Helmut Kohl,  en una imagen de 2001 celebrando la reunificación

Helmut Kohl, en una imagen de 2001 celebrando la reunificación Reuters

Europa OBITUARIO

Helmut Kohl, padre de la reunificación alemana y padrino de la Unión Europea

Fue el responsable de unir un país partido en dos y se convirtió en el primer canciller de la Alemania reunificada. 

Su mayor obra fue sin duda la reunificación de Alemania en 1990: convertir dos países -uno comunista y otro capitalista, uno pobre y otro rico, uno del este y otro del este- en uno solo, una gran potencia mundial de 80 millones de habitantes. Y no sólo eso, sino que además, que ese país renovado fuera la locomotora y jugara un papel decisivo en el diseño de la Unión Europea. Helmut Kohl es además uno de los creadores de la moneda única, el euro que ahora usamos.


Fue el primer ministro de Alemania desde el año 1982 a 1998 y fue por tanto el primer canciller del país reunificado. Se retiró de la política en 2002 y seis años después, sufriría una caída que le postró en una silla de ruedas, y prácticamente imposibilitado para hablar, hasta su muerte este viernes a los 87 años.


La actual canciller, Angela Merkel, siempre ha sido considerada como su heredera natural y su protegida. Kohl se refería a ella con el apodo cariñoso de Mädchen, chica. Sin embargo, su relación se rompería para siempre cuando Kohl se vio obligado a dimitir como líder del partido, el democristiano CDU, después de haber sido acusado de aceptar donaciones de procedencia dudosa.


Hekmut Khol nació el 3 de abril de 1930 en Ludwigshafen am Rhein. Creció en una familia católica conservadora. De niño y de adolescente, vivió el nazismo y la Segunda Guerra Mundial. Llegó a ser reclutado y a recibir formación militar, pero el conflicto terminó cuando sólo tenía 15 años, y no hubo tiempo para que fuera enviado al frente. Sin embargo, la contienda le dejaría una grave herida que no llegó a curársele nunca: la muerte en combate de su hermano mayor Walter.


Los jóvenes alemanes de aquel entonces pertenecen a la llamada generación de los escombros. Los que padecieron las miserias de la posguerra, pero que nada habían tenido que ver con las atrocidades de Aldolf Hitler. Helmut fue uno de aquellos jóvenes que maduraron con una fe ciega en ver su país unido de nuevo, con Europa como tabla de salvación y mejor garantía de que el nazismo no renacería.

Un administrador eficaz


Su interés por la política se manifestó de forma temprana. Ya en 1947 comenzó a trabajar para las juventudes de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) en su localidad natal. Estudió Derecho y llegó a doctorarse en Ciencias Políticas en 1958 en la Universidad de Heldeberg.


Un año después fue elegido diputado regional en el land de Renania-Palatinado. En 1969, ya ocupó un puesto en la oficina del primer ministro en Bonn. Su reputación de eficaz administrador creció de forma imparable. Y su carrera política tomaba cuerpo también dentro del CDU. En 1969 ya era vicepresidente y en 1973 presidente del partido.


En las elecciones legislativas de 1976 encabezó la coalición con el CSU, el partido equivalente al suyo en Baviera. Pero fue derrotado por el socialdemócrata Helmut Schmidt. En cambio, en 1982, después de atraer a su gran coalición al Partido Democrático Liberal (FPD) –antes con los socialdemócratas- consiguió la mayoría absoluta en el Bundestag.


Para contentar a sus socios, gobernó con políticas centristas, caracterizadas en lo nacional por un sensible recorte de los gastos gubernamentales y en lo exterior por un apoyo incondicional a la OTAN frente al Pacto de Varsovia. Todavía el mundo se encontraba en plena Guerra Fría.


A finales de 1989, cuando la URSS cedió en su férreo control sobre el bloque del Este, se puso al frente de la reunificación del país, partido en dos tras la Guerra Mundial. Considerado un hombre de acción, con autoridad y reflejos políticos para desenvolverse en situaciones complejas, pronto vio que se enfrentaba a una gran oportunidad histórica. Y supo aprovecharla.

Coser un país partido en dos


Tras la caída del muro de Berlín, sólo necesitó tres semanas para presentar ante el pleno del Bundestag su histórico plan de diez puntos para reunificar el país. Analistas políticos consideran aún hoy esa hoja de ruta como “una obra maestra” de la estrategia. En un tiempo récord, igualó la moneda e impuso el valor del marco fuerte occidental frente al absolutamente devaluado del Este.

Extendió los beneficios del estado de bienestar a los ciudadanos de la arruinada República Democrática Alemana. Y consiguió que la OTAN y la URSS reconocieran al nuevo país unificado. Para ello fueron decisivas sus buenísimas relaciones con la poderosa Francia de François Mitterrand en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y su maestría para entenderse con Gorbachov en el bloque comunista. En octubre de 1989, la Alemania del Este se disolvió y el 2 de diciembre de 1990, su coalición ganó de forma arrolladora las primeras elecciones de la gran Alemania desde 1932.


La euforia de la reunificación pronto daría paso a los graves problemas que suscitaba juntar dos estados hermanos, pero muy alejados entre sí en lo social y en lo económico. El precio iba a ser alto: fuertes subidas de impuestos y drásticos recortes del gasto público. Todo ello unido a la crisis económica del 92-93 le dejaron una exigua mayoría en las elecciones de 1994.


Para los siguientes comicios, en 1998, la situación se hizo insostenible para Kohl y los conservadores, con un paro disparato a cotas desconocidas en Alemania dese antes del nazismo. El socialdemócrata Gerard Schröder le arrebató el poder. Un año más tarde, en 1999, estalló el escándalo dela financiación ilegal del CDU, lo que obligó a Kohl a renunciar también a la presidencia de su partido. Un final muy triste y un golpe muy duro para hombre que había conseguido cambiar el rumbo de la historia de su país y hasta de su continente.

No hay que olvidar que a su persistencia con el tratado de Maastricht, la atracción de países amigos del Este como Polonia o la creación de la moneda única –el euro- contribuyó de forma decisiva a la construcción de la Unión Europea tal y como la conocemos hoy.

“Helmut Kohl fue subestimado durante mucho tiempo –se podía leer ayer en la web del diario alemán Deutsche Welle (DW)-. Su origen provinciano, que nunca intentó ocultar, y su manera un tanto torpe de moverse, lo hicieron parecer una figura pública que no era necesario tomar muy en serio”.

Esa es una imagen contra la que Kohl luchó siempre, pero que también se volvió a su favor. “El éxito que logró antes de la reunificación se debió precisamente a que era un alemán medio, en el mejor sentido de la expresión –continúa el periódico-. Representa al hombre alemán de la segunda mitad del siglo XX. Y eso dice mucho acerca de nosotros. Era, simplemente, alemán. Y, a la vez, un gran europeo”.

Kohl con Gorvachov en una imagen de 1990

Kohl con Gorvachov en una imagen de 1990 Reuters