Un oficial naval a bordo del USS Tripoli (LHA 7) supervisa las operaciones de vuelo desde la torre de control mientras el buque de asalto anfibio navega en el mar Arábigo.

Un oficial naval a bordo del USS Tripoli (LHA 7) supervisa las operaciones de vuelo desde la torre de control mientras el buque de asalto anfibio navega en el mar Arábigo. Reuters

Oriente Próximo

Tras cien días de Guerra en Irán, Trump está cansado: las negociaciones para reabrir Ormuz siguen encalladas

La estrategia de Trump de la negociación por la fuerza fortalece a la Guardia Revolucionaria y no sirve para llegar a un acuerdo entre ambas partes.

Más información: Netanyahu y los 'halcones' del Partido Republicano evitaron que Trump diera su visto bueno al "desastroso" acuerdo con Irán

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Las claves

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Se cumplen cien días desde que Estados Unidos mató al líder supremo de Irán, Alí Jamenei, en una operación conjunta con Israel.

Las negociaciones para reabrir el estratégico estrecho de Ormuz siguen bloqueadas, mientras la inestabilidad interna en Irán aumenta el poder de la Guardia Revolucionaria.

Donald Trump ha mostrado desinterés ante el estancamiento de las negociaciones, mientras su popularidad en Estados Unidos cae a mínimos históricos.

El Congreso estadounidense ha aprobado limitar los poderes de guerra de Trump, con algunos republicanos uniéndose a las críticas por su gestión del conflicto con Irán.

28 de febrero de 2026. A primera hora de la mañana, casi sin movimiento en las ciudades y cuando solo los más madrugadores estaban fuera de la cama, salía la noticia: Estados Unidos había matado al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei.

Han pasado ya cien días desde aquella operación que los estadounidenses —muy a su estilo— llamaron Furia Épica y en la que participaba también Israel.

Desde entonces ha habido dos claros frentes abiertos que han ralentizado las negociaciones de paz: el programa nuclear iraní y el estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20% del consumo mundial de petróleo y que permanece cerrado.

Está claro que lo más beneficioso para todos —más allá de para los habitantes de los países implicados—sería llegar a un acuerdo real, que reabriera Ormuz y que impidiera los sucesivos bombardeos cruzados.

Sin embargo, precisamente es el diálogo lo que se les resiste.

Antes de comenzar con su contienda contra Irán, a Estados Unidos le faltó un elemento clave, según varios analistas: la planificación. Para Trump, la guerra iba a ser algo fácil, sencillo, según había podido comprobar cuando atacaron Venezuela.

Nada más lejos de la realidad. Irán es distinto y hubo muchos elementos que la Administración estadounidense no supo prever: el cierre del estrecho de Ormuz, la evacuación de los estadounidenses que estaban en la zona o la política interna de los iraníes.

En esta última radica porqué los estadounidenses están viendo cómo sus estrategias de negociación no funcionan.

Distintos poderes en Irán

Desde la muerte de Jamenei —y ya antes—la política interna de Irán está marcada por una extrema vulnerabilidad y la división institucional. Después de su muerte, fue su hijo, Mojtaba Jamenei, quien asumió el cargo de tercer Líder Supremo.

Esto supuso una ruptura entre el pasado y el futuro, con la inestabilidad como ingrediente clave. De la tradición islámica meritocrática tradicional se pasó a una línea hereditaria de facto.

Algo que no gustó en el país y que ha tensionado las relaciones de los mandatarios con los clérigos más tradicionales y los más radicales.

Mientras tanto, la Guardia Revolucionaria va ganando terreno junto con el Líder Supremo.

Aunque las personalidades oficiales, como el ministro de Relaciones Exteriores o el presidente sean quienes firman los memorandos de entendimiento, son los comandantes quienes tienen un verdadero poder de veto junto con el Líder Supremo.

Ambos vigilan desde Teherán que los diplomáticos no realicen concesiones que consideren una "capitulación" ante el gobierno estadounidense.

De esta forma, el resumen está claro: ante la escalada de la guerra, quienes tienen más poder militar —la Guardia Revolucionaria—avanzan con la excusa de la defensa y con el estrecho de Ormuz como rehén. Y mientras, quienes lo propician no son otros que EEUU.

Con las instituciones tan débiles y en un proceso de reorganización interna, la estrategia estadounidense de golpe y derribo les debilita aún más y propicia que se alcen los militares de la Guardia Revolucionaria, como explican varios analistas como Kenneth Roth, profesor de Princeton.

Trump está "aburrido"

Por lo que el propio Trump ha expresado, la situación ya le está haciendo mella. En una entrevista con el canal de televisión CNBC aseguró que le "daba igual" cómo estaban yendo las negociaciones con Irán.

"La verdad es que me da igual. No me importa lo más mínimo. Si se han acabado, se han acabado", dijo el mandatario estadounidense, que incluso aseguró que le estaban empezando a resultar "aburridas".

Una actitud que coincide con el análisis de varios analistas. En un artículo en The Atlantic, el politólogo Robert Kagan explica que Trump ya no quiere ganar la guerra o salir beneficiado de la guerra. Lo que quiere es rendirse, pero sin que nadie se dé cuenta.

Hay muchos motivos que hacen que el propio Trump necesite que las negociaciones se zanjen positivamente. Por ejemplo, Irán ha estado utilizando el cierre del estrecho de Ormuz para normalizar su control sobre el lugar.

En este sentido, muchos países ya han comenzado a negociar con el país para así intentar mover sus embarcaciones. Es el caso de Corea del Sur, Turquía o Irak. Algo que, según el analista, puede generar un efecto dominó.

El resto de naciones tendrán que comenzar a distanciarse de Estados Unidos e Israel si todo sigue igual para así intentar ganarse el favor de los iraníes y acceder al estrecho. Esto sería un desastre para la Administración Trump, que vería sus alianzas tambalear.

La rendición parece a la vuelta de la esquina. Algo que el mandatario, según su propia personalidad política, no puede tolerar.

Lo que viene entonces son distintas maniobras de distracción, asegura Kagan. Una de ellas ya en marcha —al menos a nivel mediático y en forma de amenazas—: su nueva cruzada contra Cuba.

Un problema para los republicanos

Y precisamente, es necesario que se dé prisa. Sus niveles de popularidad en EEUU están cayendo en picado, sobre todo a raíz de la guerra en Irán.

Su popularidad ya ha caído hasta mínimos históricos y en los niveles de desaprobación se encuentra en un 63%, según el último sondeo de la NBC.

Incluso dentro de su propio partido, su popularidad ha caído. De sus más fieles seguidores —que en el anterior sondeo llegaba al 58% del partido— ahora tan solo quedan el 52%, seis puntos menos.

Incluso, varias personalidades republicanas le han dado la espalda. Muchos, como Roger Wicke, senador por Mississippi, y Mike D. Rogers, representante por Alabama, han criticado sus actuaciones en Irán y el aislamiento internacional al que está sometiendo el país.

Otros, como Rand Paul, senador por Kentucky, han llegado a votar para que los poderes de guerra de Trump fueran limitados y aseguró que muchos estaban en contra del mandatario pero que "no se atrevían a hacer nada para pararlo".

Precisamente, esta misma semana, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó una medida para limitar el poder de Trump en la Guerra. Entre los votos a favor, había cuatro republicanos.

A todos ellos les tachó de "antipatrióticos" y de alimentar el "odio contra Trump" en un mensaje en su red social Truth.

"En una votación sin sentido, la Cámara votó, cuatro republicanos corruptos y todos los demócratas, para limitar mis poderes de guerra, justo en medio de mis negociaciones finales para poner fin a la guerra con la República Islámica de Irán", escribió.

Unas negociaciones que él mismo tacha de "aburridas".