Mojtaba, segundo hijo de Alí Jamenei, durante una visita la oficina de Hezbolá en Teherán Reuters
Mojtaba, el "príncipe en la sombra" vinculado a la Guardia Revolucionaria que emerge para perpetuar el ala radical en Irán
Militar durante la guerra con Irak, el segundo hijo de Ali Jamenei representa a los sectores más radicales entre las filas del régimen.
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Cuando Ali Jamenei fue designado como líder supremo de Irán en 1989, su hijo Mojtaba todavía quitaba el polvo a su uniforme de militar con el que había servido en la guerra contra Irak.
Su vida estaba a punto de dar un giro absoluto. Desde entonces comenzó una ruta de formación como estudiante, acompañado de las visiones más rigoristas del islam, que le llevaría a la ciudad de Qom, sagrada para los chiíes.
Ambas facetas, la de clérigo religioso vinculado a las visiones más extremistas y la de militar fuertemente vinculado a la Guardia Revolucionaria, marcaron su vida como "príncipe en la sombra" de su padre.
Ahora le sucede en un abierto desafío a Estados Unidos e Israel, que ya se aprestan para continuar la ofensiva contra el representante del ala más dura de los ayatolás.
Llega al trono de Teherán en un momento duro: tras la muerte de su padre en un ataque en el que también fallecieron su esposa, Zahra Adel, su madre y uno de sus hijos.
Nacido en 1969 en Mashhad, uno de los grandes centros religiosos iraníes, creció en los años en que su padre participaba en la oposición contra el sha y en la construcción de la República Islámica.
Tras terminar la secundaria, se unió en 1987 a la Guardia Revolucionaria y participó en la fase final de la guerra entre Irán e Irak.
Ese conflicto marcó a toda una generación de dirigentes del régimen y consolidó la alianza entre el clero y el aparato militar.
Como estudiante en Qom, se formó junto a algunos de los clérigos más influyentes del país y llegó a impartir clases en el seminario.
Fue también una escuela política. Allí comenzó a tejer una red de relaciones con figuras del clero y de la seguridad que acabarían definiendo su carrera.
Sin embargo, su poder siempre se ejerció desde la discreción.
Una mujer porta la imagen de Ali Jamenei durante una manifestación. Reuters
Mojtaba nunca ocupó un cargo oficial en el Gobierno, rara vez ha hablado en público y apenas aparece en actos políticos. De hecho, son escasas las imágenes disponibles.
Su papel se ha desarrollado entre bastidores, manejando asuntos de la oficina del difunto líder supremo y actuando como uno de los principales intermediarios entre su padre, los clérigos conservadores y la Guardia Revolucionaria.
Por eso se ganó el nombre de "príncipe en la sombra".
Relevancia interna
Poco a poco, fue ganando influencia dentro del aparato de seguridad. Muchos lo describían como el “guardián” de su padre.
También como una figura cercana a las generaciones más radicales de la Guardia Revolucionaria, el cuerpo militar que sostiene el régimen con su terrible crueldad.
Su capacidad de influencia quedó patente en 2005, cuando los reformistas iraníes lo acusaron de haber apoyado, junto a sectores clericales y militares, el ascenso del entonces desconocido Mahmoud Ahmadinejad a la Presidencia.
Su rol fue fundamental para frenar a los reformistas y mantener la visión más rigorista de un movimiento ya de por sí radical.
La polémica reapareció en 2009, cuando las elecciones que otorgaron un segundo mandato a Ahmadinejad provocaron una oleada de protestas en todo el país.
El clérigo reformista Mehdi Karroubi acusó directamente a Mojtaba de interferir en el proceso electoral. Ali Jamenei se vio obligado a salir entonces en defensa de su hijo.
A pesar de ese bajo perfil, el nombre de Mojtaba ha estado siempre ligado a la sucesión del poder.
En 2024, la Asamblea de Expertos comenzó a estudiar los escenarios para sustituir al líder supremo, es decir, a su propio padre, aunque el propio Jamenei llegó a declarar públicamente que su hijo debía quedar fuera de la lista.
La posibilidad nunca desapareció del todo y cobró fuerza tras la muerte ese mismo año del expresidente Ebrahim Raisi, uno de los candidatos más fuertes.
Mojtaba Jamenei, durante una visita la oficina de Hezbolá en Teherán el 1 de octubre de 2024. Reuters
Su ascenso al poder tiene también un fuerte componente simbólico. La revolución de 1979 derrocó al sha Mohamed Reza Pahlavi precisamente para acabar con un sistema de poder dinástico.
Colocar ahora al hijo del líder supremo muerto en los ataques de EEUU e Irán evoca ese mismo modelo que la República Islámica prometió erradicar.
Su elección también refleja el peso de la Guardia Revolucionaria dentro del sistema político iraní.
Mojtaba mantiene vínculos estrechos con este cuerpo militar y con el entramado que controla buena parte de la economía del país.
Con su turbante negro de sayyed, símbolo de un linaje que se remonta al profeta Mahoma, y un parecido físico notable con su padre, Mojtaba Jamenei encarna la continuidad más dura.
Ahora, con la sangre de su padre, su madre, su esposa y uno de sus hijos todavía fresca, deberá decidir hacia dónde encaminar una guerra que puede llevar al país a una guerra de proporciones globales.