May y Juncker han cerrado en Bruselas los últimos flecos del divorcio

May y Juncker han cerrado en Bruselas los últimos flecos del divorcio François Lenoir/Reuters

Europa DIPLOMACIA

Radiografía de una capitulación: por qué el "triple blindaje" de Sánchez sobre Gibraltar es papel mojado

Bruselas

Pedro Sánchez sostiene que las garantías sobre Gibraltar que ha obtenido de la UE y Londres constituyen un "triple blindaje histórico" que permitirá a España encontrar "la solución a un conflicto que dura más de 300 años" y lograr incluso la "cosoberanía" del Peñón. Europa y Reino Unido "han aceptado las exigencias que había marcado España" y por ello el presidente del Gobierno ha levantado su veto y aprobará el acuerdo del brexit en la cumbre extraordinaria que se celebra este domingo en Bruselas.

En contraste, la primera ministra británica, Theresa May, asegura que "la posición de Reino Unido sobre la soberanía de Gibraltar no ha cambiado y no cambiará, estoy orgullosa de que Gibraltar sea británico y les apoyaremos". Además, canta victoria por haber conseguido que el Peñón "esté cubierto por el Tratado de Retirada y el periodo de transición" tras el brexit

¿Quién tiene razón, Sánchez o May? ¿Es cierto que la UE y Reino Unido han aceptado todas las peticiones del presidente del Gobierno? ¿Ha logrado realmente España ese triple blindaje que le garantiza abrir las negociaciones sobre la cosoberanía del Peñón con el apoyo de los 27?

Si se examina cuáles eran sus peticiones iniciales y qué es lo que finalmente ha conseguido, la única conclusión posible es que Sánchez ha capitulado en sus exigencias y se ha conformado con un apaño sin valor jurídico que puede quedarse en papel mojado. Un resultado particularmente decepcionante si se tiene en cuenta que el presidente del Gobierno amenazó con su arma más potente, la opción nuclear: el veto.

Lo que exigía Sánchez a la UE y a Londres

Sánchez ha explicado en detalle cuáles eran sus exigencias concretas a la UE y a Londres en dos ruedas de prensa esta misma semana. La primera el martes en un acto del Economist y la segunda el miércoles en Valladolid con el primer ministro portugués. En ambas ocasiones reclamó garantías adicionales de que España mantendría su veto sobre el estatus futuro de Gibraltar. Y pidió que estas garantías se insertaran en los dos textos pactados entre la UE y Londres que forman el acuerdo del brexit

En primer lugar, en el Tratado de Retirada de Reino Unido, un documento de 585 páginas con valor jurídico que fija los términos del divorcio. En concreto, el presidente del Gobierno pedía modificar o borrar el artículo 184 del Tratado. Un artículo que se introdujo a última hora a petición británica y a espaldas de España y cuya ambigüedad cuestiona la posición española sobre el Peñón, según la abogacía del Estado. Si el artículo 184 se vincula al artículo 3 puede interpretarse que cualquier acuerdo futuro entre la UE y Reino Unido se aplicará automáticamente a Gibraltar.

En segundo lugar, Sánchez reclamaba incluir un párrafo sobre la Roca en el otro documento del brexitla declaración política que define las relaciones futuras entre Reino Unido y la UE, un texto de 26 páginas que ni siquiera es jurídicamente vinculante. Cuando este texto se negoció a 27, recogía el poder de veto de España, según desveló el secretario de Estado para la UE, Luis Marco Aguiriano. Sin embargo, en el acuerdo final que firmó Bruselas con la primera ministra británica, ese párrafo desapareció.

"Si el domingo 25 va el Acuerdo de Retirada y la declaración política de futuro en los términos que están ahora mismo, España votará que no", proclamó Sánchez este mismo martes. Hasta en cuatro ocasiones (incluido por escrito, en un tuit), ha amenazado con el veto en solo una semana.

Haber conseguido los objetivos que él mismo se fijó sí que habría sido un resultado histórico. Supondría que ya no es sólo la UE la que reconoce el poder de veto de España sobre Gibraltar, sino que por primera vez también el Reino Unido lo acepta. Al negociador de la UE para el brexit, Michel Barnier, se le dieron instrucciones ya desde abril de 2017, con el Gobierno de Mariano Rajoy, para que tuviera en cuenta las aspiraciones españolas. Pero en la recta final de la negociación, la UE ha dejado tirado a Sánchez para poder cerrar por fin el brexit.

Lo que realmente ha conseguido en la negociación final 

La solución que se ha cerrado este sábado para Gibraltar en el brexit no cumple las exigencias que se había marcado el propio presidente del Gobierno: no se ha cambiado ninguno de los dos textos pactados entre la UE y Londres, que se aprobarán definitivamente este domingo. El controvertido artículo 184 se queda tal y como está. Tampoco hay referencias al veto de España sobre el Peñón en la declaración política sobre las relaciones futuras entre Bruselas y Reino Unido.

El "triple blindaje histórico" del que habla Sánchez es en realidad un apaño sin valor jurídico, una serie de declaraciones políticas que pueden incumplirse sin sanciones ni consecuencias de ningún tipo. Además, la mayoría de estas declaraciones están firmadas por los 27, es decir, no vinculan a Londres. 

El primer "blindaje" consiste en una declaración política de los 27 sobre la interpretación del 184. En ella se dice que este artículo no prejuzga el ámbito de aplicación de los acuerdos futuros entre la UE y Reino Unido: puede excluir a Gibraltar, como reclama España, pero también incluirlo. Esta primera declaración se completa con una ambigua carta de Reino Unido que asegura compartir esta interpretación de la UE.

La misiva no está firmada por May, ni por su ministro de Exteriores, ni siquiera por el secretario de Estado para la UE. La rubrica el embajador británico ante la UE, Tim Barrow, el nivel de representación más bajo posible del Gobierno de May. Pero además, Barrow avisa de que la intención del Gobierno británico es incluir siempre a Gibraltar en cualquier acuerdo con la UE. "Negociaremos los acuerdos futuros en nombre de todos los territorios de cuya representación exterior Reino Unido es responsable", es decir, también de Gibraltar, dice la carta.

El segundo blindaje es otra declaración política firmada únicamente por los 27 y la Comisión Europea. En ella se dice que tras el brexit ningún acuerdo que concluyan la UE y Reino Unido se aplicará a Gibraltar salvo que cuente con el visto bueno previo de España. Es decir, se reafirma el poder de veto español sobre el estatus futuro del Peñón que la UE reconoció ya en abril de 2017 pero que a la hora de la verdad no ha respetado. La única novedad es que se precisa que la negociación sobre Gibraltar debe ir por separado y que debe respetarse la "integridad territorial" de España.

¿Cuál es el estatus jurídico de estos textos? El propio Aguiriano admitía este viernes que es cuanto menos dudoso. "Hay que preguntárselo a los juristas", dijo sobre la declaración a 27. En cuanto a la carta de Londres, sostiene que "cualquier ciudadano británico que esté de acuerdo con nosotros, si el Gobierno británico vulnera sus propias declaraciones formales, puede ir a los tribunales".

El tercer blindaje del que habla Sánchez es una carta conjunta firmada por los presidentes de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y del Consejo, Donald Tusk, apoyando las reivindicaciones de España. "Desde su adhesión a las Comunidades Europeas en 1986, España ha estado en el centro del proyecto europeo y ha mostrado una gran solidaridad con la causa europea y nuestras prioridades comunes. Entendemos la sensibilidad de la actual situación y nos gustaría subrayar nuestra solidaridad con el Reino de España en este tema", escriben los dos presidentes. Otro documento puramente político que tampoco vincula a Reino Unido.

De Margallo a Borrell: España ha negociado con poca ambición

El brexit ofrecía a España una oportunidad irrepetible para hacer valer sus aspiraciones sobre Gibraltar. La UE dejaba de ser neutral en una disputa bilateral entre dos Estados miembros y se ponía del lado de España, el país que se queda, frente a Reino Unido, que abandona el club. En lugar de aprovecharlo, los Gobiernos primero de Mariano Rajoy y luego de Pedro Sánchez han ido reduciendo progresivamente su nivel de ambición durante los 17 meses que han durado las negociaciones.

Desde el día después de la victoria del brexit en el referéndum del 26 de junio de 2016, el entonces ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, puso encima de la mesa la reclamación de la soberanía española sobre el Peñón. Sostenía que la salida de Reino Unido de la Unión Europea constituye una "oportunidad única" como España no había tenido desde el Tratado de Utrecht en 1713 para recuperar Gibraltar. Sin embargo, no tuvo la oportunidad de marcar la estrategia de España para el brexit. Rajoy le sustituyó por Alfonso Dastis en su segunda legislatura, en noviembre de 2016.

En abril de 2017, Dastis logró que la UE incluyera entre sus líneas rojas para las negociaciones del brexit el veto de España sobre el futuro de Gibraltar. Una gran victoria que indignó a los conservadores británicos. Un exlíder tory llegó a hablar de guerra y la primera ministra británica, Theresa May, dijo ya entonces que no aceptaría negociar la soberanía del Peñón.

A partir de ahí, la estrategia de Dastis fue excluir la reivindicación de la soberanía de las negociaciones del brexit -aunque sin renunciar a ella- y limitar las conversaciones con Londres a los problemas que consideraba más acuciantes en Gibraltar: el contrabando, la falta de transparencia fiscal, los problemas de vertidos en la bahía de Algeciras o el control compartido del aeropuerto. El negociador de la UE, Michel Barnier, compartía esta estrategia, según explicó en una entrevista a EL ESPAÑOL. En enero de este año comenzaron las negociaciones bilaterales entre Bruselas y Londres sobre estas cuestiones.

"Lo que nosotros no queremos es convertir la negociación de un futuro acuerdo entre Reino Unido y la Unión Europea en rehén de una cuestión a la que nosotros nunca vamos a renunciar" como es la soberanía, alegaba Dastis. A su juicio, era imposible resolver este problema en los plazos del brexit. Él fue el primero en decir en público que España nunca bloquearía el acuerdo de divorcio con Reino Unido por Gibraltar: una renuncia prematura a ejercer el veto que él mismo había conseguido. 

Tras la victoria de Pedro Sánchez en la moción de censura del pasado junio, el nuevo ministro de Exteriores, Josep Borrell, decidió mantener la estrategia de negociación de Dastis, limitada a un catálogo de temas concretos y excluyendo la soberanía de las negociaciones con Londres. De hecho, el secretario de Estado para la UE, Luis Marco Aguiriano, presume de que ha mantenido al mismo equipo negociador de Dastis. Sin embargo, pronto llegó una nueva concesión: Sánchez dejó de lado su reivindicación sobre el aeropuerto porque las posiciones de Madrid y Londres estaban a "años luz".

¿Se confió demasiado el Gobierno socialista en la recta final de las negociaciones? ¿Dio por hecha antes de tiempo una victoria antes de tenerla garantizada? En la cumbre del pasado 18 de octubre, Sánchez anunció que el protocolo sobre el Peñón que figura en el Tratado de Retirada estaba ya "resuelto". "Gibraltar no va a ser un problema para el brexit", aseguró.

El protocolo en cuestión garantiza los derechos de los 10.000 ciudadanos que cruzan diariamente la frontera y establece un marco de colaboración entre Madrid y Londres para abordar cuestiones como la fiscalidad, el tabaco, el medio ambiente, la pesca o la cooperación policial y aduanera. Es decir, unos logros muy limitados para haber contado con la solidaridad de la UE. Además, salvo las disposiciones sobre los ciudadanos, el protocolo caduca al final del periodo de transición del brexit.

Una vez confirmado el fiasco de las negociaciones sobre Gibraltar en el brexit, Sánchez regresa a la casilla de salida. El presidente del Gobierno ha anunciado que en los próximos meses, cuando se negocie la relación futura entre la UE y Reino Unido, "vamos a tener que hablar de la cosoberanía y de otras cosas con el Reino Unido".