El presidente de EEUU, Donald Trump, comparece este lunes desde el Despacho Oval.

El presidente de EEUU, Donald Trump, comparece este lunes desde el Despacho Oval. Evelyn Hockstein Reuters

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Trump presume del 'muro de acero' de EEUU en Ormuz pero el Pentágono busca formas "ingeniosas" de someter a Irán

El presidente de EEUU acusa a los líderes iraníes de ser "increíblemente hipócritas" y asegura que el estrecho está bajo control absoluto de su Marina.

Todo esto mientras un oficial del Mando Central pedía por correo electrónico a sus analistas ideas nuevas para presionar a Teherán.

Más información: Irán pasa a la ofensiva en todos los frentes: reanuda los ataques contra EEUU y rechaza el plan de Omán para repartirse Ormuz

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Las claves

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Donald Trump presume del control estadounidense sobre el estrecho de Ormuz, llamándolo el 'Muro de Acero', mientras critica la actitud de Irán en las negociaciones.

El tráfico de petróleo por Ormuz ha caído un 70% desde la reanudación del conflicto, y casi el 90% de los buques usan el corredor iraní no reconocido, evitando la ruta protegida por EE.UU.

El Pentágono explora alternativas creativas para presionar a Irán, ya que los ataques aéreos no han logrado modificar la posición negociadora iraní y se agotan los objetivos militares.

Arabia Saudí intervino solicitando a EE.UU. evitar ataques masivos, mientras Irán niega negociaciones directas y solo dialoga con Omán sobre un corredor temporal en Ormuz.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, utilizó este lunes su red social, Truth, para exponer de nuevo su frustración con el régimen de los ayatolás: "¡Los líderes iraníes son increíblemente hipócritas!", escribió Trump.

"Piden una reunión, algunos dirían que la suplican, empiezan las conversaciones, con más programadas de forma inmediata, y dicen, abierta y orgullosamente, que no están manteniendo ninguna negociación, que no se está hablando de nada, y que solo tratan con Omán", lamentó.

El presidente añadió que Teherán se dedica después a "su palabrería habitual" al afirmar que el estrecho de Ormuz será operado por ellos, "cuando ya está completamente controlado por la armada de los Estados Unidos gracias a nuestro bloqueo, o, como lo llaman algunos, '¡El Muro de Acero estadounidense!'".

A partir de ahí, dejó el tono lastimero y se vino arriba: "Nada llega a Irán, a menos que nosotros queramos, y nada llegará, salvo que se logre un acuerdo o una rendición total".

El propio Gobierno estadounidense ofrece cifras algo matizadas al respecto.

El secretario de Energía, Chris Wright, explicó la semana pasada a Bloomberg Radio que "estamos usando al Ejército para escoltar la salida de petróleo y gas del estrecho de Ormuz" y cifró en unos 6,5 millones de barriles diarios los que abandonaron el Golfo por esa vía durante la semana anterior, presumiblemente sin origen en Irán.

Por su parte, Matt Smith, director de investigación de materias primas de la consultora Kpler, calculó que más de 9,2 millones de barriles de crudo iraní habían cruzado el estrecho desde que Trump dio por terminado el alto el fuego el 8 de julio.

Antes de la guerra, circulaban por ahí unos veinte millones de barriles diarios de crudo y derivados, alrededor de una quinta parte del comercio mundial de petróleo.

Lo que el bloqueo sí ha alterado es la geografía del tráfico, y no en favor de Washington. Según el análisis que Kpler publicó el 23 de julio, los cruces diarios por Ormuz cayeron de unos 45 durante la ventana de tregua de junio a en torno a 13 tras la reanudación del conflicto, un descenso del 70%.

El dato relevante, sin embargo, es otro: cerca del 90% de los buques que siguen pasando lo hacen por el corredor iraní no reconocido, y no por la ruta próxima a la costa de Omán que protege la Armada estadounidense.

La consultora atribuye esa concentración a un factor asegurador: como el trazado omaní no era un corredor establecido antes de la guerra, su perfil de riesgo no está cartografiado y las primas no han bajado de forma apreciable para quienes lo usan, lo que ha convertido esa opción en marginal.

Petrolero en el estrecho de Ormuz.

Petrolero en el estrecho de Ormuz. Reuters

El resto de indicadores describe un deterioro que no se corresponde con el de una posición de fuerza.

Kpler ha retrasado a comienzos de 2027 su previsión de normalización del suministro de crudo en Oriente Medio, frente al escenario de desescalada que apuntaba a diciembre, y calcula que las interrupciones de producción, situadas en unos 8 millones de barriles diarios, subirán este mes de agosto hasta los 10 millones y se mantendrán ahí varios meses.

Entretanto, el mercado sigue moviéndose al ritmo de los mensajes del presidente antes que al de los datos: este lunes, tras el anuncio de conversaciones, el Brent caía en torno a un 5% hasta unos 83 dólares y el West Texas cerca de un 6% hasta unos 80, después de una semana en la que el crudo había repuntado hacia los 100.

La OPEP+ aprobó además un aumento de cuotas de unos 188.000 barriles diarios a partir de septiembre.

Una semana, tres giros y una llamada de Riad

La secuencia de los últimos siete días presenta un patrón tan errático como el de los cinco meses anteriores.

El miércoles, Trump amenazó con un ataque de gran envergadura contra objetivos energéticos iraníes en represalia por el misil lanzado contra una base estadounidense en Jordania.

El sábado por la noche, lo canceló alegando que Irán y varios gobiernos de la región habían aceptado las líneas generales de un acuerdo para reabrir Ormuz.

El domingo, a bordo del Air Force One, aseguró que las conversaciones empezarían el lunes y describió la operación abortada como "el mayor ataque desde la Segunda Guerra Mundial".

Este mismo lunes, aseguró en la Casa Blanca que las conversaciones acabarían pronto —en un sentido o el contrario— y que el Estrecho podría estar abierto este mismo martes.

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, y el presidente de EEUU, Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Imagen de archivo.

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, y el presidente de EEUU, Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Imagen de archivo. Evelyn Hockstein. Reuters.

Según Axios, que cita a dos funcionarios estadounidenses y a una tercera fuente anónima, estos últimos vaivenes tienen como origen la llamada telefónica del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, del pasado sábado.

MBS quiso expresarle a Trump su preocupación por los planes de ataque y pedirle que se abstuviera. Riad sabe que sería uno de los primeros objetivos de una represalia iraní y no se fía de que Estados Unidos pueda defenderla con garantías.

La agencia oficial saudí SPA confirmó la llamada y recogió la voluntad del príncipe: "es necesario priorizar el diálogo para reducir la escalada".

El ministro de Defensa saudí, Jalid bin Salmán, había trasladado días antes el mismo mensaje al vicepresidente J. D. Vance, y altos funcionarios de Catar y Pakistán mantuvieron contactos urgentes con representantes de ambos gobiernos, incluido el enviado Steve Witkoff, con el objetivo inmediato de articular un acuerdo entre Irán y Omán que permitiera reanudar el tráfico comercial y evitar así el ataque masivo.

Este lunes, sin embargo, Teherán desmintió por completo el relato presidencial.

El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, afirmó en rueda de prensa que su país no mantiene negociaciones directas ni indirectas con Estados Unidos, que no tiene previsto enviar ni recibir delegaciones "durante estos días" y que todos los negociadores iraníes se encuentran en el país, salvo el ministro Abás Araqchí, de peregrinación religiosa en Irak.

Las únicas conversaciones en marcha, precisó, son con Omán y versan sobre un corredor temporal que fundiría la ruta sur, en aguas omaníes, y la norte, en aguas territoriales iraníes, en un único paso central.

Baghaei añadió que ese entendimiento sería condición necesaria pero no suficiente para reabrir el estrecho mientras persista lo que calificó de agresión estadounidense.

El brainstorming del CENTCOM

Mientras el presidente anunciaba negociaciones, sus militares buscaban alternativas "ingeniosas" para salir del bucle.

Según reveló la cadena CNN este lunes, un oficial de la rama de inteligencia del Mando Central envió el miércoles pasado un correo electrónico a un amplio grupo de analistas militares con una petición explícita: "Estamos buscando nuevas formas creativas y no convencionales de presionar y castigar a Irán".

Dos fuentes conocedoras del mensaje describieron la iniciativa como una sesión de intercambio de ideas abierta a quien tuviera una propuesta mejor que las que ya estaban sobre la mesa. Responsables militares consultados por la cadena señalaron lo insólito que resulta difundir una consulta así por correo electrónico.

El propio CENTCOM no negó estar explorando enfoques nuevos. Su portavoz, el capitán de navío Timothy Hawkins, respondió en un comunicado que el mando "tiene un largo historial a la hora de pensar y trabajar de manera innovadora", mientras que una segunda fuente reconoció que estaban "mirándolo todo" y que era necesario reevaluar la estrategia.

Una de las fuentes citadas por CNN lo formuló en términos más crudos: "En un momento dado, el presidente querrá un acuerdo y necesitará forzarlo. A veces necesitas mentes creativas, sobre todo si te estás quedando sin opciones convencionales".

El contexto militar explica la aparente desesperación. Un alto funcionario estadounidense citado por The Times of Israel advirtió el domingo de que los bombardeos de las dos semanas previas habían agotado en buena medida los conjuntos de objetivos preseleccionados.

Dain Caine este viernes en el Pentágono.

Dain Caine este viernes en el Pentágono. Kevin Lamarque Reuters

El principal asesor militar del presidente, el general Dan Caine, ya había admitido públicamente que el poder aéreo por sí solo no puede lograr todo lo que Trump ha exigido de esta guerra, y tanto la CIA como la Agencia de Inteligencia de Defensa han concluido, según la misma información, que más bombardeos difícilmente modificarán la posición negociadora iraní.

Entre las opciones que los planificadores han examinado figuran desde nuevos ataques contra las instalaciones nucleares restantes hasta una campaña ampliada contra la infraestructura de misiles. Hay quien no descarta tener que enviar tropas sobre el terreno.

Una administración llena de asesores

Lo realmente incomprensible es que la consulta del CENTCOM llegue en el sexto mes de una guerra iniciada el 28 de febrero, y no en la fase previa a su lanzamiento.

Trump la había descrito como una operación de corta duración, pero el conflicto ha causado hasta ahora dieciocho muertos entre los militares estadounidenses, según los recuentos oficiales, y la administración ha sido criticada por su falta de transparencia sobre las bajas.

La semana pasada, NBC News reveló que el presidente había estallado ante sus responsables de seguridad nacional por la ausencia de avances, y una fuente próxima a él reconoció que nunca hubo "una estrategia real sobre cuánto tiempo duraría la guerra o qué debían hacer para llegar al final".

Benjamín Netanyahu y el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, en el funeral en memoria de Lindsey Graham.

Benjamín Netanyahu y el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, en el funeral en memoria de Lindsey Graham. Evelyn Hockstein Reuters

Todo esto resulta especialmente llamativo si tenemos en cuenta la extensísima nómina de quienes intervienen en esa política exterior.

Marco Rubio combina la Secretaría de Estado y la Consejería de Seguridad Nacional; Pete Hegseth dirige el Departamento de Defensa; Witkoff y Jared Kushner han pilotado los contactos discretos con Teherán; el vicepresidente Vance siempre tiene una opinión sobre Irán y Rusia —generalmente, dejarles hacer— y Lindsey Graham, fallecido el 11 de julio, era el principal halcón del Senado en ambos asuntos.

Todo esto para acabar teniendo que hacer una lista de correo llena de analistas militares.

Rubio, por su parte, insistió el domingo en Fox News que los ataques estadounidenses han destruido buena parte de la Armada, la Fuerza Aérea y las defensas antimisiles iraníes, dejando al país sin el "escudo convencional" en el que se apoyaba.

"Eso ha cambiado toda la dinámica", afirmó, y sostuvo que Washington aborda ahora las negociaciones "desde una posición de fuerza, no desde una posición de debilidad".

Eso no debería ser una novedad, pero quien no se conforma es porque no quiere.