Pedro Sánchez, este martes en las calles de Nueva York.
Sánchez recibe otro revés de la UE y busca la foto con Mamdani mientras Trump y la OTAN se reconcilian sobre Groenlandia
Alemania le reclama más "espíritu europeo" al rechazar su órdago de vincular el catalán con la ampliación de la Unión.
Moncloa justifica la ausencia del presidente en la recepción de Trump porque la invitación le llegó tarde.
Más información: Alemania y otros miembros de la UE critican a Sánchez por ligar la ampliación al catalán y siguen vetando su oficialidad
Pedro Sánchez afronta otra semana complicada, marcada en el exterior por el nuevo fracaso en Bruselas en su intento por dar oficialidad al catalán y por su desconexión de acontecimientos de primer orden, como el acuerdo de Estados Unidos con Dinamarca sobre Groenlandia, que reconcilia a Donald Trump con la OTAN.
Nueva York, donde el presidente del Gobierno encabeza la delegación española en la Asamblea General de la ONU, no promete ser un oasis.
Mientras emprendía el viaje conoció la decisión del juez Juan Carlos Peinado de enviar a juicio ante jurado a su esposa. Pero además, los ecos de Ceuta se escuchan también a cada momento en la Gran Manzana.
Una vez que se ha descolgado con una excusa chocante de la recepción que Trump ofrecía a los principales líderes -"la invitación llegó hace escasas fechas", en palabras de la portavoz Elma Saiz- Sánchez intenta reforzar su perfil izquierdista encontrándose este miércoles con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.
Hasta ahora, su otro aliado en este viaje ha sido Delcy Rodríguez, la heredera del preso Nicolás Maduro.
Ayer, durante el discurso ante el plenario de Naciones Unidas del presidente brasileño Lula da Silva, la mandataria venezolana se levantó y cruzó toda la sala para saludar a Sánchez y agradecerle su apoyo ante la UE para que levanten las sanciones a su país.
El presidente del Gobierno, que estaba hablando por teléfono, cortó la llamada al instante para saludarla con dos besos, mostrando afecto y cercanía, y emplazándola a seguir conversando en otro momento.
Estando en Nueva York, Sánchez conoció su nuevo fracaso ante la UE en el intento por lograr que el catalán sea lengua oficial, tal y como le exige Carles Puigdemont a cambio de su apoyo a los Presupuestos de 2027. A la octava tampoco fue la vencida.
Si se compara con lo que cuentan el resto de países, la versión ofrecida por el Ministerio de Asuntos Exteriores del debate a puerta cerrada celebrado en Bruselas sobre este asunto, parece que el secretario de Estado, Fernando Sampedro, asistió a una reunión distinta.
El Consejo de Asuntos Generales despachó en apenas 15 minutos la petición del Gobierno español, según explicaron a EL ESPAÑOL fuentes europeas.
La respuesta volvió a ser la misma que en las siete ocasiones anteriores: persisten las "dificultades jurídicas" y un amplio grupo de países, con Alemania a la cabeza, se opone a la propuesta.
Precisamente el representante alemán llegó a reclamar más "espíritu europeo" a España al negarse a aceptar su órdago de vincular el catalán con la ampliación de la UE.
El Gobierno de Sánchez amenaza veladamente a sus socios con vetar la entrada de nuevos países al club -empezando por Montenegro y Albania- si antes no se acepta su petición sobre el catalán.
El secretario de Estado para la UE, Fernando Sampedro, conversa con su homólogo irlandés, Thomas Byrne, durante la reunión de este martes en Bruselas
En su estrategia, el departamento de José Manuel Albares recurrió esta vez al lema de la UE "Unidos en la diversidad", en un intento desesperado por salvar la oficialidad del catalán.
La posición española la definen algunos Estados miembros como un intento de "chantaje", hartos de que el Gobierno de Sánchez lleve una y otra vez la iniciativa pese a saber de antemano que no reúne la unanimidad necesaria para sacarla adelante.
En el debate de este martes, sólo tres países intervinieron para dar la réplica a Sampedro: Alemania, Suecia y Lituania.
Los tres repitieron el mismo mensaje: "Las cuestiones relativas a las lenguas oficiales de los actuales Estados miembros de la UE no deben vincularse a la ampliación de la UE".
"Lamentablemente, en la UE existe la mala costumbre de que los Estados miembros planteen exigencias a sus vecinos que aspiran a ingresar en la Unión, creyendo que así pueden imponer sus posiciones utilizando esa baza como presión. No comparto en absoluto este enfoque", declaró el secretario de Estado alemán para la UE, Gunther Krichbaum.
Frente a estas declaraciones, tanto públicas como a puerta cerrada, el Ministerio de Exteriores sostiene que su propuesta "suscita una amplia comprensión por parte de la mayoría de los Estados miembros de la UE".
En contraste, el secretario de Estado irlandés de Asuntos Europeos, Thomas Byrne, cuyo país ocupa la presidencia de turno de la UE, resaltó que "se trata de una propuesta que requiere unanimidad y los servicios jurídicos del Consejo han señalado dificultades legales".
Esas "dificultades" se resumen en que el reconocimiento del catalán exigiría una reforma de los Tratados, un paso que no está dispuesto a dar ningún Estado miembro.
Al otro lado del Atlántico
Entre tanto, mientras Sánchez preparaba su cita con el alcalde Mamdani, Trump y la OTAN escenificaban su reconciliación tras llegar a un acuerdo sobre Groenlandia.
El presidente de EEUU, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, y el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, firmaron el nuevo acuerdo de seguridad para la isla del Ártico que la OTAN respalda.
Su secretario general, Mark Rutte, celebró así el acuerdo: "Conocemos las amenazas a las que nos enfrentamos, y una mayor seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte es esencial tanto para Europa como para América del Norte".
El pacto amplía el acceso y la presencia militar estadounidense, moderniza las actividades de Washington en la base de Pituffik y contempla nuevas áreas de defensa, al tiempo que reafirma la soberanía danesa.
El acuerdo impide además que países ajenos a la OTAN establezcan bases o mantengan una presencia militar permanente en Groenlandia sin el consentimiento de las partes. La primera ministra danesa, socialdemócrata, lo presentó como un acuerdo que puede "durar para siempre".
El acuerdo permite a Trump presentarse ante sus aliados como el artífice de una solución a una crisis que había deteriorado la relación entre Washington y Copenhague, y que había generado también inquietud dentro de la Alianza Atlántica.
Para la OTAN y para varios gobiernos europeos, el pacto ofrece imagen de coordinación occidental ante la creciente importancia estratégica del Ártico.
Pero en ese nuevo paisaje diplomático, Sánchez queda fuera de la fotografía central, alejado de Trump y de la UE.
A cambio, pretende encontrar en Mamdani un socio político afín por su discurso multicultural, intervencionista y su atractivo como influencer.
Sánchez, al otro lado del Atlántico y de la mano de uno de los referentes de la izquierda estadounidense, busca la oportunidad de proyectarse como referente de las nuevas corrientes progresistas.