Donald Trump comparece este jueves desde el Despacho Oval.

Donald Trump comparece este jueves desde el Despacho Oval. Evelyn Hockstein Reuters

Oriente Próximo

Irán ya no quiere negociar con Trump: rechaza la última propuesta de EEUU y reclama el control de Ormuz

Teherán habría rechazado la propuesta de alto el fuego que EEUU le hizo llegar a través del primer ministro iraquí, Ali al Zaidi.

Más información: La asfixia de los estrechos del Golfo y el temor a un colapso energético empuja a Trump a recrudecer la guerra en Irán

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Las claves

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Irán ha rechazado la propuesta de alto el fuego enviada por la Administración Trump, exigiendo el control del estrecho de Ormuz como condición clave.

Estados Unidos continúa con bombardeos sobre objetivos iraníes, mientras que Irán mantiene ataques contra países del Golfo que albergan bases estadounidenses, como Kuwait y Baréin.

Kuwait y Baréin han realizado represalias directas contra Irán, con apoyo de los Emiratos Árabes Unidos, en respuesta a los ataques iraníes recientes.

La tensión por el control del estrecho de Ormuz afecta gravemente las exportaciones de petróleo y gas de la región y eleva el riesgo de una escalada militar mayor.

Según fuentes mencionadas por The New York Times y la cadena CNN, el régimen iraní habría rechazado el pasado jueves la propuesta de alto el fuego que la Administración Donald Trump había hecho llegar a Teherán a través del primer ministro iraquí, Ali al Zaidi.

Los términos exactos de la oferta no se han hecho públicos, pero el motivo del portazo sí ha trascendido con nitidez: según esa misma información, los responsables iraníes trasladaron que no les interesa ningún acuerdo de carácter temporal que deje sin resolver el estatus del estrecho de Ormuz y el régimen de tránsito por sus aguas.

Al Zaidi había sido recibido ese mismo jueves por el presidente iraní, Masud Pezeshkian, en el palacio de Sa'dabad, y se reunió también con el ministro de Exteriores, Abás Araqchi, en un viaje que Bagdad presentó como parte de la cooperación bilateral ordinaria.

Para entender por qué Ormuz bloquea cualquier tregua conviene recuperar lo que los propios protagonistas llevan semanas diciendo en voz alta. El 13 de julio, después de que Trump anunciara en Truth Social que Estados Unidos pasaba a ser "el guardián del estrecho de Ormuz" y que cobraría por ello un 20% sobre toda la carga transportada.

Araqchi respondió en la red social X con una fórmula que resume la posición iraní: "Irán siempre ha sido el GUARDIÁN del estrecho y lo seguirá siendo POR SIEMPRE", escribió, antes de añadir que un 20% era “demasiado" y que Teherán fijaría un precio más justo.

Hay, además, un obstáculo escrito: el propio Araqchi recordó a principios de mes, también en X, que el párrafo 13 del memorando de entendimiento firmado en junio establece que las negociaciones sobre el acuerdo final no arrancan mientras persistan las amenazas.

Por ese estrecho circulaba, antes de la guerra, alrededor del 20% del petróleo mundial y en torno al 25% del gas natural licuado.

El jueves, preguntado por la gira de Al Zaidi, Araqchi sostuvo ante los medios que Irán "no tiene problema" con la mediación ni con el intercambio de mensajes a través de terceros países, y que el obstáculo real es el enfoque "irrazonable y hegemónico" de Washington.

Fotografía de archivo del ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchi.

Fotografía de archivo del ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchi. EFE.

Sorprendentemente, la oficina de prensa del primer ministro iraquí emitió este viernes un comunicado desmintiendo la información de los medios estadounidenses y afirmando que las alegaciones "carecen por completo de fundamento", además de pedir a la prensa que se abstenga de difundir información atribuida a fuentes anónimas.

Mientras tanto, el Mando Central estadounidense (CENTCOM) anunciaba haber completado su decimotercera noche consecutiva de bombardeos sobre centros de mando militares, almacenes de drones, redes de comunicaciones, puestos de vigilancia costera y capacidades marítimas.

Según Al Jazeera, un misil estadounidense causó cuatro muertos y cinco heridos en las inmediaciones de Ahvaz.

Entre la puerta abierta y "una cabeza por un ojo"

Una muestra de esta política de “palo y zanahoria” la podemos encontrar en el errático discurso del secretario de Estado, Marco Rubio.

El pasado domingo, antes de embarcar hacia la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático en Manila, Rubio dijo a los periodistas en la base conjunta Andrews, en Maryland: "Lo hemos intentado varias veces con Irán y lo seguiremos intentando. Si esa puerta se abre, estaremos encantados de verla abierta".

Añadió, eso sí, una condición: "Su comportamiento tiene que cambiar para que cambie el nuestro".

Tres días después, ya en Manila, sostuvo que Washington está "siempre comprometido con la diplomacia" y explicó dónde localizaba el problema: "Ahora mismo, lo que ocurre es que no se toman en serio las conversaciones. Si ellos van en serio, nosotros iremos en serio. Si no, nos limitaremos a proteger nuestros intereses y también los de nuestros aliados".

En esa misma comparecencia formuló el argumento de fondo de la Administración: si se acepta que un estado decida controlar una vía marítima internacional, cobrar un peaje y volar los barcos de quien no pague, se crea "un precedente muy peligroso" que acabaría repitiéndose en otras partes del mundo, incluida la región del mar de China Meridional.

Sin embargo, el 23 de julio, decidió dar un giro de ciento ochenta grados al ver que su presidente no iba por el mismo camino dialogante.

Respondiendo a un mensaje de Araqchi en el que el ministro iraní resumía su doctrina defensiva como "ojo por ojo", el secretario de Estado replicó ante la prensa en Manila: "La política del presidente es una cabeza por un ojo. Sinceramente, eso es lo que va a ser. Van a pagar un precio muy alto por lo que están haciendo".

Ese mismo día, Trump declaró a Axios que estaba considerando seriamente un ataque "masivo" sobre Irán, "mayor que ninguno anterior", y que estaba cerca de tomar una decisión.

Buques en el estrecho de Ormuz.

Buques en el estrecho de Ormuz. Reuters

En declaraciones recogidas por CNN añadió que los iraníes "necesitan más de lo mismo" y, según la revista Time, sostuvo que Irán no está "listo" para un acuerdo porque todavía no habían "sufrido suficiente dolor".

Con todo, no se puede decir que Estados Unidos no haya intentado con ganas infligir ese dolor o al menos eso se debe inferir del precio que está pagando por esta operación.

El propio Trump confirmó el pasado miércoles que dieciocho militares estadounidenses habían muerto desde el inicio del conflicto, CENTCOM cifra en más de 50.000 los efectivos desplegados actualmente en Oriente Medio y Al Jazeera calcula el coste de la guerra en cerca de 110.000 millones de dólares.

Del lado iraní, un responsable del Ministerio de Sanidad citado por distintas agencias elevaba el mismo miércoles a al menos cincuenta civiles muertos y quinientos heridos el balance de los bombardeos recientes.

Kuwait y Baréin dejan de encajar

Por su parte, según ha revelado el Wall Street Journal citando a personas familiarizadas con la operación, Kuwait y Baréin enviaron en secreto cazas a bombardear objetivos situados dentro de Irán a principios de este mes.

De acuerdo con esa información, se trataría de la primera represalia directa de ambos países contra Teherán, y los ataques se habrían dirigido contra depósitos de almacenamiento de drones y de misiles, entre otros emplazamientos militares.

No fue, además, una iniciativa aislada de dos estados pequeños: los Emiratos Árabes Unidos —que ya habían atacado Irán en varias ocasiones durante las primeras fases de la guerra— aportaron inteligencia sobre los blancos y dieron cobertura aérea defensiva para la operación, un extremo que el diario estadounidense presenta como indicio de una cooperación árabe incipiente frente a Irán.

El motivo de esa decisión es la acumulación de golpes de las últimas semanas. Ambos países albergan bases estadounidenses y por eso Irán ha concentrado en ellos buena parte de sus ataques; disponen de fuerzas aéreas relativamente pequeñas, equipadas con aviones estadounidenses y europeos, pero —según las fuentes citadas por el diario— no estaban dispuestos a seguir permitiendo que Teherán los golpeara impunemente.

El registro reciente ayuda a medir esa presión: el pasado domingo, Kuwait acusó a Irán de atacar "instalaciones civiles y vitales" tras el impacto sobre una planta de energía y desalación por segundo día consecutivo, calificándolo de amenaza para sus ciudadanos y de escalada peligrosa.

El miércoles, el ejército iraní reivindicó ataques con drones suicidas Arash contra almacenes de equipamiento y hangares de mantenimiento en la base aérea bareiní de Sheij Isa.

El jueves, el Ministerio de Defensa kuwaití informó de un ataque con "drones hostiles" contra el paso fronterizo de Al Abdali, con "daños materiales" y sin víctimas, según el portavoz militar, el general de división Saud Abdulaziz al Atuán.

Una columna de humo emerge del lugar donde se encuentra la embajada de Estados Unidos en Kuwait.

Una columna de humo emerge del lugar donde se encuentra la embajada de Estados Unidos en Kuwait. Cedida.

La madrugada del viernes volvieron a sonar las sirenas en Baréin. En la isla se encuentra el cuartel general de la Quinta Flota de la Armada estadounidense.

Dina Esfandiary, especialista en Oriente Medio de Bloomberg Economics, resume el dilema al que se enfrentan estos países árabes al señalar que la prolongación de la guerra en los términos actuales es "el peor escenario posible" para todos ellos, porque les impide reconstruirse y sostener su imagen de refugio de estabilidad en una región inestable: "Afecta a sus propios modelos", afirma.

Umer Karim, investigador de política saudí y geopolítica del Golfo en la Universidad de Birmingham, va más lejos y cree que los estados del Pérsico empiezan a asumir que la guerra va para largo, lo que "en algún momento, implica que tendrán que enfrentarse abiertamente a Irán".

Algunos, añade, están contemplando ya la idea de un cambio de régimen en Teherán, "porque existir en el mismo vecindario que este régimen iraní puede significar, en la práctica, una subordinación a la hegemonía iraní".

Bagdad o el arte de cobrar por estar en medio

El hombre que llevó la propuesta a Teherán llegó al cargo hace poco más de dos meses. Ali Falih Kadhim al Zaidi, banquero y empresario nacido en Bagdad en 1986, fue designado primer ministro en mayo como candidato de consenso tras un año de bloqueo postelectoral.

Su agenda respecto a Washington parece muy clara: inversión estadounidense en petróleo y gas a cambio de progresos medibles en el desarme de las facciones alineadas con Irán antes del 30 de septiembre, fecha que coincide con la retirada prevista del remanente de tropas estadounidenses en Irak.

La cadena catarí, Al Jazeera, cifró en 48 los acuerdos firmados con empresas norteamericanas durante esa visita, lo que justifica el posicionamiento de Al Zaidi en el conflicto.

Según la agencia Associated Press, el país depende del crudo para cerca del 90% de su presupuesto y exporta la mayor parte por Ormuz; el Soufan Center calculaba en junio que la guerra había reducido en un 70% esas exportaciones.

Mientras tanto, el país sigue siendo territorio de paso: este viernes por la mañana, cinco drones fueron derribados en las inmediaciones del aeropuerto internacional de Erbil y un sexto cayó en una zona agrícola próxima, según una fuente de seguridad citada por la agencia Xinhua.

El aeropuerto suspendió temporalmente sus operaciones y las reanudó sin víctimas ni daños. Nadie duda que, detrás del ataque, de nuevo, estaba Irán.

John Calabrese, profesor de Relaciones Internacionales en la American University de Washington D.C., describía esta semana en The Conversation la posición iraquí con una etiqueta útil: la de un "estado intermediario" cuya influencia procede de su capacidad para seguir conectado a redes políticas, económicas y de seguridad que compiten entre sí.

Calabrese advierte, sin embargo, de que esa misma conectividad invita a los actores externos a competir dentro del sistema político iraquí, y de que una escalada prolongada pondría en riesgo tanto ese potencial como la supervivencia del propio Gobierno de Al Zaidi.

Los mercados, entretanto, ya cotizan la duda: el Brent, que había superado el jueves los 100 dólares por primera vez en dos meses tras los ataques hutíes contra petroleros en el mar Rojo, retrocedió un 3,3% este viernes, según Bloomberg, después de que se difundiera que Pakistán, con respaldo chino, trataba de reactivar los contactos entre Washington y Teherán, así hasta que una mañana Bill Murray se despierte y no suenen Sonny y Cher en la radio de su habitación de hotel.