Tusk, Abe y Juncker celebran el acuerdo comercial entre la UE y Japón

Tusk, Abe y Juncker celebran el acuerdo comercial entre la UE y Japón François Walchaerts/Reuters

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La UE y Japón aíslan a Trump con un pacto comercial antes del G20

Bruselas y Tokio forman un frente común contra el proteccionismo que defiende el presidente de EEUU.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se va a encontrar bastante solo en la reunión del G20 que empieza este viernes en Hamburgo. La Unión Europea y Japón se han apresurado a anunciar hoy, durante una cumbre extraordinaria y urgente celebrada en Bruselas, que han alcanzado un acuerdo de libre comercio. El pacto ni siquiera se ha finalizado -falta un componente tan esencial como el sistema de protección de inversiones-, pero las dos partes querían escenificar un frente común para aislar a Trump y contrarrestar su retórica nacionalista y proteccionista antes de la cumbre del G20.

Una vez que entre en vigor (a principios de 2019, según Bruselas), el acuerdo creará "la mayor zona de libre comercio avanzada e industrializada del mundo", según ha destacado el primer ministro japonés, Shinzo Abe: un mercado de 600 millones de personas, que representa el 30% del PIB mundial y el 40% del comercio. Se ha negociado durante cuatro años y tres meses, pero las conversaciones se han acelerado en la recta final precisamente para llegar a tiempo de la reunión de Hamburgo. El pacto facilitará en particular las exportaciones a Japón de la industria agroalimentaria europea, por ejemplo del sector del vino, eliminando o reduciendo significativamente los recargos arancelarios. A cambio, la UE suprimirá progresivamente los aranceles a la potente industria automovilística japonesa.

"Aunque algunos están diciendo que el tiempo del aislacionismo y la desintegración está volviendo, hemos demostrado que no es así. Que el mundo no necesita retroceder 100 años en el tiempo. Al contrario. No tiene que ser así, como lo estamos demostrando con Japón", ha dicho el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que en ningún momento ha mencionado a Trump directamente. "No hay protección en el proteccionismo", ha subrayado el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

"Hemos demostrado con fuerte voluntad política que la UE y Japón izaremos bien alto la bandera del libre comercio frente a las tendencias proteccionistas. Este es un logro de que debemos estar orgullosos y que envía una señal fuerte al resto del mundo", ha proclamado el primer ministro japonés.

Además de la señal que pretende enviar en el G20, la UE se ha movido rápido para aprovechar el vacío dejado por la decisión de Trump de retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), del que formaba parte Japón. Abe ha explicado que cada vez que habla con el presidente de EEUU intenta explicarle la importancia del TPP y que "no es un acuerdo en el que unos ganan y otros pierden", sino que todo el mundo sale ganando. A su juicio, el pacto con la UE podría dar un impulso para reactivar las negociaciones con EEUU.

Un ahorro de 1.000 millones 

En la actualidad, las exportaciones de la UE a Japón ascienden 86.000 millones de euros al año y generan 600.000 empleos directos, según los datos de Bruselas. El acuerdo de libre comercio reducirá en 1.000 millones de euros al año los aranceles para los exportadores europeos. Para los productores de vino, la rebaja será de 144 millones de euros. En concreto, las tarifas en más del 90% de las exportaciones de la UE a Japón se eliminarán cuando entre en vigor el pacto. Una vez venzan todos los periodos transitorios, este porcentaje aumentará al 97%.

El principal punto de preocupación para la UE era el tratamiento del sector del automóvil. Finalmente, las dos partes han acordado que la eliminación de los aranceles europeos a los coches japoneses será paulatina, durante un periodo transitorio de siete años, tal y como pedía la industria comunitaria. Además, el acuerdo incluye una cláusula de salvaguarda que permite reintroducir recargos temporalmente si Tokio toma medidas legislativas que perjudiquen a los constructores europeos. La cláusula tiene una duración de 10 años, ya que las dos partes se han comprometido a alienar plenamente sus estándares para el sector. En la actualidad, los aranceles de la UE a los turismos japoneses ascienden a un 10%, mientras que para vehículos comerciales están entre el 10 y el 22%.

Para Japón, las dificultades más importantes estaban en el sector agroalimentario. Finalmente, Tokio ha aceptado suprimir las tarifas que se aplican a numerosos quesos (que actualmente son del 29,8%), así como a las exportaciones de vino (15%). Además, se garantiza la protección en Japón de más de 200 productos agrícolas europeos de alta calidad, lo que se conoce como indicaciones geográficas, como el queso manchego.

El acuerdo eliminará o reducirá drásticamente los derechos de productos agrícolas cuya exportación presenta un interés particular para la UE, como el cerdo, el producto agrícola más exportado por la UE a Japón: se garantizarán las exportaciones sin aranceles de la carne de cerdo transformada y las exportaciones prácticamente libres de derechos de la carne de cerdo fresca. Los aranceles de la carne de vacuno se reducirán del 38,5 al 9% a lo largo de quince años para un volumen significativo de productos derivados. En el caso del atún, los recargos se suprimirán por completo tras cinco años.

En cuanto a la protección de inversiones, Tokio no ha aceptado la puesta en marcha de nuevos tribunales comerciales para dirimir conflictos entre empresas y Estados. Pero Juncker ha dejado claro que tampoco se volverá al antiguo sistema de arbitraje privado: si no hay acuerdo en la fase final de negociaciones, serán los tribunales nacionales europeos y japoneses los que diriman estos conflictos.

Una vez que se haya finalizado, el acuerdo tendrá que ser aprobado por todos los Estados miembros y por la Eurocámara. A diferencia de lo ocurrido con el pacto con Canadá (CETA) o EEUU (TTIP), el acuerdo comercial con Japón no ha suscitado hasta ahora una fuerte oposición entre las opiniones públicas y las organizaciones activistas de la UE, aunque esto podría cambiar durante la fase final de las negociaciones.