Jeroen Dijsselbloem y Luis de Guindos en una reunión en Bruselas.

Jeroen Dijsselbloem y Luis de Guindos en una reunión en Bruselas. Reuters

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El exjefe del Eurogrupo salda cuentas con Guindos: "Mientras yo salvaba a Grecia, España estaba a otra cosa"

Bruselas

Durante los cinco años que convivieron en el Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem y Luis de Guindos fueron enemigos íntimos. El holandés, que presidió el órgano que reúne a los ministros de Finanzas de la eurozona entre 2013 y 2017, criticaba con frecuencia al Gobierno de Mariano Rajoy por incumplir los objetivos de déficit. "Que verifique bien las cifras antes de mandarlas a Bruselas", le espetó al ministro español tras una reunión en octubre de 2016. Guindos desde el principio hizo todo tipo de maniobras, públicas y en la oscuridad, para destronar a Dijsselbloem y quedarse él con la jefatura del Eurogrupo.

Ahora el holandés -que dejó la política el año pasado tras el fiasco electoral de su partido- ha aprovechado su recién publicado libro de memorias La crisis del euro: La historia vista desde dentro para contar su versión de la pelea y saldar cuentas con Guindos. El exministro, tras fracasar todos sus intentos de sustituir a Dijsselbloem, logró el apoyo de sus colegas del Eurogrupo para convertirse en el vicepresidente del Banco Central Europeo, cargo que ocupará durante los próximos ocho años.

La pugna entre Dijsselbloem y Guindos se remonta a los días previos a que el primero fuera nombrado jefe del Eurogrupo. Apenas llevaba dos meses como ministro de Finanzas de Holanda y llegó a la presidencia casi por accidente. Los favoritos, el francés Pierre Moscovici y el alemán Wolfgang Schäuble, se anulaban mutuamente. Luc Frieden también quería el puesto, pero tenía el handicap de ser luxemburgués, como Jean-Claude Juncker, que había ejercido el cargo durante los ocho años anteriores. Al ser un novato, no tenía enemigos y logró pronto el apoyo de la canciller Angela Merkel.

En su gira de capitales previa a ser nombrado, Dijsselbloem visitó Madrid el 17 de enero de 2013 para una "cena animada". "Cuando hablamos, Guindos me dijo que no tenía objeciones a mi nombramiento, pero que su presidente (Rajoy) no le permitiría votar a favor. Durante bastante tiempo, el Gobierno español se había quejado de que su país estaba infrarrepresentado en los altos cargos europeos. (...) Estas ambiciones españolas llevarían a muchas complicaciones más tarde, pero a principios de 2013 no nos dábamos cuenta", relata el holandés en sus memorias.

Tal y como le había anunciado, Guindos presentó una "objeción formal" pero no votó contra su nombramiento el 21 de enero de 2013. El segundo asalto de España a la presidencia del Eurogrupo llega en otoño de 2014, cuando se renueva la Comisión Europea. Según Dijsselbloem, Merkel le había prometido a Rajoy el Eurogrupo a cambio de que apoyara a Juncker como candidato del Partido Popular Europeo para presidir el Ejecutivo comunitario, porque su respaldo era decisivo frente al otro aspirante, Michel Barnier.

El Gobierno holandés ya había preparado un argumentario para defender sus posiciones: no se podía descabalgar al presidente a mitad de mandato. La Haya sólo lo aceptaría si a cambio se le daba a Dijsselbloem la cartera de Asuntos Económicos en el nuevo Ejecutivo comunitario. El problema se resolvió por sí solo gracias a unas declaraciones "poco diplomáticas" del holandés en la televisión en las que decía "medio en broma medio en serio" que Juncker era un "bebedor empedernido". El luxemburgués, indignado, vetó su entrada a la Comisión.

Lo que no le perdona Dijsselbloem a Guindos es que siguiera con sus maniobras en la primavera de 2015, el momento en el que Grecia estuvo más cerca de salir del euro y el Eurogrupo se reunía con frecuencia en sesiones maratonianas. "Mientras yo, en estas difíciles circunstancias, estaba haciendo todo lo que podía para mantener a los griegos por el buen camino en Europa, España estaba a otra cosa. El presidente español estaba empeñado en que la presidencia del Eurogrupo debía ser para Luis de Guindos", se queja. El propio Guindos presumía del apoyo de todos los grandes países, que luego se demostró que no era cierto.

Merkel prometió a Rajoy el Eurogrupo y no cumplió

El primer mandato de Dijsselbloem vencía a mediados de 2015. Así que entre el 6 y el 8 de mayo de ese año emprendió un tour de capitales para discutir sobre el tercer rescate de Grecia, el futuro de la unión monetaria y para recabar apoyos para su reelección. Es decir, cayó en el mismo comportamiento que le reprocha a Guindos. La primera parada fue en París. El entonces ministro de Finanzas, Michel Sapin, le dijo que tenía el pleno apoyo de Francia para un segundo mandato. Lo mismo ocurrió en Italia.

En Berlín, Schäuble le aseguró a Dijssebloem que estaba plenamente satisfecho con su liderazgo en el Eurogrupo, pero le dijo también que "por supuesto mantendría la promesa de la canciller y votaría por Guindos. No obstante, añadió, no haría campaña por él. Mantuvo su promesa", relata el holandés. Austria también le dio su apoyo. Además, durante la gira visitó Estonia, Letonia y Finlandia: dos de los tres países (no aclara cuáles) le respaldaron.

La votación por la presidencia del Eurogrupo tuvo lugar el 13 de julio de 2015, tras varias jornadas maratonianas de negociaciones para cerrar el tercer rescate griego. España había adoptado una línea dura contra el Gobierno de izquierda radical de Alexis Tsipras por temor a un contagio, segura el holandés. El recuento de los votos nunca se ha hecho público. El Gobierno de Rajoy sostuvo que Dijsselbloem ganó por la mínima, mientras que los holandeses aseguran que le respaldaron dos tercios de los ministros. "Un detalle digno de mención: los griegos me apoyaron a mi y no a De Guindos, y vinieron a decírmelo", presume Dijsselbloem.

El último intento de asalto fallido del exministro español a la presidencia del Eurogrupo se produce en primavera de 2017, después de una entrevista de Dijsselbloem al diario alemán FAZ. "Si me gasto todo mi dinero en copas y mujeres, después no puedo pedir ayuda", aseguraba el político holandés en unas declaraciones que fueron interpretadas como un ataque a los países del sur.

"Como descubrimos más tarde, la portavoz del ministerio español de Finanzas había tomado la iniciativa de traducir mis palabras sobre bebida y mujeres del alemán al español y de forma indignada las difundió a los medios europeos sin el contexto original", denuncia Dijsselbloem. El Gobierno portugués y muchos eurodiputados reclamaron su dimisión. Pero él sobrevivió a la tormenta y logró acabar su mandato en el Eurogrupo. Tras la renuncia de Guindos a presentarse, le sustituye el portugués Mário Centeno desde diciembre del año pasado.