Europa En busca del terrorista

El error en la detención del autor del atentado de Berlín fragiliza a Angela Merkel

  • La canciller queda expuesta a las críticas de la ultraderecha y las de sus socios bávaros.
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En la tarde del martes quedó en libertad el joven paquistaní de 23 años solicitante de asilo que resultó detenido como único sospechoso de la matanza del lunes en el mercadillo de Navidad junto a la Iglesia Memorial del Kaiser Guillermo, en el centro de Berlín. No había suficientes pruebas contra él y niega ser el autor del atentado reivindicado por el grupo terrorista Estado Islámico. El responsable del ataque en pleno corazón de Berlín en el que perdieron la vida doce personas y otras 45 resultaron heridas anda suelto.

Esta situación, más allá de la alarma que pueda generar, resulta crítica para la canciller Angela Merkel. La jefa del Ejecutivo germano está apostando ahora por actuar con su habitual calma frente a las dificultades. A pesar de las feroces críticas contra ella formuladas desde de la ultraderecha y pese a los incómodos interrogantes lanzados desde sus socios en Baviera, donde gobierna la CSU, partido hermanado a la Unión Cristiano Demócrata (CDU) que lidera Merkel.

Así, el responsable bávaro del Interior, el socialcristiano Joachim Hermann, volvió a relacionar el martes seguridad e inmigración cuando el presunto autor del atentado aún era el joven en proceso de asilo. En Hermann y en otros responsables del Gobierno bávaro, vincular ambos temas es una recurrente forma de señalar su desacuerdo con la política de puertas abiertas a los demandantes de asilo puesta en marcha por la canciller en el punto álgido de la crisis de los refugiados en 2015.

“Debemos preguntarnos a qué riesgos nos enfrentamos con unos números tan grandes de refugiados”, afirmó Hermann. Merkel respondía en una rueda de prensa a este tipo de afirmaciones que la vida que quieren llevar los alemanes es “libre y abierta” con un mensaje en pro de la convivencia, recordando que la mayoría de los refugiados necesitan ayuda.

Que peligre ese estilo de vida es algo que preocupa a Peter, un jubilado alemán. No tanto por eventuales atentados, sino por el aprovechamiento político de aquellos que él llama “los populistas”. Peter se dirige con su mujer a la boca de metro de la parada de la línea 6 de Paradestraße, justo en frente del antiguo aeropuerto de Tempelhof que reconvertido en hogar para miles de los refugiados, incluido el joven paquistaní liberado finalmente.

“Después del ataque, Alternativa para Alemania [AfD, ndlr.] y Pegida van a hacer populismo, es totalmente horroroso”, dice Peter a EL ESPAÑOL. Alude concretamente al movimiento xenófobo de los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida, por sus siglas en alemán) y al partido de ultraderecha que ha emergido en el escenario político germano aupado por las inseguridades despertadas por la crisis de los refugiados.

"LOS MUERTOS DE MERKEL"

Peter parece no equivocarse. Frauke Petry, la presidenta de AfD, no tardó en afirmar el martes que “Alemania ya no es segura”. “Sería el deber de la canciller decirles esto. Pero como ella no lo hará, se lo digo yo”, dijo en un comunicado del que no se desdijo tras la liberación del joven paquistaní solicitante de asilo.

Por su parte, Marcus Pretzell, el eurodiputado de AfD y líder de la formación ultraderechista en el Land de Renania del Norte-Westfalia (oeste germano), llamó a las víctimas mortales del atentado en Berlín “los muertos de Merkel”. Pretzell acusó de pasividad a la canciller y su gabinete al preguntar en un mensaje en su cuenta de Twitter: “¿Cuando responderá el Estado de derecho alemán?”.

Ese reproche se suma a las permanentes críticas de AfD a la política migratoria del Gobierno de Merkel, que abrió las puertas a los centenares de miles de demandantes de asilo llegados del desestabilizado Oriente Medio el pasado verano. En 2015, cerca de un millón de personas fueron reconocidas como refugiados en Alemania.

Merkel, que el martes protagonizó actos en honor a las víctimas, puede sentirse arropada por la CDU y el Partido Socialdemócrata de Alemania, socios de la CDU en el Gobierno central. Estuvo acompañada en esos gestos de recogimiento, entre otros, por Thomas de Maizière, ministro del Interior y otra figura relevante entre los cristianodemócratas, y el ministro de Asuntos Exteriores, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier.

“Pero este año llegarán en total algo más de 200.000, lo que significa que la política del Gobierno ya ha cambiado, se ha hecho muy restrictiva”, estima en declaraciones a este periódico Hajo Funke, politólogo especializado en la extrema derecha de la Universidad Libre de Berlín. Desde principios de este año, el Gobierno alemán ha realizado varias reformas al derecho de asilo.

Además, tras los ataques registrados este verano en Ansbach y Wurzburgo, en el que resultaron heridas veinte personas y dos perdieron la vida –los jóvenes refugiados responsables de esos ataques–, el Gobierno alemán manifestó su deseo de agilizar las deportaciones. La era ultrasolidaria de Merkel hace tiempo que terminó.

DEBATE SOBRE LA SEGURIDAD

De ahí que Funke reste relevancia a lo que puedan afirmar en estos momentos Petry y compañía. “Los que estos políticos de extrema derecha escriben son sinsentidos, tonterías, AfD no tiene soluciones a los problemas”, comenta Funke. Él alaba los esfuerzos en materia de seguridad con los que ahora tratan de atajar la crisis las autoridades en Berlín.

René Rieger, presidente del Grupo de Investigación sobre Oriente Medio y Asuntos Internacionales (MEIA, por sus siglas inglesas), un think tank afincado en Múnich, entiende que el atentado de Berlín va a “relanzar el debate sobre la necesidad de efectivos policiales”. A su entender, por ahora, “la reacción que cabe esperarse y que de hecho ya se ve es un incremento de las medidas de seguridad para asegurar posibles objetivos”. Sin embargo, “por motivos estructurales –falta presupuesto y personal–, estas medidas sólo pueden ser temporales”, añade.

Merkel había conseguido acallar críticas internas e imponerse con claridad en el último congreso de su partido, celebrado a principios de mes y en el que fue reelegida presidente de la CDU con un 89,5% de los votos. Pero ahora se le plantean problemas que difícilmente podrá resolver de la noche a la mañana. La cuestión de la seguridad seguramente la acompañe hasta las elecciones generales del próximo otoño. Es muy probable que ese problema siga ahí si logra el que sería su cuarto mandato.