May se ha reunido este jueves con Merkel en Berlín

May se ha reunido este jueves con Merkel en Berlín Axel Schmidt/Reuters

Europa

May se convierte al 'brexit' blando, ¿cómo reaccionará la Unión Europea?

La primera ministra británica quiere que Reino Unido se quede en la unión aduanera y el mercado único de productos.

Bruselas

La jornada de retiro espiritual que celebra este viernes el Gobierno de Theresa May en Chequers, la residencia de descanso de los primeros ministros británicos, se prevé especialmente tormentosa. El objetivo es acordar un Libro blanco que detalle qué tipo de relaciones comerciales quiere mantener Reino Unido con la UE tras abandonar el club, un documento que debe publicarse la semana que viene. Es decir, se trata de definir de una vez lo que significa el brexit. Pero el gabinete sigue profundamente dividido y May lo tendrá difícil para contener la revuelta de los ministros más radicales

En las últimas semanas, la primera ministra británica ha abandonado su apuesta inicial por una ruptura radical con la UE y se inclina cada vez más por un brexit blando, según los detalles de su plan que ha ido filtrando la prensa británica. A su juicio, es la única solución para evitar que se erija de nuevo una frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda, algo que pondría en riesgo el acuerdo de paz en el Ulster, y para proteger a la industria británica. 

Esta conversión inquieta a los partidarios más acérrimos del brexit dentro de su gabinete, como Boris Johnson, Michael Gove o el propio negociador David Davis. El plan ya ha sido bautizado por sus detractores como brexit sólo de nombre (brino, por sus siglas en inglés). Casi todos ellos amenazan periódicamente con dimitir para presionar a May.

Según la prensa británica, la primera ministra propone a su Gobierno una fórmula enrevesada cuyo resultado de facto es que Reino Unido se quedará no sólo en la unión aduanera sino también en el mercado único de productos y bienes agrícolas. Eso significa que Londres deberá seguir aplicando las reglas de la UE en estos campos, sin tener ni voz ni voto en su elaboración.

Los conflictos serían resueltos por un tribunal internacional que en la práctica aplicaría la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE). Sólo así se evitaría una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte, según la argumentación de la primera ministra británica. 

May quiere además algún tipo de acceso privilegiado al mercado único de servicios, fundamental por ejemplo para la City de Londres, que está alarmada por la pérdida del pasaporte que ahora le permite operar en toda la UE. A cambio, los británicos ofrecerán a Bruselas un trato preferente para los ciudadanos comunitarios que se muden a Reino Unido tras el brexit.

Inaceptable para la UE

Pero los planes de la primera ministra británica para el periodo postbrexit nacen muertos. No sólo por la fuerte resistencia interna dentro de su propio gabinete, sino porque la Unión Europea los considera "inaceptables", según confirman a EL ESPAÑOL fuentes comunitarias. Los dirigentes de la UE vienen avisando los últimos días a Londres de que sus propuestas deben ser "realistas" y "viables". Así lo consignaron por escrito en las conclusiones del Consejo Europeo celebrado la semana pasada. Y creen que el Libro Blanco de May no cumple estos requisitos. 

El dogma inquebrantable para la UE es la indivisibilidad de las cuatro libertades. La libre circulación de personas, la libre circulación de mercancías, la libre circulación de capitales y la libre circulación de servicios van siempre de la mano. No es posible elegir a la carta, repiten una y otra vez los líderes europeos. Reino Unido no puede quedarse en el mercado único de mercancías y restringir la entrada de ciudadanos comunitarios, como quiere hacer May. No es posible preservar los beneficios de pertenecer a la UE sin cumplir ninguna de sus obligaciones.

Es una posición que comparte también el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez. El ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, decía en una reciente entrevista en The Guardian que España rechazará cualquier intento de May de permanecer en el mercado único para proteger a la industria británica. "Alemania dirá no, Francia dirá no, España dirá no", asegura Borrell. Londres no ha conseguido hasta ahora romper la unidad sobre el brexit de los 27, que apoyan sin fisuras al negociador de la UE, Michel Barnier.

Para Barnier, Reino Unido sólo tiene dos alternativas si quiere evitar una frontera dura en Irlanda del Norte. O bien se queda en el mercado interior y la unión aduanera, lo que significa que tendría que aplicar las reglas de la UE, aceptar la libre circulación de personas y la jurisdicción del TJUE y contribuir al presupuesto comunitario, en un modelo similar al de Noruega. O bien se marcha y acepta un estatus especial para Irlanda del Norte, que sí seguiría alineada con Bruselas, lo que de facto trasladaría la frontera al mar de Irlanda. Una solución inaceptable para May porque considera que pone en riesgo la integridad territorial de Reino Unido.

El resultado es que las negociaciones del brexit han entrado de nuevo en punto muerto. May se ha reunido este jueves en Berlín con la canciller alemana, Angela Merkel, que le ha vuelto a recordar que el tiempo apremia. Bruselas quiere cerrar un acuerdo en octubre para dar tiempo a que la Eurocámara y el Parlamento británico lo ratifiquen antes de la fecha de salida de Reino Unido, que es el 29 de marzo de 2019. Al mismo tiempo, tanto la Comisión como los Estados miembros han acelerado los preparativos para todos los escenarios del brexit, incluido el del no acuerdo.