Trump saluda al desembarcar del Air Force One en el Aeropuerto Municipal de Morristown en Morristown, Nueva Jersey. Reuters
Trump acaricia un acuerdo con Irán para reabrir Ormuz tras vaciar el arsenal de misiles de largo alcance de EEUU
Washington y los mediadores hablan de progresos y sitúan el pacto a un día o dos de distancia.
Teherán niega que exista negociación alguna con EEUU y sigue exigiendo el control del estrecho.
Más información: Trump presume del 'muro de acero' de EEUU en Ormuz pero el Pentágono busca formas "ingeniosas" de someter a Irán
Algo cambió en el tono de Washington este martes. El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró con un cauto optimismo ante los periodistas que "se ha avanzado en las conversaciones con Irán, pero todavía no hay un desenlace", añadiendo que confiaba en que este llegara "muy pronto".
Por su parte, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, fue más concreto y aventuró que un acuerdo con Irán sobre la reapertura de Ormuz podría cerrarse este mismo miércoles.
Ambos recogían así el testigo de Donald Trump, que el lunes ya había asegurado que las conversaciones con Teherán habían arrancado y que Irán afrontaba "una última oportunidad" para alcanzar un pacto.
Los mediadores confirmaron el avance, aunque sin mojarse demasiado. El portavoz del Ministerio de Exteriores de Catar, Majed al Ansari, situó los contactos diplomáticos en "fases muy avanzadas" y explicó que Doha, Pakistán y Omán coordinan estrechamente sus gestiones para facilitar las negociaciones e intercambiar borradores de propuestas entre Washington y Teherán.
Un alto responsable de seguridad paquistaní citado por la agencia Reuters se marcó un objetivo bastante más modesto que el de Bessent: "Están pasando muchas cosas de fondo... Estamos hablando con las dos partes. Nuestra única meta en este momento es lograr que ambas acepten al menos empezar a hablar".
Los mercados, pese a todos estos matices, compraron el relato. El Brent cayó más de un 4% tras las declaraciones cataríes, prolongando el retroceso pronunciado del lunes ante la expectativa de que un arreglo permita restablecer el tráfico por el estrecho.
De momento, eso sí, la realidad sigue siendo terca: el paso seguía prácticamente cerrado este martes y otro buque resultó alcanzado mientras intentaba cruzarlo. Según la agencia de seguridad marítima UKMTO, un carguero informó de que había sido golpeado por un proyectil no identificado cerca del estrecho, frente a la costa de Omán.
Buques en el estrecho de Ormuz.
La tripulación tuvo que abandonar el barco y un marinero permanece desaparecido.
La versión de Teherán: aquí no se negocia con nadie
Pese a los mensajes lanzados desde la Casa Blanca, los responsables de la República Islámica insistieron este martes en que no hay negociación alguna en marcha con Estados Unidos, que sus únicas conversaciones son con Omán y que están circunscriptas al estrecho, y que no hay reuniones de calado previstas para esta semana.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmail Baghaei, confirmó este martes en declaraciones recogidas por la agencia Tasnim que esos contactos con Mascate se centran en delimitar "rutas seguras de ida y vuelta" y que "hasta ahora, las conversaciones están siendo positivas tanto a nivel técnico como político".
El mismo portavoz quiso explicar exactamente lo que se está discutiendo, que ni es un alto el fuego ni mucho menos un acuerdo nuclear… sino un simple régimen de administración marítima: "Irán está tratando, en cooperación con Omán, de formular los mecanismos necesarios para los futuros acuerdos de gestión del tráfico marítimo en este paso estratégico".
Baghaei subrayó que las partes buscan definir "una ruta que garantice los derechos soberanos y tenga en cuenta las consideraciones de seguridad nacional de Irán y Omán".
Iran's FM Spox. Esmail Baghaei on Ukrainian drone strike on an Iranian commercial vessel:
— Clash Report (@clashreport) August 3, 2026
The Ukrainian authorities, in the communication they had both directly with the Foreign Minister and in the messages they conveyed to us, emphasized that this action was unintentional.
The… pic.twitter.com/sWyXS6xVQ0
Ninguna de esas fórmulas menciona a Estados Unidos, que mantiene el bloqueo sobre los buques y puertos vinculados a Irán mientras los hutíes yemeníes, alineados con Teherán, imponen el suyo propio sobre Arabia Saudí en el Mar Rojo.
Ahora bien, lo que Irán reclama en privado va bastante más lejos. Una fuente iraní de alto nivel explicó a Reuters que Teherán aspira al control completo del tráfico entrante por el estrecho y a la visibilidad sobre el saliente, con capacidad de intervenir si lo considera necesario.
Michael Knights, investigador del Washington Institute, afirmó al respecto: "Su gran ventaja es que pueden hacer daño tanto a los estados de la región como a la economía global".
Funcionarios y analistas del Golfo consultados por Reuters coinciden en que Irán apuesta por resistir más que Washington, convirtiendo las rutas comerciales, las líneas de navegación y la infraestructura energética de la región en puntos de presión que encarecen progresivamente el enfrentamiento.
El inventario que se acabó
Y es que la amenaza militar que sostenía la posición negociadora estadounidense se ha ido consumiendo lentamente.
Según reveló Reuters este martes, citando a tres personas familiarizadas con los datos, el ejército de los Estados Unidos ha agotado buena parte de su reserva de misiles de precisión de largo alcance durante los cinco meses de guerra: fundamentalmente los ATACMS y los Precision Strike Missiles (PrSM).
Un misil ATACMS probado por Estados Unidos.
Son armas que cuestan más de un millón de dólares por unidad y que permiten atacar con exactitud desde distancias seguras, lo que significa que una nueva ofensiva de gran escala obligaría a recurrir en mayor medida a misiones de bombardeo pilotadas, que resultan mucho más arriesgadas.
Una cuarta fuente matizó que el Mando Central (CENTCOM), pese a haber consumido casi por completo las existencias terrestres previas a la guerra, ha podido reabastecerse con suministros estadounidenses situados en otras partes del mundo.
El agotamiento alcanza también a los sistemas defensivos. Un informe publicado la semana pasada por el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales estimaba que, entre febrero y julio, se habían consumido alrededor del 65% de los interceptores Patriot y que el número de interceptores antibalísticos THAAD en los arsenales estadounidenses era al menos un 38% inferior al del inicio de la guerra.
Estos datos explicarían, de paso, la negativa de Trump a ceder ninguno de estos sistemas a Ucrania. Estados Unidos habría quemado también algo menos de la mitad de su reserva mundial de misiles de crucero Tomahawk desde que empezó el conflicto.
Donald Trump con Volodimir Zelenski en el marco de la cumbre OTAN en Ankara, Turquía. Reuters
Raytheon, filial de RTX y fabricante de los Tomahawk y de los interceptores Patriot, ha alcanzado un acuerdo preliminar plurianual con el Pentágono para incrementar la producción.
Preguntada por esos datos, la Casa Blanca difundió una declaración del propio Trump según la cual Estados Unidos tiene "muchas más municiones que nadie en el mundo" y "muchas más de las que necesitamos", y que sus empresas de defensa están fabricando "más municiones de las que han fabricado nunca". Que no falte ni una hipérbole.
El portavoz jefe del Pentágono, Sean Parnell, afirmó por su parte que el Ejército estadounidense "es el más poderoso del mundo y tiene todo lo que necesita para demostrarlo en el momento y el lugar que elija el presidente".
Ni rastro de los objetivos iniciales
El problema es que todo lo que se está negociando ahora ya se ha negociado antes y no ha llegado a ningún lado.
Hace una semana, Omán presentó una propuesta respaldada por los estados del Golfo para gestionar el estrecho mediante un mecanismo regional conjunto, con supervisión repartida a partes iguales con Irán dentro de sus respectivas aguas territoriales.
Los buques harían contribuciones "voluntarias" destinadas a financiar la navegación, la protección medioambiental y las operaciones de búsqueda y rescate, según el modelo del estrecho de Malaca.
Sin embargo, el viceministro de Exteriores iraní, Kazem Garibabadí, la rechazó públicamente la semana pasada, al considerar que no atendía las preocupaciones de seguridad de su país, y planteó una contrapropuesta: establecer dos rutas desde las que Teherán pudiera supervisar el tráfico en ambos sentidos.
Cartel en contra del presidente Donald Trump en las calles de Teherán.
Garibabadí añadió dos advertencias que definen la posición de su gobierno. La primera, que el estrecho seguirá cerrado si Omán rechaza el plan iraní. La segunda, que Ormuz no volverá al régimen previo a la guerra, aquel en el que los buques comerciales cruzaban sin abonar ninguna clase de peaje.
Un alto funcionario estadounidense citado por Reuters rechazó de inmediato la idea de tasas o peajes por transitar el estrecho, reiterando que se trata de una vía navegable internacional que debe permanecer libre de control o restricciones iraníes.
Curiosamente, Trump dejó caer en su momento que lo del peaje no le parecía tan mal si el "guardián" del estrecho era Estados Unidos. La idea, anunciada como casi siempre en redes sociales, no se sostuvo ni veinticuatro horas.
Mientras tanto, los objetivos que el magnate neoyorquino fijó al lanzar la operación Furia Épica junto a Israel el pasado 28 de febrero siguen sin cumplirse y ya casi ni se contemplan en las negociaciones y declaraciones públicas: desmantelar el programa nuclear iraní, limitar su capacidad de atacar a sus rivales regionales y crear las condiciones para un cambio de régimen.
Según un análisis del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, Irán continúa en posesión de 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60%. La localización exacta de ese material sigue siendo desconocida.