Vladímir Putin asiste a una reunión en el Kremlin con el presidente de Laos, Thongloun Sisoulith. Reuters
Zelenski y sus drones 'vuelven loco' a un Putin que no avanza en Ucrania y propone como mediador a su 'amigo' Schroeder
Las abrumadoras medidas de seguridad del pasado Día de la Victoria, junto a la petición de Putin de árbitros internacionales para solucionar el conflicto son la consecuencia de un hecho irrebatible: Ucrania ya puede defenderse sola y los números así lo avalan.
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Era un 28 de febrero de 2025 y a Donald Trump se le ocurrió decirle al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en pleno Despacho Oval y con las cámaras encendidas, "you don't have the cards" ("no tienes cartas", en una terminología sacada del póker).
Se trataba de una escena inédita: Trump y su vicepresidente, JD Vance, increpando al líder de un país en guerra ante los medios internacionales. Vance le preguntó si había dado las gracias alguna vez; Trump le recordó que su país estaba "hundido" y que "la gente se muere".
Zelenski respondió sin apartar la vista: "I'm not playing cards. I'm very serious, Mr. President." ("No estoy jugando a las cartas. Lo digo muy en serio, señor presidente"). No firmó el acuerdo de minerales, fue invitado a marcharse y Trump escribió en Truth Social que podía volver "cuando estuviera listo para la paz".
Quince meses después, el tablero ha cambiado de forma tan radical que merece la pena reconsiderar quién tenía las cartas necesarias para ganar la partida y quién no.
La Administración Trump viene construyendo desde el primer día una política de doble rasero que combinaba dureza con Ucrania e indulgencia con Rusia. Suspendió toda ayuda militar a Kiev —municiones, inteligencia, equipos de última generación—, y presionó a los aliados para que dejaran de hablar de "derrota rusa" como condición de paz.
Con el tiempo, la cosa no ha ido a mejor: Trump levantó el pasado mes de marzo las sanciones al petróleo ruso y miró hacia otro lado cuando la inteligencia documentó el suministro iraní de drones Shahed a Moscú.
Irónicamente, ya en agosto de 2025, una delegación ucraniana había ofrecido a Washington su tecnología de drones interceptores en una presentación con PowerPoint en la Casa Blanca, advirtiendo de que "Irán está mejorando el diseño de sus drones Shahed". Trump pidió a su equipo que lo estudiara. "Se marcharon y no hicieron nada", contó un alto cargo ucraniano al digital Axios.
Cuando Irán empezó a matar soldados estadounidenses con exactamente ese tipo de drones, el ofrecimiento se repitió… todo para volver a encontrarse con el desprecio de Trump.
Ursula von der Leyen, Volodímir Zelenski y Antonio Costa, durante la reunión de este jueves en Chipre
Ucrania resiste
Obviamente, Ucrania sería más fuerte si Estados Unidos hubiera mantenido su apoyo a niveles parecidos a los de la Administración Biden. Ahora bien, la historia militar de estos últimos meses no habla precisamente de un cataclismo.
En 2022, Rusia capturó 120.000 kilómetros cuadrados en las primeras cinco semanas. En 2023, ganó unos 540 kilómetros cuadrados netos. En 2024, con la maquinaria rusa acelerada en previsión de un triunfo republicano en noviembre, subió a casi 3.600, con picos de 20 diarios en noviembre. El peor año, como era de esperar, fue 2025: 5.620 kilómetros cuadrados cedidos por Kiev.
Sin embargo, en lo que llevamos de 2026, los números indican un agotamiento.
Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés), en abril, Rusia perdió más territorio del que ganó por primera vez desde el verano de 2023.
El total acumulado del año está en torno a los 500 kilómetros cuadrados, más o menos lo que en 2024 o 2025 Rusia avanzaba en un mes. Solo en el Donbás, Ucrania mantiene bajo su poder unos 6.000 kilómetros cuadrados de territorio.
La razón está en los drones.
Las capacidades de la industria de defensa ucraniana “se han multiplicado por cincuenta” desde el inicio de la invasión, según el exministro de Defensa, Rustem Umiérov.
Ucrania producirá alrededor de 8 millones de drones FPV este año frente a los 4 millones de 2025, y el 80-85% de sus objetivos está en primera línea de combate, según el Centro para el Análisis de la Política Europea (CEPA, por sus siglas en inglés).
En marzo de 2026, por primera vez, Ucrania lanzó más drones de largo alcance contra Rusia de los que Rusia lanzó contra Ucrania. En abril, golpeó la infraestructura petrolera rusa al menos 21 veces, reduciendo su procesamiento de crudo al nivel más bajo desde 2009, según Bloomberg.
El 5 de mayo, drones ucranianos alcanzaron la planta VNIIR-Progress en Chuvashia, donde se fabrican los módulos de navegación de los drones Shahed.
Chuvashia está a más de 1.000 kilómetros de la frontera entre ambos países.
Gerhard Schröder y Vladímir Putin, en San Petersburgo en 2016. Reuters
Putin pide árbitros
Esto explica el tono del discurso de Vladímir Putin el sábado 9 de mayo en la Plaza Roja. Había cancelado el desfile de tanques y misiles balísticos —por primera vez en casi veinte años— bajo medidas de seguridad extremas.
Ese mismo día, declaró ante periodistas que el conflicto estaba "llegando a su fin" y propuso como mediador para las negociaciones con Europa a Gerhard Schröder, excanciller alemán de 82 años que gobernó Alemania entre 1998 y 2005.
Schröder es amigo personal de Putin desde entonces y presidió el consorcio que construyó el gasoducto Nord Stream que unía Rusia con Alemania.
"Para mí, personalmente, es preferible el excanciller de la República Federal Alemana (sic), el señor Schröder", dijo.
La propuesta fue recibida con escepticismo en Bruselas: el presidente del Consejo Europeo, António Costa, habló de "potencial" para negociar, pero sin comprometerse con la figura del excanciller.
La ambigüedad de la frase "llegando a su fin" no es accidental. Puede significar que Putin cree que Rusia está a punto de ganar militarmente —algo que contradicen los datos del ISW—, o que el Kremlin estaría dispuesto a conformarse con un escenario de paz que no cumpla todas sus condiciones originales, algo que encajaría con el perfil de un ejército que lleva meses sin avanzar y que ve cómo sus fábricas de drones son alcanzadas a 1.000 kilómetros de la frontera.
Trump solicitó a Ucrania, supuestamente por petición del propio Putin, una tregua de tres días para el Día de la Victoria, que Kiev aceptó.
En concreto, la respuesta de Zelenski fue el Decreto Presidencial Nº 374/2026, firmado el 8 de mayo: "Teniendo en cuenta las numerosas solicitudes, por razones humanitarias establecidas en las negociaciones con la parte estadounidense el 8 de mayo de 2026, decido: autorizar la celebración de un desfile en la ciudad de Moscú el 9 de mayo de 2026. Durante el desfile, la Plaza Roja queda excluida del plan de uso de armas ucranianas".
El documento incluía las coordenadas GPS exactas de la plaza y solo le faltaba un "THANK YOU FOR YOUR ATTENTION TO THIS MATTER" como frase final para terminar la mofa hacia Trump.
La tregua de tres días expiraba este lunes y el intercambio de prisioneros en formato 1.000 por 1.000, aunque acordado, seguía pendiente de ejecución.
Volodímir Zelenski junto al ministro de Energía de Catar. Reuters
Un ejército que ya da lecciones
Pese al continuo ninguneo estadounidense, el resto de países sí está dispuesto a beneficiarse de la experiencia y el conocimiento ucranianos.
El 8 de marzo de 2026, Zelenski anunció el envío de especialistas militares ucranianos a Oriente Próximo. Doscientos expertos fueron desplegados por Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, trabajando junto a personal americano para proteger bases de Estados Unidos en Jordania, a un coste estimado de una milésima parte del precio de los interceptores Patriot.
Zelenski formuló el acuerdo sin disimular la simetría: "Los que quieren la ayuda de Ucrania deben seguir ayudándonos a defendernos".
Lo que en 2025 era un país que pedía armamento se había convertido en 2026 en exportador de experiencia militar, el único en el mundo con años de combate real contra exactamente el tipo de amenaza que destruía los arsenales del Pentágono y de sus aliados árabes.
El efecto en Estados Unidos ha sido contundente: varios senadores, incluidos varios republicanos, han pedido a la Administración que ejecute las partidas de apoyo a Ucrania aprobadas en la era Biden pero bloqueadas por la Casa Blanca.
Las encuestas mantienen un apoyo a Ucrania abrumador incluso entre votantes republicanos y el hecho de que Kiev haya sido uno de los pocos aliados en echar una mano contra Irán —mientras los europeos y asiáticos mayoritariamente se escaqueaban— hace cada vez más difícil justificar el trato diferencial.
Nadie sabe si eso provocará un cambio real en Trump, que ha construido su política ucraniana sobre su simpatía personal por Putin y la convicción de que Rusia era una superpotencia destinada a ganar sí o sí.
El asunto es que Zelenski tiene ahora lo que no tenía en el Despacho Oval: la tecnología que otros necesitan, un ejército que no retrocede y la capacidad de burlarse del hombre que lo echó de la Casa Blanca. Con coordenadas GPS incluidas.