Un periodista de MS NOW se ve obligado a informar desde el exterior de la Casa Blanca por el veto de Trump.
La Justicia da la razón a los medios que reclamaban informar desde la Casa Blanca y levanta el veto de Trump
Las grandes cadenas como Fox News y ABC han abandonado el 'pool' que cubre al presidente porque el sistema no es sostenible sin CNN.
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Timothy J. Kelly, el juez federal de Washington nombrado por Trump en 2017, ha ordenado al mandatario levantar el veto que prohibía la entrada de los periodistas de CNN, MS NOW y Politico a la Casa Blanca.
El magistrado ha afirmado que esta prohibición sea probablemente inconstitucional en respuesta a la demanda presentada por los tres medios de comunicación. La resolución exigía que se devolvieran inmediatamente las credenciales de prensa y ha impuesto un período de 14 días en los que los funcionarios no pueden aplicar este veto.
"El expediente carece de fundamento fáctico para la afirmación de los demandados de que la revocación de los pases de acceso de los demandantes protegerá la seguridad nacional o que la seguridad nacional se verá comprometida si el tribunal ordena la restitución de sus pases mientras este litigio sigue en curso", ha dicho Kelly.
En declaraciones anteriores había cuestionado abiertamente la actuación de la Casa Blanca: "Es justo decir que los procedimientos establecidos por el Tribunal de Apelaciones no se han seguido aquí".
Huelga informativa
Anoche, las cámaras de CBS, Fox News y NBC estaban preparadas en la base militar de Andrews, al sureste de Washington, para grabar una imagen poco habitual: un presidente de Estados Unidos acudiendo a recibir al líder chino Xi Jinping.
Los equipos estaban expectantes por si el juez levantaba el veto a estos medios y las grandes cadenas decidían reanudar la cobertura televisiva compartida.
La orden no llegó. Antes de pulsar el botón de grabar, comenzaron a desmontar. Cuando aterrizó el hombre más poderoso de China, las grandes cadenas ya se habían marchado.
La batalla comenzó el viernes en Truth Social. A Trump le bastó un mensaje para expulsar de la Casa Blanca a CNN, MS NOW —la antigua MSNBC— y Politico. Los acusó de publicar "ficciones y mentiras" y anunció que el veto entraba en vigor de inmediato. No señaló a un corresponsal ni describió una infracción concreta. Condenó a tres redacciones en bloque.
El castigo se hizo efectivo a la mañana siguiente. Los pases dejaron de funcionar, el Servicio Secreto impidió la entrada de los periodistas y algunas acreditaciones fueron confiscadas.
Es importante entender que la expulsión no impide que esos medios sigan informando sobre Trump. El martes, en Naciones Unidas, Kaitlan Collins preguntó al presidente por un sondeo pesimista sobre la guerra con Irán.
Trump se sorprendió al ver a la corresponsal de CNN y le espetó: "No deberías estar aquí cubriéndome". Allí el veto no podía alcanzarla: las acreditaciones las concede la ONU.
Lo que los tres medios han perdido es el acceso cotidiano a la Casa Blanca, el centro del poder presidencial: las reuniones, las comparecencias imprevistas y la posibilidad de formular una pregunta fuera del guion. Pueden contar lo que pasa desde fuera, pero no observarlo desde dentro.
La demanda
El lunes acudieron a los tribunales denunciando represalias por su cobertura y falta de garantías. El martes, con la demanda ya presentada, la Casa Blanca puso por escrito los motivos que no había comunicado previamente. Los acusó de incumplir los estándares de "profesionalidad y decoro", difundir falsedades y publicar información sensible o clasificada que podía poner en riesgo la seguridad nacional.
El escrito citó una información de CNN sobre un búnker bajo el ala este; otra de MS NOW sobre la disposición de Irán a reanudar el conflicto y un documento publicado por Politico sobre la financiación del nuevo salón de baile que describía mejoras de seguridad. Lo que había comenzado como un arrebato contra la cobertura "negativa" adquirió cuatro días después un vocabulario jurídico.
En su respuesta judicial, la Administración sostuvo que la expulsión aún no era definitiva. Las cartas enviadas a los medios les daban hasta el viernes para responder. También defendió que entrar en la Casa Blanca es "un privilegio, no un derecho".
Una corresponsal de CNN obligada a informar desde el exterior de la Casa Blanca.
Para los demandantes, ese trámite no corrige el problema de origen: primero fueron castigados y solo después conocieron las acusaciones. Una secuencia difícil de encajar en las garantías de debido proceso que los tribunales exigen para retirar una acreditación.
Plante de las grandes cadenas a Trump
El conflicto saltó de las acreditaciones a las pantallas el lunes. CNN debía aportar la cámara que acompañaría a Trump durante su viaje a Nueva York. Era su turno. La Casa Blanca la apartó y pidió un sustituto. ABC, CBS, NBC y Fox News se negaron. Las cinco cadenas suspendieron la cobertura televisiva compartida de los actos presidenciales.
Ese sistema se conoce como pool. Como no caben cientos de periodistas en el Despacho Oval, el Air Force One o una sala pequeña, entra un equipo reducido y comparte después el material. Las cadenas se reparten los turnos y los costes. Sus imágenes alimentan televisiones de todo el mundo. También las españolas.
No se ha producido un apagón informativo. La prensa escrita, las agencias, las radios y los fotógrafos continúan trabajando. Las televisiones pueden enviar cámaras a los actos abiertos o emplear imágenes de Naciones Unidas. Lo que se ha suspendido es la cámara común allí donde el acceso está restringido.
Ahí adquiere sentido la decisión de Fox News. La cadena ultraconservadora no se ha vuelto contra Trump. Continúa cubriéndolo y mantiene su línea editorial. Defiende una regla profesional: que la Casa Blanca no pueda elegir qué cámara registra al presidente. Sustituir a CNN habría supuesto aceptar que la Casa Blanca repartiera los turnos según la simpatía que le inspira cada redacción.
Las consecuencias ya se han visto. Durante la inauguración del nuevo helipuerto, la señal oficial apenas permitía escuchar a Trump porque las hélices del Marine One sepultaban su voz. La Casa Blanca ha tratado de cubrir ese espacio con Trump TV, una señal continua alojada en su canal de YouTube y alimentada con vídeos escogidos por la propia Administración.
Puede proporcionar imágenes. No puede sustituir una mirada independiente. Y nunca hace preguntas.
No hay datos que permitan afirmar por el momento que esta pelea vaya a costarle a Trump las elecciones legislativas. La economía, el coste de la vida y la guerra con Irán pesan mucho más. Además, buena parte de su base comparte su hostilidad hacia los grandes medios.
Carteles en solidaridad con los medios vetados en la sala de prensa de la Casa Blanca.
El riesgo es indirecto. Trump pierde una parte de la difusión gratuita que siempre ha sabido explotar y ofrece una imagen de aislamiento poco habitual: la de un presidente capaz de poner de acuerdo, aunque solo sea durante un turno de cámara, a CNN y Fox News.
El periodista que obligó a escribir las reglas
La Casa Blanca no ha inventado esta semana el veto a la prensa. Trump lo ha llevado a una escala desconocida —tres empresas enteras, no un corresponsal—, pero la pelea por decidir quién puede cruzar la verja comenzó mucho antes de Truth Social y Trump TV. Hace seis décadas, un periodista especialmente incómodo obligó a escribir las reglas que ahora invocan las cadenas.
Robert Sherrill no era el mártir perfecto. Corresponsal de la revista progresista The Nation, se definía como un "radical independiente". En 1964 agredió al portavoz del gobernador de Florida y pagó una multa por ello. Después bromeó con que quizá le había estropeado un poco la mandíbula, pero tampoco era para tanto.
En 1966 solicitó una acreditación permanente para la Casa Blanca. Ya tenía pases del Congreso, pero el Servicio Secreto lo consideró un posible peligro para el presidente. Un memorando enviado al portavoz de Lyndon B. Johnson recomendó ocultar los motivos tanto a Sherrill como a su revista. Primero se cerró la puerta. Después llegó el silencio.
Volvió a intentarlo en el 72. Para entonces había publicado The Accidental President, un retrato demoledor de Johnson, y era uno de los enemigos de Richard Nixon. Con ayuda de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles llevó el caso ante la Justicia.
El tribunal de apelaciones no ordenó en 1977 que le concedieran el pase. Estableció algo más duradero: la Casa Blanca no está obligada a abrirse a la prensa, pero, una vez que lo hace, no puede excluir arbitrariamente a un periodista. Debe comunicarle una razón de peso, permitirle responder y entregarle una decisión por escrito.
Una corresponsal de MS NOW obligada a informar desde el exterior de la Casa Blanca.
Ese principio reapareció en 2018, cuando el mismo Timothy Kelly devolvió temporalmente la acreditación a Jim Acosta, de CNN. La Administración invoca también el litigio de Associated Press, apartada de espacios reducidos como el Despacho Oval.
Durante la vista, Kelly regresó precisamente a esas reglas. Recordó los precedentes de Sherrill y Brian Karem, el periodista de Playboy al que Trump suspendió temporalmente la acreditación durante su primer mandato, y consideró que el procedimiento no se había respetado.
Hace medio siglo, Sherrill obligó a la Casa Blanca a explicar por qué cerraba una puerta. Kelly decidirá ahora si Trump puede cerrársela a tres redacciones enteras y pensar en el expediente después.