La guerra moderna se entrena en Zaragoza: así integra el EADA explosivos y defensa NRBQ
La guerra del futuro se ensaya en Zaragoza: así integra el EADA drones, robots, explosivos y equipos de defensa NRBQ
El ejercicio Silent Threat 26, de carácter anual, buscó reforzar la integración operativa entre ambas capacidades en escenarios cada vez más híbridos y complejos.
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El Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA), una de las unidades más especializadas del Ejército del Aire y del Espacio, ha vuelto a situarse en la vanguardia de la preparación operativa con la organización del ejercicio Silent Threat 26.
Desde su base en Zaragoza, y fiel a su lema “Obviam Primus” —llegar los primeros—, el EADA convirtió durante la segunda semana de marzo la Base Aérea de Zaragoza en un auténtico laboratorio de amenazas reales.
Durante cinco jornadas, unidades de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado trabajaron de forma conjunta en la resolución de incidentes que combinan dos de los mayores riesgos del panorama actual: los artefactos explosivos improvisados (IED) y las amenazas de tipo nuclear, radiológico, biológico y químico (NRBQ).
El ejercicio, de carácter anual, buscó reforzar la integración operativa entre ambas capacidades en escenarios cada vez más híbridos y complejos.
Para ello, el EADA diseñó distintos supuestos inspirados en conflictos contemporáneos: desde laboratorios clandestinos dedicados a la síntesis de agentes químicos protegidos con trampas explosivas, hasta ataques con drones dotados de cargas químicas, pasando por dispositivos radiológicos o vehículos bomba con agentes de guerra.
La complejidad de los escenarios recreados obligó a una coordinación milimétrica entre equipos con perfiles técnicos muy distintos. En ese marco, la gestión del incidente se convirtió en el eje de toda la respuesta operativa, junto a la coordinación entre los diferentes equipos", así lo destaca el capitán Javier Escorihuela Hernández, de la Escuadrilla de Protección de la Fuerza del EADA, en declaraciones al Observatorio de la Defensa de El Español.
En este sentido Escorihuela subraya que "El asesoramiento que hace cada uno en sus respectivas áreas, así como la información aportada sobre los artefactos, es fundamental para que el jefe del incidente pueda tomar las decisiones más adecuadas”.
Equipos de desactivación de explosivos. Ejército del Aire
Uno de los rasgos distintivos de Silent Threat 26 ha sido su marcada dimensión interinstitucional. Junto al propio EADA, participaron unidades del Ejército de Tierra, la Armada, la Guardia Civil y la Policía Nacional, además de centros especializados como el Centro de Excelencia C-IED de la OTAN y la Escuela Militar de Defensa NRBQ.
En este contexto, la interoperabilidad se convierte en un factor clave. Tal y como señala el capitán Escorihuela. “Las Fuerzas Armadas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen una gran experiencia cada uno en su ámbito. Las unidades han podido observar de primera mano procedimientos derivados tanto del entorno militar como del civil”.
Esta colaboración permite adaptar las respuestas a escenarios en los que confluyen marcos normativos distintos y amenazas compartidas, como el terrorismo o la proliferación de tecnologías de doble uso.
Precisamente, uno de los aspectos más relevantes del ejercicio ha sido la creciente importancia de los sistemas no tripulados. Drones aéreos y robots terrestres, equipados con sensores NRBQ y sistemas de captación de imágenes, han desempeñado un papel esencial en las labores de reconocimiento y evaluación del riesgo.
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El capitán Javier Escorihuela destaca la importancia que han adquirido estas herramientas en los escenarios operativos actuales. “El empleo de este tipo de medios se ha convertido en un requerimiento imprescindible”, señala.
Y además, puntualiza que “Permiten reconocer el terreno e identificar amenazas sin exponer a los intervinientes, además de facilitar el seguimiento en tiempo real por parte del mando”.
Gracias a estos sistemas, los equipos lograron una conciencia situacional precisa antes de actuar, optimizando la toma de decisiones y reduciendo de forma notable los riesgos para el personal desplegado.
Cada una de las unidades participantes se enfrentó a dos escenarios distintos a lo largo del ejercicio, diseñados para reproducir situaciones donde convergían amenazas explosivas y NRBQ.
Tareas de descontaminación e intervención sanitaria.
Entre ellos figuraban laboratorios clandestinos dedicados a la síntesis de agentes químicos de guerra protegidos con trampas explosivas, ataques con drones equipados con cargas químicas o explosivas, células de fabricación de bombas sucias —artefactos con componentes radiológicos— y vehículos bomba con agentes de guerra.
La Unidad Militar de Apoyo a Emergencias (UMAAD-Zaragoza) asumió, además, tareas de descontaminación e intervención sanitaria, atendiendo a cuatro figurantes que simulaban distintas afecciones derivadas de exposición química o radiológica. Todos fueron tratados en la estación de descontaminación de bajas de la propia unidad.
Por otro lado, el Centro de Excelencia (CoE) C-IED de la OTAN ubicado en Hoyo de Manzanares presentó a los participantes una actualización de los artefactos explosivos empleados en los conflictos internacionales.
Esto permitió que las unidades con la capacidad EOD — aquellas especializadas en la detección, neutralización y eliminación de municiones y artefactos explosivos—, presentes en el ejercicio, pudieran actualizar los conocimientos sobre las Técnicas, Tácticas y Procedimientos (TTPs) empleados en la actualidad en diferentes partes del mundo.
Estación de descontaminación
El ejercicio también ha incorporado la dimensión sanitaria, un aspecto crítico en incidentes con presencia de agentes NRBQ. La Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (UMAAD) desplegó una estación de descontaminación en la que se atendió a varios figurantes con distintas afecciones, permitiendo entrenar la gestión integral de bajas en entornos contaminados.
Más allá de la vertiente táctica, Silent Threat 26 ha funcionado como un espacio de intercambio de conocimiento. Exposiciones de material, jornadas como observadores y demostraciones técnicas —como el procedimiento de encapsulamiento de munición química desarrollado por el EADA— han permitido a las unidades compartir lecciones aprendidas y evaluar soluciones tecnológicas disponibles en el mercado.
"los futuros ejercicios deben centrarse en crear entornos seguros y en potenciar su uso para reducir la presencia de personal en zonas de riesgo”, asegura el capitán Escorihuela. Ejército del Aire
De cara al futuro, el desafío pasa por adaptarse a un entorno operativo en constante evolución, marcado por la proliferación de medios accesibles y el uso intensivo de tecnologías emergentes en conflictos recientes.
En palabras del capitán Escorihuela, “La facilidad de acceso a medios no tripulados incrementa la complejidad de la intervención. Por eso, los futuros ejercicios deben centrarse en crear entornos seguros y en potenciar su uso para reducir la presencia de personal en zonas de riesgo”.
Con solo dos ediciones, el Silent Threat comienza a consolidarse como una cita de referencia en la integración de capacidades EOD y NRBQ en España. Un ejercicio que no solo entrena a las unidades participantes, sino que anticipa los escenarios a los que deberán enfrentarse en un contexto estratégico cada vez más incierto.
En ese esfuerzo, el EADA reafirma su papel como punta de lanza del Ejército del Aire y del Espacio en la preparación frente a amenazas complejas, liderando una respuesta conjunta, tecnológica y adaptada a los desafíos del siglo XXI.
El EADA
El Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA) tiene su origen en la extinta Escuadrilla de Apoyo al Despliegue Aéreo, creada en enero de 1994 a partir de la Escuadrilla de Apoyo al Transporte Aéreo Militar.
Hoy se configura como una de las unidades más versátiles y preparadas del Ejército del Aire y del Espacio.
El Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA), participó activamente en 2021 en la evacuación de Afganistán. Ejército del Aire
Desde su creación, se ha consolidado como pieza clave en la capacidad expedicionaria del Ejército del Aire, participando en la mayor parte de las operaciones que han implicado el despliegue de medios y personal fuera de nuestras fronteras.
Lo ha hecho tanto en misiones conjuntas o multinacionales como en actuaciones específicas, que incluyen desde labores humanitarias y evacuaciones de personal hasta escoltas y misiones de protección en entornos de alto riesgo o no permisivos. Su huella operativa abarca escenarios como Bosnia, Irak, Afganistán o Bali.