El presidente turco Tayyip Erdogan es recibido por el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán en La Meca.

El presidente turco Tayyip Erdogan es recibido por el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán en La Meca. Saudi Press Agency Reuters

Oriente Próximo

Pakistán, Turquía y Arabia Saudí forman 'la OTAN suní' en La Meca: una coalición para contener a Irán y aislar a Israel

El Acuerdo Conjunto de Defensa establece que un ataque armado contra cualquiera de los tres países será considerado un ataque contra los tres.

Aunque el texto no menciona a Irán ni a Israel en ningún momento, Teherán respondió en cuestión de horas.

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Las claves

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Arabia Saudí, Turquía y Pakistán firman una alianza de defensa colectiva similar al artículo 5 de la OTAN para responder a agresiones.

El acuerdo incluye cooperación militar, maniobras conjuntas, transferencia de tecnología e intercambio de inteligencia entre los tres países.

Irán critica la coalición, advirtiendo que no traerá seguridad a Arabia Saudí y amenazando con represalias en caso de amenazas.

El pacto refleja el deseo de autonomía estratégica regional frente a la erosión de la confianza en la protección de Estados Unidos y busca contener la influencia de Irán e Israel.

El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, y el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, se comprometieron este viernes a defenderse mutuamente de cualquier agresión, y lo hicieron en la ciudad santa de La Meca, durante lo que Riad denominó Cumbre de Makkah Al-Mukarramah para la Defensa Conjunta.

El comunicado posterior, difundido por el Ministerio de Exteriores de Pakistán y por los medios estatales saudíes, fija el compromiso central en una fórmula que remite directamente al artículo 5 de la OTAN: "El Acuerdo pretende reforzar la disuasión colectiva frente a cualquier acto de agresión, y estipula que cualquier ataque armado contra cualquiera de los tres estados será considerado un ataque contra todos ellos".

Pese a la sorpresa que ha provocado el anuncio del acuerdo, lo cierto es que Reuters ya informó de las negociaciones el pasado enero. De hecho, la firma llega tras casi un año de conversaciones cuyo origen se remonta a los meses posteriores a la masacre de Hamás del 7 de octubre de 2023, y que se aceleraron con la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

El 17 de septiembre de 2025, en el palacio de Al-Yamamah de Riad, Bin Salmán y Sharif firmaron el Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua entre Arabia Saudí y Pakistán, ocho días después del ataque israelí contra la capital catarí, Doha.

Y el 19 de marzo de este año, los ministros de Exteriores de los tres países se reunieron en Riad, durante una cumbre islámica, para discutir precisamente los términos de lo que podría ser un acuerdo conjunto de seguridad.

Ahora bien, ¿qué implica y qué no implica este pacto? Rayed Krimly, viceministro saudí para la Diplomacia Pública, publicó en la red social X que, más allá de la defensa colectiva y la disuasión, el acuerdo no constituye un intento de establecer un nuevo eje militar ni un bloque sectario.

"Tampoco está vinculado a ninguna ambición nuclear ni a una carrera armamentística", escribió, y añadió que no se produce a expensas de los sólidos vínculos de Riad con ninguno de sus socios del Golfo, árabes o internacionales: "No constituye una amenaza para la seguridad de ningún país de la región, ni representa una escalada de tensiones entre dos estados cualesquiera".

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salman, con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca.

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salman, con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca. Europa Press. Europa Press.

Por su parte, un alto funcionario turco declaró a Reuters que el acuerdo es "puramente defensivo por naturaleza", que no está dirigido contra ningún actor concreto y que está abierto a otros países de la región. Tanta excusatio non petita ha debido inquietar sobremanera al Gobierno israelí.

Según los medios turcos citados por la cadena CBS, el acuerdo incluiría maniobras militares y entrenamiento conjuntos, transferencias de tecnología e intercambio de inteligencia.

Turquía posee el segundo ejército más numeroso de la Alianza Atlántica y una industria de defensa consolidada, Arabia Saudí es el primer exportador mundial de petróleo, y Pakistán es el único país de mayoría musulmana que dispone de armamento nuclear.

En palabras de Ozgur Unluhisarcikli, director de la oficina para el Sur y la Europa Ampliada del German Marshall Fund, el acuerdo aúna "las capacidades industriales de defensa de Turquía, el músculo financiero y la influencia saudí, y la experiencia militar y el elemento disuasorio estratégico de Pakistán".

Teherán responde

Aunque no se le menciona explícitamente en el texto, Irán ha contestado al mismo mediante Ebrahim Rezaei, miembro de la comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, que escribió en X: "Los saudíes deberían saber que un acuerdo de papel con Turquía y Pakistán no les traerá seguridad, igual que años de amamantar unilateralmente a los estadounidenses no les trajeron ninguna. Corrijan sus políticas para no tener que seguir mendigando seguridad".

El estamento clerical fue más explícito. Alireza Arafi, dirigente de la oración del viernes en Qom, advirtió a los gobiernos de la región: "La seguridad prestada no os salvará. Mientras estéis con los enemigos del islam y de Irán, el rugido de nuestros misiles os amenazará".

La firma se produce en medio de un entorno marcadamente hostil. Un alto funcionario saudí declaró a la CNN que el reino se prepara para ataques coordinados contra instalaciones energéticas, puertos y aeropuertos por parte de milicias iraquíes y de los hutíes yemeníes "en un futuro muy próximo".

La semana previa, los hutíes alcanzaron dos petroleros saudíes en el mar Rojo y golpearon el aeropuerto de Najrán, con once civiles heridos, entre ellos un niño de cuatro años.

Del lado israelí, el silencio institucional ha sido completo: ni la oficina del primer ministro, Benjamin Netanyahu, ni el ministerio de Exteriores han comentado el acuerdo.

No deben de estar muy contentos: en febrero de este año, durante una conferencia en Jerusalén, el ex primer ministro Naftali Bennett sostuvo que Turquía era "el nuevo Irán" y afirmó que Ankara trata de poner a Arabia Saudí en contra de Israel y de construir un eje suní hostil con Pakistán.

Naftali Bennett y Yair Lapid.

Naftali Bennett y Yair Lapid. Reuters

Varios comentaristas y funcionarios israelíes y estadounidenses han presentado esta convergencia militar como "un bloque de estados suníes antiisraelí o anti Israel—Emiratos". Washington tampoco emitió una valoración formal a lo largo de la jornada.

El paraguas americano

El diagnóstico compartido por los analistas consultados por las agencias es que el pacto responde a una erosión de confianza.

Reuters y Al Jazeera coinciden en que tres años de conflictos han comprometido las exportaciones petroleras saudíes y sus ambiciosos planes de desarrollo, y han abierto interrogantes de fondo sobre la fiabilidad de la relación de seguridad que el reino mantiene con Estados Unidos desde hace décadas.

El mencionado Unluhisarcikli lo formula en positivo: el acuerdo "refleja un deseo creciente de mayor autonomía estratégica regional en un momento en que la confianza en el orden de seguridad existente se ha erosionado".

Hay también una lectura que recuerda lo que lleva años defendiendo el propio Donald Trump desde la Casa Blanca: la necesidad de que los países aprendan a defenderse a sí mismos, no solo en Oriente Próximo.

Murat Aslan, profesor asociado de política internacional en la Universidad Hasan Kalyoncu de Gaziantep, lo explicó así a Al Jazeera: "Sabemos que Arabia Saudí depende de importar sus productos de defensa, armas o equipamiento, especialmente de Estados Unidos, desde hace décadas, y sabemos que no es rentable y que necesitan construir su propio sector de defensa dentro de Arabia Saudí".

Donald Trump pronuncia un discurso en Marietta, Georgia.

Donald Trump pronuncia un discurso en Marietta, Georgia. Evelyn Hockstein Reuters

Sobre el efecto práctico de esta unión en la arquitectura de seguridad regional, caben todo tipo de valoraciones, pero la más clara parece la de Burcu Ozcelik, investigadora principal de Seguridad en Oriente Medio del Royal United Services Institute, quien matizó ante Reuters la verdadera intención del pacto, orientado a contrarrestar el poder regional iraní y, al mismo tiempo, a construir disuasión frente a Israel, más que a preparar una confrontación como tal.

Riad, el uranio y los Acuerdos de Abraham

Para entender las consecuencias del acuerdo, es imposible obviar que el 22 de julio, el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, y el ministro saudí de Energía, el príncipe Abdulaziz bin Salmán, rubricaron un acuerdo de cooperación nuclear civil —el llamado acuerdo 123, por la sección homónima de la Ley de Energía Atómica de 1954— junto a un acuerdo bilateral de salvaguardias.

Según informó entonces el Wall Street Journal, el texto contemplaba una disposición que podría permitir una instalación de enriquecimiento de uranio ubicada en el reino… pero operada desde fuera.

La ironía es que, siendo senador, el actual Secretario de Estado, Marco Rubio, fue coautor con el demócrata Ed Markey de un proyecto de ley que exigía que Riad se comprometiera a renunciar al enriquecimiento y el reprocesamiento como parte de cualquier acuerdo nuclear.

Respondiendo ahora a las inquietudes suscitadas por el pacto, Rubio ha sostenido que Estados Unidos "no va a alcanzar ningún acuerdo con ningún país del mundo que conduzca al riesgo de proliferación".

Las reacciones en Israel fueron inmediatas: Bennett advirtió de que enriquecer material nuclear en territorio saudí "podría desencadenar una carrera nuclear en la región, llevando a un colapso total", y Avigdor Lieberman afirmó que "todo programa nuclear militar empieza con uno civil", al tiempo que pedía al gobierno israelí que presionara al Congreso estadounidense para tumbar el acuerdo.

La preocupación está más que justificada. En apenas tres semanas, Arabia Saudí ha obtenido una vía de enriquecimiento sin las salvaguardias reforzadas que aceptaron los Emiratos en 2009, y simultáneamente ha quedado ligada por una cláusula de defensa colectiva a Pakistán, el único Estado musulmán con arsenal nuclear, y a una Turquía cuyo presidente ha convertido la crítica a Israel en el eje de su política exterior.

En julio, hablando junto a Sharif en Estambul, Erdoğan afirmó que los esfuerzos de paz en Oriente Medio no prosperarían sin respaldo regional y que no debía permitirse a Israel "dinamitar" un acuerdo entre Estados Unidos e Irán: "Seguimos de cerca los intentos de la Administración israelí de dinamitar el acuerdo... No se debe permitir que el actual Gobierno israelí, adicto a la guerra, vuelva a ahogar nuestra geografía en olor a pólvora y sangre".

Queda la pregunta de qué ha sido de la famosa "normalización" saudí con Israel, la gran ambición de Trump ya desde su primer mandato.

Riad ha condenado repetidamente las acciones israelíes en Gaza y en la Cisjordania ocupada y mantiene que no firmará los Acuerdos de Abraham mientras no exista una vía clara hacia un Estado palestino, algo a lo que el Gobierno israelí actual se opone frontalmente.

Según fuentes anónimas, la Casa Blanca ha terminado por reconocer que un acuerdo de normalización "en este momento no es posible". Y este movimiento lo hace aún más improbable.