El jefe de las Fuerzas de Defensa y jefe del Estado Mayor del Ejército de Pakistán, el mariscal de campo Asim Munir, habla con el vicepresidente de EEUU, JD Vance.. Reuters
El pacificador improbable que vino de Pakistán: el mariscal de campo Asim Munir se consolida como puente entre EEUU e Irán
La mediación del líder militar paquistaní puede haber desencallado el conflicto: así lo prueban los diez días de alto el fuego entre Israel y el Líbano, y la decisión de Irán de reabrir el estrecho de Ormuz.
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El mariscal de campo paquistaní, Asim Munir, se plantó el pasado miércoles por la tarde en Teherán con un mensaje de Washington en el bolsillo.
Acompañado por el ministro del Interior, Mohsin Naqvi, Munir fue recibido en el aeropuerto por el jefe de la diplomacia iraní, Abás Araqchi, en lo que los medios estatales persas describieron como "una visita encaminada a planificar la próxima ronda de negociaciones".
El militar paquistaní, ascendido tras mediar en el conflicto entre India y Pakistán el año pasado, se ha convertido en el intermediario más valorado entre dos potencias que llevan casi siete semanas matándose.
Munir llevaba en su maletín lo que fuentes cercanas a las conversaciones describen como una propuesta modificada de Estados Unidos sobre el programa nuclear iraní.
Casualmente —o no— cuarenta y ocho horas después de su visita, Irán anunció la reapertura del estrecho de Ormuz.
La pregunta es si todos estos pasos serán suficiente para evitar que el alto el fuego expire sin acuerdo el 22 de abril.
Irán ha suavizado sus posiciones públicas sobre el enriquecimiento de uranio. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmail Baqaei, dijo que Teherán estaba "abierto a discutir el tipo y nivel de su enriquecimiento de uranio", aunque mantuvo que el país debe poder continuar dicho enriquecimiento.
Mientras, Trump afirma que seguirá el bloqueo naval a todos los puertos iraníes y amenaza con sanciones secundarias a cualquier país que comercie con Irán.
Es un equilibrio frágil: Estados Unidos exige una moratoria de 20 años en el enriquecimiento, Irán ofreció cinco en Islamabad el fin de semana pasado, y ahora Munir debe encontrar un punto medio que permita a ambas partes reclamar victoria.
Las fuentes consultadas por Al Jazeera sugieren que los mediadores paquistaní son "optimistas sobre un posible gran avance en el frente nuclear", pero advierten de que "hay gente poniendo pegas en los dos lados".
El último rumor es que podría llegarse a un acuerdo por 20.000 millones de dólares, algo parecido al plan firmado por Barack Obama del que tanto renegó Trump en su momento.
En declaraciones al New York Post, el propio Trump elogió el "gran trabajo" que estaba haciendo Munir para moderar las conversaciones. Dejaba claro así hasta qué punto el éxito o el fracaso de estas negociaciones dependen de su figura.
"Pakistán es el único mediador en esta negociación, aunque muchos países del mundo han ofrecido su ayuda", dijo Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca.
Fuentes iraníes informaron el pasado jueves de una visita inminente de Munir a Washington, aunque desde Pakistán se ha negado este extremo por completo.
Delighted to welcome Field Marshal Munir to Iran.
— Seyed Abbas Araghchi (@araghchi) April 15, 2026
Expressed gratitude for Pakistan's gracious hosting of dialogue, emphasizing that it reflects our deep and great bilateral relationship. Our commitment to promoting peace and stability in the region remains strong—and shared. pic.twitter.com/e74lm6hL8r
El precedente de Cachemira
La relación entre Asim Munir y Donald Trump se forjó en los cuatro días de mayo de 2025 en los que India y Pakistán se acercaron peligrosamente a una guerra nuclear —o eso afirma constantemente el presidente estadounidense— tras el ataque terrorista de Pahalgam en Cachemira.
Nueva Delhi acusó a Islamabad de apoyar el terrorismo transfronterizo y el 7 de mayo, lanzó la Operación Sindoor con ataques de misiles contra instalaciones de grupos militantes en Pakistán y la Cachemira controlada por Pakistán.
Pakistán respondió con sus propios ataques, y durante tres días el subcontinente vivió la escalada militar más peligrosa desde las pruebas nucleares de 1998.
Fue entonces cuando Marco Rubio empezó a hacer llamadas telefónicas: el secretario de Estado habló con el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, con el ministro de Exteriores, Ishaq Dar, y, sobre todo, con Munir.
El jefe del Ejército paquistaní no solo aceptó la propuesta de desescalada, sino que convenció al liderazgo político de Islamabad para que diera el primer paso hacia el alto el fuego.
Al mes siguiente, Pakistán nominó a Trump para el Premio Nobel de la Paz por su papel en el alto el fuego.
Ahora bien, dentro de la Administración estadounidense, se entendía que Munir había sido la clave. Su capacidad para tomar decisiones rápidas, comunicarse directamente con el liderazgo civil y mantener el control sobre su propio ejército durante la crisis impresionó profundamente a Washington.
Trump empezó a referirse a él como "mi mariscal de campo favorito" y "un gran luchador". La química personal importa con Trump, y Munir la tiene.
"¡Gracias a Pakistán y a su gran primer ministro y mariscal de campo, dos personas fantásticas!", escribió este viernes en Truth Social.
Pakistán tiene razones estratégicas profundas para querer la paz en Oriente Próximo, más allá del deseo de agradar al gigante norteamericano.
El país importa el 85% de su petróleo, la mayoría a través del estrecho de Ormuz, que sigue efectivamente cerrado por el control iraní.
Los precios del combustible se han disparado en Pakistán —la gasolina cuesta ahora un 40% más que antes de la guerra— y la inflación está alimentando el descontento social en un país que ya sufría una crisis económica severa.
Además, Pakistán mantiene una relación estratégica con China, que también depende del estrecho para sus importaciones de petróleo.
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, este sábado en la reunión para dialogar sobre Irán, en Islamabad, Pakistán.
Acusado de "terrorismo de Estado"
Dicho esto, la figura de Asim Munir no está libre de controversias. Activistas de derechos humanos han acusado al mariscal de campo de intensificar las operaciones militares en Baluchistán bajo el pretexto de combatir el separatismo y proteger el CPEC.
El Consejo de Derechos Humanos de Baluchistán (HRCB) documentó 144 casos de desapariciones forzadas y 46 asesinatos solo en febrero de 2025.
Mir Yar Baloch, activista baluchi, escribió el pasado mes de diciembre que "bajo el régimen radical y militarizado del general Asim Munir, Pakistán está tratando de vender billones de dólares en minerales y recursos de tierras raras de Baluchistán a potencias extranjeras, mientras conduce operaciones militares masivas contra las mismas personas que poseen esa tierra".
Las acusaciones van más allá de la represión política: incluyen bombardeos aéreos, operaciones militares a gran escala y lo que los críticos describen como "terrorismo de Estado" para silenciar la disidencia.
La paradoja es evidente: el mismo hombre que Washington celebra como pacificador entre Estados Unidos e Irán es acusado por grupos de derechos humanos de intensificar la represión interna en su propio país.
Un informe de Eurasia Review de abril de 2025 señalaba que "bajo el liderazgo militar actual, las relaciones entre militares y ciudadanos no han hecho sino empeorar".
Nada de esto parece importarle a Trump: necesita un mediador que pueda entregar resultados, y Munir ha demostrado que puede hacerlo. Con peores bueyes ha arado Estados Unidos.
Si Munir logra una extensión del alto el fuego esta semana, con o sin viaje a Washington, habrá ganado un tiempo precioso.
Si consigue un marco de acuerdo antes de finales de abril, habrá conseguido uno de los logros diplomáticos más importantes de la década.
Incluso si fracasa, será recordado como el intermediario que estuvo cerca de la paz, pero no pudo cerrar el trato.
Mientras tanto, en Islamabad, ya preparan los protocolos para una segunda ronda de conversaciones que podría definir el futuro del Oriente Próximo y reordenar las relaciones diplomáticas en todo el continente.
Habrá que ver cómo se toman todo esto la India y su primer ministro Narendra Modi: no es fácil ver cómo el estatus de tu vecino pasa de creador de problemas a solucionador de los mismos.