Residentes locales junto a su edificio destruido por un ataque de misiles rusos

Residentes locales junto a su edificio destruido por un ataque de misiles rusos Reuters

Europa

El General Invierno se vuelve contra Rusia: los cinco errores que pueden condenar a Putin

Rusia puede acabar pagando por su estrategia si el invierno se recrudece y las temperaturas bajan a niveles extremos. 

25 noviembre, 2022 02:41

¿Un invierno más o menos plácido que permita a sus ciudadanos paliar los efectos del asedio energético ruso… o un invierno duro, gélido, que haga que los mal preparados soldados invasores se hielen en sus posiciones esperando una comida caliente, un equipo en condiciones? Ese es ahora mismo el dilema al que se enfrenta el gobierno ucraniano. En el fondo, lo que estamos viviendo estos días es una doble guerra dentro de un mismo conflicto: el enfrentamiento entre soldados, donde los ucranianos tarde o temprano acaban imponiéndose y el ensañamiento contra los civiles, donde la situación es cada día más precaria.

El meditado plan de Surovikin y Putin de "matar de frío" a millones de ciudadanos de a pie para forzar a Zelenski a una tregua poco beneficiosa para sus intereses es el mejor ejemplo de por qué Rusia merece estar en la lista de países patrocinadores del terrorismo que ha actualizado recientemente la Unión Europea. Con estos ataques a centros neurálgicos energéticos, Rusia no avanza un metro, pero consigue que no haya luz ni calefacción en prácticamente toda Ucrania, que las operaciones se hagan con linternas y que, probablemente, cuando el frío apriete de verdad, millones de ucranianos huyan hacia el oeste y llenen el resto de Europa de una nueva ola de refugiados.

Ahora bien, es una estrategia con un claro reverso: confiar en que el frío, el famoso General Invierno que pudo en su momento con Napoleón y con Hitler (aunque no con los finlandeses en 1940, al contrario), requiere estar en condiciones de beneficiarse de ese frío extremo y sacarle partido. Hay serias dudas de que así sea en el caso de Rusia. Mientras la Unión Europea y la OTAN están mandando cientos de miles de equipos de invierno para abrigar a las tropas ucranianas en el frente, las quejas por la mala calidad de las equipaciones rusas siguen multiplicándose por las redes sociales.

El problema de huir de las ciudades

En ese sentido, Rusia ha cometido varios errores que puede acabar pagando si el invierno se recrudece y las temperaturas bajan a niveles extremos. De entrada, como decíamos, ha mandado al frente a cientos de miles de hombres sin experiencia, incluso ha permitido que el Grupo Wagner reclute a convictos, pero no les ha dado los equipos de protección necesarios. Si uno junta todos los factores -inferioridad numérica, inferioridad armamentística, menor capacidad para combatir el frío y mucha menor motivación en la lucha-, es lógico que los ucranianos, en su dilema, se acaben decantando por un invierno duro para ellos, pero también para el enemigo.

Porque, al fin y al cabo, el movimiento de sus tropas siempre va a ser "por dentro", es decir, son unidades de fácil remplazo, con líneas de suministro múltiples y muy difíciles de cortar. Tienen el abastecimiento asegurado en las grandes ciudades -las controlan todas salvo Mariúpol, Melitopol, Donetsk y Lugansk- mientras que el ejército ruso tiene que mover sus tropas y sus suministros "por fuera", es decir, cubriendo territorios amplísimos y con pocas fuentes activas. Si quieren mandar comida y bebida caliente o mayor cantidad de ropa al frente de Jersón por el otro lado del Dniéper, se verán obligados a hacerlo desde Mariúpol, a cientos de kilómetros, o directamente desde Crimea, donde los daños al puente de Kerch llevan unas semanas ralentizando estos envíos.

Por eso mismo, se puede decir que el segundo grave error de los rusos de cara al invierno ha sido precisamente abandonar las grandes ciudades y todas las ventajas que proporcionan a quienes las habitan. Multitud de edificios donde alojar a sus tropas, almacenes y factorías donde resguardar los tanques y demás armamento del frío y así sucesivamente. Se entiende que las retiradas tienen que ver precisamente con la decisión de sabotear el suministro eléctrico, pero al final obliga a sus propios soldados -insistimos, en buena parte, ciudadanos que hace dos meses estaban en una oficina o una granja- a subsistir al raso, en medio del campo.

El triste escenario del pasado invierno

Este segundo error nos lleva rápidamente a un tercero: Rusia ha tardado tanto en establecer un frente fijo de defensa que parece haberlo logrado a destiempo. En las últimas semanas, hemos visto varias imágenes de enormes trincheras dispuestas a lo largo de decenas de kilómetros en varias oleadas para impedir el avance de las tropas ucranianas. ¿Qué va a ser de esas trincheras cuando se llenen de barro, agua y nieve? ¿Quién las va a proteger cuando hiele? El Dniéper no es el Somme. Ucrania no es Francia. ¿Quién va a resistir heroicamente el bombardeo de posiciones sin suficientes medios para entrar en calor y sin un objetivo claro por el que luchar?

Si el invierno es duro y el terreno se nivela con el hielo, los avances serán más sencillos. ¿Avances rusos? Improbable. El cuarto error ruso tiene que ver con lo obsoleto de sus vehículos y de sus tácticas. Ya en febrero, en pleno invierno, se comprobó en las inmediaciones de Kiev que sus blindados tenían una fiabilidad propia de un coche de Fernando Alonso. Las imágenes de tanques abandonados en mitad de ninguna parte, incapaces de avanzar o retroceder y provocando a su vez un atasco de kilómetros forman parte de la historia de la infamia de la estrategia militar.

Tenemos que entender, por lo tanto, que aquí el hielo favorecería a Ucrania, con un armamento más moderno y con mayor capacidad para remplazar piezas y unidades gracias a la ayuda occidental. Esto les permitiría no perder la inercia actual y mantener la iniciativa en el combate. Efectivamente, un invierno duro provocaría imágenes dantescas en las ciudades y los pueblos, pero el frío no es nada nuevo para una población que lleva generaciones sufriéndolo y que, además, se apoya en sí misma. Cuando luchas por tu libertad, te pican menos los sabañones.

Lo que nos lleva al quinto y último error ruso: pensar, de verdad, que están librando una guerra patriótica como la de 1941 y que el extranjero es su enemigo. No. En ningún caso. Aquí son ellos los que pretenden hacer una demostración de fuerza metiéndose en el corazón de un país que lucha por su libertad. Un país bien preparado, bien equipado, ágil en el movimiento de combate y convencido de la victoria. Un país cuyo futuro depende de la victoria en esta guerra y que hará lo que sea por conseguirla. Pasar frío, pasar hambre, pasar sed. Cualquier cosa vale cuando es tu familia lo que está en juego. ¿Qué está en juego para el funcionario de Rostov reconvertido en artillero? Nada. Solo las ganas de volver a casa cuanto antes.