Oriente Próximo

65 muertos en las protestas de Irán: Trump amenaza a Jamenei con que "no empiece a disparar" porque EEUU también lo hará

El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, dice que la República Islámica no desea entrar en una nueva guerra, pero asegura que el régimen está preparado en caso de que Estados Unidos o Israel lancen nuevos ataques sobre su territorio.

Más información: Apagar la red para silenciar la calle: así se lleva a cabo un bloqueo de Internet a nivel nacional como el de Irán

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Las claves

Al menos 65 personas han muerto en las protestas en Irán, según organizaciones de derechos humanos, tras enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Donald Trump ha amenazado al líder supremo iraní, Alí Jamenei, advirtiendo que EE.UU. responderá con fuerza si la represión contra manifestantes continúa.

Las protestas, motivadas por la crisis económica y la inflación, se han extendido a todas las clases sociales y a diversas ciudades, incluidas Mashhad y Teherán.

El gobierno iraní ha intensificado la represión, incluyendo cortes de internet y amenazas de penas de muerte para manifestantes armados.

El ayatolá Alí Jamenei dice de los manifestantes que protagonizan estos días la mayor oleada de protestas contra el régimen de los últimos diecisiete años que no son más que un grupo de "vándalos" que buscan "complacer" a Donald Trump. El líder supremo iraní no abre la mano.

No concede un solo milímetro a los descontentos, a diferencia del presidente Masud Pezeshkian, sabedor de que la República Islámica necesita abordar las preocupaciones diarias de la gente si quiere subsistir. El dirigente reformista pide a los suyos evitar "cualquier conducta violenta o coercitiva" hacia los manifestantes, pero su Gobierno se cruza de brazos.

Donald Trump, por su parte, subrayó este viernes que Irán atraviesa "grandes problemas" y redobló sus amenazas contra la República Islámica, en caso de que la represión contra los manifestantes cruce nuevas líneas rojas: "Más les vale que no empiecen a disparar, porque nosotros también empezaremos a disparar".

"Si empiezan a matar gente como han hecho en el pasado, intervendremos", advirtió el inquilino de la Casa Blanca, que descartó "enviar tropas sobre el terreno". Trump amenaza, en cambio, con "golpearlos muy, muy fuerte, donde más les duele", como hizo durante la llamada Guerra de los Doce Días del pasado mes de junio.

La última oleada de protestas en Irán comenzó el pasado 28 de diciembre, y trece días después sigue en pie. Por el momento, según los datos de Iran Human Rights, una organización en defensa de los derechos humanos con sede en Oslo, "al menos 51 manifestantes" han muerto como consecuencia de los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

La cifra parece oscilar, HRANA, otra oenegé radicada en Washington, cifra en 65 el número de víctimas mortales, entre las que figuran manifestantes y miembros de las fuerzas de seguridad. Human Rights Watch (HRW), por su parte, pudo confirmar el fallecimiento de 28 personas.

La represión no quiebra a los manifestantes, espoleados por la drástica caída del rial, que perdió la mitad de su valor, y el aumento de la inflación, disparada por encima del 40 por ciento.

Fueron los comerciantes y los tenderos, cansados de la volatilidad del tipo de cambio, los que primero se lanzaron a las calles. Las movilizaciones surgieron, además, en las provincias, en pequeños núcleos de población, lejos del foco mediático. Pronto escalaron hasta las ciudades.

Ahora, los disturbios encuentran su epicentro en Mashhad y Teherán. Hasta los barrios acomodados del norte de la capital, como Gheytarieh, Gholhak, Sa’adatabad, Tajrish o Vanak, entraron en ebullición. Las protestas cubren ya toda la ciudad. Un indicativo de que la raíz del descontento es diferente a las anteriores.

"Las protestas son comparables a las movilizaciones de 2009, en términos del número de participantes", explica en conversación con este periódico el analista Saeed Aganji, quien percibe sin embargo que, en esta ocasión, se ha sumado a las marchas "un segmento mucho más amplio de la sociedad, en particular de las distintas clases sociales". El movimiento es transversal.

Pero el Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC), órgano encargado de la seguridad interna, dice que no mostrará "indulgencia" con los manifestantes, a los que describe como "perturbadores de la paz y la seguridad".

El jefe del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni-Ejei, los llama "alborotadores". El fiscal de Teherán, Ali Salehi, pedirá pena de muerte para los manifestantes que porten armas blancas o de fuego y dañen bienes públicos.

El líder supremo irání, Ali Jameneí, en una imagen de archivo.

El líder supremo irání, Ali Jameneí, en una imagen de archivo. Reuters

En los primeros compases de las protestas, Trump ya había amenazado con "golpear con fuerza" a Irán en caso de que la represión fuera a más. Cosa que ha sucedido. Los manifestantes acusan a las fuerzas de seguridad de abrir fuego a bocajarro, de atacar hospitales y personal sanitario y de llevar a cabo detenciones masivas.

Este jueves, además, las autoridades iraníes tiraron abajo las comunicaciones. Cortaron el acceso a internet. Irán quedó aislado del resto del mundo. Con la excepción de Jamenei, un usuario especialmente activo en la red social X.

"El apagón de internet a escala nacional marca una nueva fase. Reduce de forma considerable la capacidad de Iran International y medios similares para movilizar, coordinar y moldear la dinámica de las protestas, al tiempo que facilita una represión más dura lejos del escrutinio público", denuncia el investigador Ali Alfoneh, cuyo análisis rebaja el optimismo de la oposición: "La República Islámica está sometida a una presión intensa, pero su colapso no es inminente".

Tampoco reman en esta dirección las alternativas existentes. Los opositores permanecen divididos. Algunos sectores, cada vez más ruidosos tanto dentro como fuera del país, piden la vuelta de la monarquía. Son nostálgicos de los años del sha o jóvenes que ni siquiera vivieron aquella época. No importa. Apoyan a su hijo, reclaman el regreso del príncipe heredero Reza Pahlaví, exiliado en Estados Unidos.

El propio Reza Pahlaví, que espolea las protestas desde su residencia en Maryland, persigue a la desesperada una reunión con Trump. Quiere visitar al presidente cuanto antes en su resort de Mar-a-Lago. De momento, Trump parece reacio. Prioriza dialogar con Teherán, sentar al régimen en la mesa de negociación para desactivar su programa nuclear, un objetivo que no consiguió con sus ataques de junio del pasado año.

"Como ha dicho el presidente, lo más inteligente que podrían hacer, era cierto hace dos meses y lo es hoy, es mantener una negociación real con Estados Unidos sobre lo que necesitamos ver respecto a su programa nuclear", avanzó su vicepresidente, J.D. Vance.