Un grupo de niños chinos durante una recepción oficial. Reuters
Preservativos más caros, crianza más barata: el plan de China para relanzar la natalidad a través de los impuestos
Los profilácticos, exentos de impuestos desde 1993, están gravados con un 13% desde el primer día de 2026.
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Al mundo le faltan chinos o al menos eso considera Xi Jinping. El presidente de la República Popular está preocupado por el descenso de la natalidad en su país, donde viven 1.400 millones de personas y atenazado durante décadas por la política del hijo único.
Para revertir esa dinámica, los dirigentes del Partido Comunista Chino han puesto en marcha un paquete de medidas que apuntan al bolsillo. La primera de ellas termina con la exención tributaria que tenían los preservativos desde 1993. Desde el primero de enero, los condones tienen un gravamen del 13 %.
Ese porcentaje supera el que impone España (10%), Francia (5,5%) o Alemania (7%), pero también los de sus vecinos más próximos como Japón (10%), Corea del Sur (10%), Tailandia (7%).
La medida forma parte de la revisión de la Ley del Impuesto al Valor Agregado con la que Pekín busca modernizar el sistema fiscal, aunque muchos analistas consideran que el impacto real será limitado. Evidentemente, sigue siendo bastante más alto el costo de criar hijos y las preocupaciones económicas generales que pagar preservativos.
Como parte de su plan, también ha incluido exenciones de impuestos indirectos para los servicios de cuidado infantil. Entre los beneficiados se encuentran los servicios de guarderías, jardines de infancia y otros vinculados al cuidado familiar.
La táctica es conseguir que sea más barato criar a los hijos para, de ese modo, atraer la natalidad.
También plantea ampliaciones de permisos. Muchas regiones han extendido la licencia de maternidad hasta los 158, 180 o incluso más de 200 días, combinando el permiso legal con días adicionales incentivados por los gobiernos locales.
Un declive marcado
Durante cuatro décadas, China ha pasado de temer una explosión demográfica a enfrentarse a un vacío en las salas de maternidad de sus hospitales.
Los números son elocuentes: en 1980, el país registraba 18,21 nacimientos por cada mil habitantes. En 2023 llegó a su mínimo histórico (6,39) y en 2024 se elevó hasta los 6,77.
La curva no cae de golpe, sino que se desliza año tras año, lo que muestra una tendencia estructural. Lo que durante décadas fue una política de Estado, reducir nacimientos, se ha convertido ahora en un quebradero de cabeza.
La tasa de fertilidad cuenta la misma historia con aún mayor crudeza. De los 2,74 hijos por mujer en 1980, China ha descendido hasta quedarse ligeramente por debajo de 1 desde el 2023. Esa cifra se ubica muy lejos del 2,1 necesario para garantizar el reemplazo generacional.
Ni el fin de la política del hijo único en 2015 ni la posterior autorización para tener dos y hasta tres hijos han logrado revertir la dinámica. El problema ya no es legal ni normativo: es económico, cultural y profundamente social.
Las causas son conocidas y universales, pero no por ello fáciles de corregir. El coste de la vivienda, la precariedad laboral urbana, la dificultad para conciliar, el retraso en la edad del matrimonio y una generación de jóvenes educada en la lógica del hijo único pesan más que cualquier incentivo puntual.
Las ayudas a guarderías o los subsidios por hijo chocan con una realidad en la que tener descendencia se percibe, cada vez más, como un riesgo económico y personal.
El resultado es una China que envejece a gran velocidad mientras ve encogerse su población activa. Menos nacimientos hoy significan menos trabajadores mañana y más presión sobre el sistema de pensiones y de cuidados.
El país que durante décadas fue sinónimo de abundancia demográfica se enfrenta ahora a su reverso: la escasez de niños. Y en esa paradoja se juega buena parte de su futuro económico, social y político.