demandas ciudadanas.

La isla atraviesa una crisis energética estructural que ha derivado en apagones recurrentes, escasez de suministros y un deterioro progresivo de las condiciones de vida”, advierte la analista.

El bloque impide que puede llegar a la Isla el combustible de origen ruso.

El bloque impide que puede llegar a la Isla el combustible de origen ruso. Juan Carlos Hernandez Reuters

Quien subraya que "la incapacidad para garantizar un servicio básico convierte la energía en un vector de inestabilidad que trasciende lo doméstico. Para Washington, esta fragilidad actúa como un indicador de riesgo: no en términos militares, pero sí como un factor que puede desencadenar dinámicas difíciles de contener".

A esa fragilidad interna se suma otro elemento menos visible: la persistencia de contactos discretos entre Washington y La Habana. Para la experta, determinadas flexibilizaciones puntuales reflejan que, incluso en momentos de tensión, ambas partes mantienen espacios de negociación.

“En este sentido, la aparente contradicción entre retórica contundente y ajustes tácticos no debe interpretarse como incoherencia, sino como la expresión de una estrategia basada en la ambigüedad y en la gestión simultánea de incentivos y coerción”, explica.

El Caribe

Sostiene que el Caribe ha dejado de ser un escenario secundario para la política exterior estadounidense. La presencia creciente de actores externos como Rusia y China, unida a la debilidad estructural de varios países de la región, ha reforzado en Washington la percepción de que la estabilidad caribeña impacta directamente en su seguridad nacional.

“En este punto emerge un elemento que ha adquirido un peso creciente en el discurso y en la práctica de la Administración: la idea de que el Caribe está ‘demasiado cerca para ser indiferente’”, asegura la analista del IEEE.

Desde esa óptica, la región funcionaría como un mare nostrum hemisférico cuya estabilidad debe preservarse incluso en un momento de sobrecarga global. Cuba, por su ubicación y por su simbolismo histórico, ocupa un lugar central en esa ecuación, del mismo modo que Groenlandia gana peso en el tablero ártico.

A diferencia del modelo venezolano, la arquitectura de defensa cubana no se sustenta en la adquisición de plataformas de superioridad tecnológica reciente. Mientras que Caracas apostó por una modernización convencional de alto perfil —ejemplificada en la integración de cazas polivalentes Su-30MK2 y sistemas de defensa antiaérea de largo alcance S-300VM (Antey-2500)—, Cuba mantiene una doctrina de "Guerra de Todo el Pueblo".

La estrategia de la isla se fundamenta en la asimetría extrema. En lugar de grandes unidades blindadas expuestas, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) prioriza una vasta red de fortificaciones subterráneas y el despliegue de milicias territoriales.

Un elemento crítico en este esquema es el uso de sistemas móviles adaptados localmente, como los blindados de fabricación nacional sobre chasis de BTR-60 equipados con cañones de 100 mm, diseñados para la movilidad en un terreno fragmentado.

Cuba es una isla alargada y estrecha; logísticamente es más fácil de bloquear, pero más difícil de ocupar sin una resistencia civil prolongada. Y eso, EEUU lo sabe.

Presión sin intervención

Lejos de anticipar una acción militar o una intervención abierta, el estudio concluye que la Casa Blanca se inclina por una gestión calibrada: sanciones selectivas, mensajes de firmeza, canales discretos y capacidad de maniobra flexible.

“En última instancia, lo que Cuba anticipa no es un desenlace concreto, sino una forma de actuación. La isla se ha convertido en un espacio donde se ensaya una gestión basada en presión calibrada, intervenciones puntuales y una ambigüedad estratégica que evita compromisos irreversibles”, afirma De los Reyes Ramírez.

El Caribe como mare nostrum estadounidense.

El Caribe como mare nostrum estadounidense. IEEE

“Este enfoque no busca resolver la crisis, sino impedir que derive en escenarios difíciles de contener en un entorno que Estados Unidos no puede permitirse desatender”, añade.

Ese enfoque busca evitar un colapso con consecuencias migratorias, humanitarias o de seguridad para Estados Unidos, un escenario que históricamente ha operado como un factor de contención más eficaz que la propia disuasión militar.

Nueva hegemonía regional

Para la especialista del IEEE, la relación entre Washington y La Habana simboliza una transformación más profunda de la política exterior estadounidense: del “aislamiento rutinario” a un activismo oportunista y multidimensional.

“Cuba deja así de ser un vestigio de la Guerra Fría para convertirse en el laboratorio donde se ensayan las nuevas lógicas de poder hemisférico, basadas en sanciones quirúrgicas, canales discretos de comunicación y una presión sostenida orientada a forzar ajustes tácticos”, sostiene esta experta.

Y concluye con una advertencia estratégica: “Pero lo que parece indudable es que el Caribe ha dejado de ser un frente periférico. En un mundo donde la simultaneidad de crisis redefine las prioridades estratégicas, Washington parece haber asumido que para proyectar poder globalmente debe, antes, asegurar sin ambigüedades su hegemonía en su propio mare nostrum”.