Las tropas danesas practican la búsqueda de amenazas potenciales durante un ejercicio militar en Kangerlussuaq, Groenlandia, el 17 de septiembre de 2025.

Las tropas danesas practican la búsqueda de amenazas potenciales durante un ejercicio militar en Kangerlussuaq, Groenlandia, el 17 de septiembre de 2025. Reuters

Europa

"Disparar primero y preguntar después": la ley danesa de 1952 que obliga a su ejército a luchar si EEUU ataca Groenlandia

Las Fuerzas Armadas de Dinamarca deberán responder ante cualquier ofensiva militar de una potencia extranjera sobre la isla del Ártico, un escenario posible que amenaza con disolver la OTAN.

Más información: El comisario de Defensa de la UE advierte que la toma militar de Groenlandia por EEUU supondría el fin de la OTAN

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Las claves

Una ley danesa de 1952 obliga a las Fuerzas Armadas a defender Groenlandia ante cualquier ataque extranjero, incluso sin órdenes directas.

El resurgimiento del interés de EEUU, especialmente bajo Donald Trump, por anexar Groenlandia ha reavivado tensiones políticas y militares con Dinamarca.

La posible invasión estadounidense a Groenlandia pondría en crisis a la OTAN, ya que implicaría el enfrentamiento entre países aliados.

Líderes europeos y la OTAN estudian fortalecer la seguridad en Groenlandia ante el temor de una escalada por los intereses de Rusia, China y Estados Unidos en el Ártico.

Las Fuerzas Armadas de Dinamarca tienen la obligación de responder ante cualquier ofensiva militar de una potencia extranjera sobre Groenlandia, un territorio autónomo bajo su soberanía que carece de ejército propio.

El Ministerio de Defensa danés desempolvó una ordenanza fechada en 1952 que obliga legalmente a sus tropas a "entrar en combate sin esperar ni solicitar órdenes, incluso si los comandantes en cuestión no están al tanto de la declaración o estado de guerra".

Llevado a la práctica, el documento presupone que, en caso de que Estados Unidos intente tomar por la fuerza los edificios públicos de Nuuk o lleve a cabo alguna acción militar en otro punto de la isla del Ártico, el peor de los escenarios que Donald Trump dibuja a base de amenazas, los soldados daneses deberán responder abriendo fuego.

"Si Estados Unidos decide atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se detiene", advirtió este lunes la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, en declaraciones a la cadena pública TV2. "Es decir, incluida nuestra OTAN y, por lo tanto, la seguridad que se ha garantizado desde el final de la Segunda Guerra Mundial".

El diario Berlingske confirmó la pasada semana que la orden de contraatacar, diseñada tras el ataque de la Alemania nazi a Dinamarca en abril de 1940, sigue en vigor. El Comando Ártico, la extensión del ejército danés en la isla de apenas 57.000 habitantes, es consciente de su existencia.

Pero este factor de riesgo no cambia la postura de Trump, empeñado en tomar "por las buenas o por las malas" el control de Groenlandia, un territorio cincuenta veces mayor que Dinamarca. "De una forma u otra, vamos a tener Groenlandia", reiteró el domingo ante los periodistas que viajaban a bordo del Air Force One.

La gran incógnita es saber qué sucedería en caso de invasión. "Los aliados podrían entonces apoyar a Dinamarca con las acciones que consideren necesarias, pero eso no implica automáticamente el uso de fuerza armada", responde en conversación con este periódico Christoph Harig, profesor asociado del Real Colegio de Defensa Danés, que evita entrar en el terreno de la especulación.

Harig sólo tiene claro que, "al pedir a los aliados que defiendan a un aliado contra otro aliado, la OTAN viviría una crisis existencial".

Dinamarca podría invocar el Artículo 5 de la Alianza, pero, como explica Ulrik Pram Gad, investigador principal en el Instituto Danés de Estudios Internacionales (DIIS, por sus siglas), esa iniciativa "carecería de sentido porque la OTAN funciona por consenso, por lo que Estados Unidos tiene veto".

La comandante de la base militar estadounidense de Pituffik, en Groenlandia, Susannah Meyers, junto al vicepresidente estadounidense, JD Vance, durante su visita el pasado 29 de marzo.

La comandante de la base militar estadounidense de Pituffik, en Groenlandia, Susannah Meyers, junto al vicepresidente estadounidense, JD Vance, durante su visita el pasado 29 de marzo. Reuters

Prioritario, otra vez

Washington jugó durante décadas un papel esencial en la defensa de la isla. "Desde la Segunda Guerra Mundial existía una división del trabajo: Dinamarca se encargaba de la guardia costera y de patrullar el noreste deshabitado, mientras que Estados Unidos se ocupa de la vigilancia del dominio para poder defender el continente norteamericano contra armas nucleares rusas", apunta Pram Gad, que cita el acuerdo de defensa de 1951.

"Pero tras el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos retiró la mayoría de los radares; ahora quiere que Dinamarca asuma esa responsabilidad", recuerda el especialista en diálogo con EL ESPAÑOL.

Además de dejar inutilizados los radares, el Pentágono cerró dieciséis de las diecisiete instalaciones militares que controlaba en la isla. Sólo permanece abierta la base espacial de Pituffik, que el vicepresidente J. D. Vance decidió visitar en marzo del pasado año, y algo más de un centenar de tropas estadounidenses.

Ahora, Trump justifica sus planes de anexión esgrimiendo razones de seguridad nacional, relacionadas con la creciente presencia de Rusia y China en el Círculo Polar Ártico. Un argumento que Mark Rutte, secretario general de la OTAN, hizo suyo sin entrar a valorar las amenazas de anexión que el inquilino de la Casa Blanca profiere contra otro de los socios de la Alianza.

"Con la apertura de nuevas rutas marítimas, existe el riesgo de que los rusos y los chinos se vuelvan más activos", comentó el ex ministro neerlandés desde la base aérea croata de Pleso.

Del mismo modo que Rutte, un grupo de líderes europeos encabezados por el canciller alemán Friedrich Merz y el primer ministro británico Keir Starmer pretenden demostrar a Washington que también les preocupan las amenazas para la seguridad de Groenlandia.

Por eso estudian, según Bloomberg, establecer una misión conjunta de la OTAN en la isla del Ártico. Consideran que, de este modo, tanto Trump como su consejero áulico Stephen Miller, verdadero cerebro detrás de las reclamaciones territoriales, dejarán de creer necesario hacerse con la soberanía de Groenlandia.

Un escenario real

Muchos siguen convencidos de que la Casa Blanca no llegará tan lejos. Según el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noel Barrot, su homólogo estadounidense, Marco Rubio, había descartado la posibilidad de invadir Groenlandia.

Otra de las voces europeas que aleja este escenario es la de Peter Mandelson, el exembajador británico en Estados Unidos, salpicado por el escándalo de Jeffrey Epstein, quien sin embargo considera que "todos vamos a tener que despertar a la realidad de que el Ártico necesita protegerse contra China y Rusia. Y si me preguntan quién va a liderar ese esfuerzo por protegerlo, todos sabemos, ¿no es así?, que va a ser Estados Unidos".

Los mensajes públicos que difunde la Casa Blanca apuntan en otra dirección, sin embargo. Harig se lo toma en serio, por mucho que sea "más probable que se intenten medios no militares para hacerse con Groenlandia", como la compra del territorio, opción preferida por Trump.

Donald Trump, durante una entrevista con el periodista Sean Hannity este jueves, en Washington.

Donald Trump, durante una entrevista con el periodista Sean Hannity este jueves, en Washington. Casa Blanca

"Toda la segunda presidencia de Trump ofrece suficientes pruebas de que incluso algunas de sus ideas más radicales podrían implementarse", sentencia el profesor asociado del Real Colegio de Defensa Danés, que señala que "el ejército estadounidense no desobedecería tales órdenes, dado que históricamente ha cumplido otras controvertidas, incluidas operaciones militares como la captura de líderes extranjeros o la eliminación extralegal de presuntos narcotraficantes".

A Pram Gad tampoco le sorprendería este escenario, dado que Trump "quiere pasar a la historia". Anexionar Groenlandia a los Estados Unidos sería, sin duda, su gran legado.