El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, durante su visita al este de Ucrania el 6 de enero

El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, durante su visita al este de Ucrania el 6 de enero

Europa

La Unión Europea se queda fuera de juego en el debate de la OTAN y Vladimir Putin sobre Ucrania

Borrell se queja del intento del Kremlin de redibujar la arquitectura europea sin tener en cuenta a Bruselas.

12 enero, 2022 06:03
Bruselas

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Tras la fallida cumbre entre Estados Unidos y Rusia del lunes en Ginebra, la coreografía forzada por Vladimir Putin para discutir sobre Ucrania y la arquitectura de seguridad europea tendrá su segundo acto este miércoles con la reunión del Consejo OTAN-Rusia en Bruselas. El baile concluye el jueves con un encuentro de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Viena. Al mismo tiempo, los ministros de Exteriores y de Defensa de los Veintisiete se verán del 12 al 14 de enero en la ciudad francesa de Brest, muy lejos del centro de la acción.

Este desajuste espacial es la primera evidencia de que la Unión Europea se ha quedado fuera de juego en un debate que le afecta directamente. Aunque tanto Estados Unidos como la OTAN aseguran que tendrán en cuenta los intereses europeos al hablar con Moscú, lo cierto es que la UE no tiene una silla propia en este diálogo a múltiples bandas. Una exclusión más dolorosa si cabe porque se produce en un momento en que los líderes europeos se han conjurado para reforzar la soberanía estratégica del bloque, que Emmanuel Macron ha convertido en prioridad absoluta durante los seis meses de presidencia francesa.

El Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común, Josep Borrell, es el que más ha protestado públicamente por esta exclusión, de la que culpa directamente al Kremlin. Borrell sostiene que, al ignorar a la UE, Rusia pretende "hacer retroceder el reloj a los viejos tiempos de la lógica de la Guerra Fría" y repartirse de nuevo con Estados Unidos el continente europeo, a imagen y semejanza de lo ocurrido en la conferencia de Yalta al término de la Segunda Guerra Mundial.

"Las autoridades rusas quieren dar marcha atrás en la evolución que tuvo lugar desde 1990, en detrimento de la unidad europea y en violación de la independencia y soberanía de los antiguos estados soviéticos", dijo Borrell durante su visita el pasado 6 de enero al este de Ucrania, una región en conflicto desde 2014 por la intervención de Moscú en apoyo de los separatistas prorrusos.

"Pero ya no estamos en tiempos de Yalta. La delimitación de las esferas de influencia de las dos grandes potencias no pertenece a 2022. La seguridad de Europa y la seguridad en Ucrania, porque Ucrania es parte de Europa, es algo que afecta ante todo a los ucranianos y europeos", sostiene el jefe de la diplomacia comunitaria. "Esos tiempos han quedado definitivamente atrás y debemos dejar claro que nada se discutirá sobre la seguridad en Europa sin los europeos", ha insistido.

Sin embargo, las protestas de Borrell sólo han servido para que tanto Estados Unidos como la OTAN -de la que forman parte 21 Estados miembros de la UE- se comprometan a tener en cuenta los intereses europeos. El Alto Representante habló por teléfono el sábado, antes del inicio del baile de reuniones, con el secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken, que se limitó a garantizarle que "cualquier discusión sobre la seguridad europea se producirá en coordinación y con la participación de la UE".

El 'formato Normandía'

Por su parte, el presidente francés niega que la UE haya sido marginada en las discusiones sobre Ucrania y sobre la arquitectura de seguridad europea. Los europeos son los garantes de los fallidos acuerdos de Minsk, que en teoría debían haber puesto fin a la guerra en el este de Ucrania y del denominado 'formato de Normandía', en el que Francia y Alemania ejercen de intermediarios para el diálogo directo entre Moscú y Kiev, ha dicho Macron este martes en rueda de prensa conjunta en París con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel

El presidente francés celebra además que Estados Unidos dialogue con Rusia para tratar de resolver el conflicto en Ucrania y sus problemas bilaterales. No obstante, ha querido dejar claro que "cuando se trata de la seguridad de Europa, es Europa la que tiene que hablar". "Si se discute sobre la seguridad colectiva de europa, del control de armas en Europa, de misiles que pueden alcanzar suelo europeo, de nuestros vecinos y sus fronteras, es evidente que las instituciones de la UE y los Estados miembros tendrán que estar en la mesa y decidir por ellos mismos", ha remarcado.

Por su parte, el presidente del Consejo Europeo ha afirmado que "si se produce una agresión militar contra Ucrania, habrá una reacción masiva por parte de la UE, en estrecha cooperación con nuestros aliados". "No es nuestro deseo. Nuestro deseo es dialogar para la estabilidad y para la seguridad", sostiene Michel. 

Lo cierto es que los países de la UE están muy divididos sobre la política que hay que adoptar frente a Putin, lo que impide que Bruselas pueda hablar con una voz única. Mientras que Francia o Alemania apuestan por entablar un diálogo directo y constante con el Kremlin, los países del Este y del Báltico -que sienten el aliento amenazante de Moscú en la nuca- reclaman una política de mano dura sin concesiones.  

La OTAN dice no a Putin

Una brecha que se reproducirá en la reunión del Consejo OTAN-Rusia que se celebra este miércoles en Bruselas, la primera desde julio de 2019, en la que tampoco se espera. Allí, el número dos de la diplomacia rusa, Sergei Ryabkov, tiene previsto reiterar las dos exigencias centrales de Moscú: la retirada de armamento y tropas aliadas de los países que formaban parte del bloque soviético, como Polonia o los bálticos; y garantías por escrito de que la OTAN no admitirá nunca la entrada de Ucrania y Georgia. 

El secretario general de la OTAN ya ha adelantado que ambas peticiones son inaceptables. "No transigiremos en los principios básicos, incluido el derecho de cada nación a decidir su propio camino, incluido el tipo de alianza de seguridad de la que quiere formar parte", ha dicho Jens Stoltenberg. La Alianza reconoció a Ucrania y Georgia como candidatos a la adhesión en la cumbre de Bucarest de 2008 y no aceptará las presiones de Moscú para cancelar su invitación.

Stoltenberg también rechaza la retirada de armamento y tropas aliadas de los países que formaban parte del antiguo bloque soviético. "No podemos terminar en una situación en la que tengamos miembros de la OTAN de segunda clase, a los que la OTAN, como Alianza, no pueda proteger de la misma manera que protegemos a otros aliados", argumenta el secretario general. 

Pese a estas discrepancias fundamentales, la OTAN quiere mantener el diálogo con el Kremlin y buscar algún tipo de arreglo que frene el conflicto. La Alianza está dispuesta a hablar sobre limitaciones de armamentos, siempre que sean recíprocas; transparencia sobre ejercicios militares; y líneas de comunicación para evitar crisis. Una oferta que Rusia considera insuficiente.

Los aliados confiesan que todavía no saben si Putin ha planteado exigencias inaceptables con el propósito de obtener concesiones en otros ámbitos o como pretexto para invadir Ucrania, en cuya frontera acumula más de 100.000 soldados rusos, cuando le sean denegadas. La respuesta a esta incógnita quizá se conozca al final de esta semana.