Donald Trump sale de la Casa Blanca antes de su viaje a Corpus Christi, Texas, el 27 de febrero de 2026.

Donald Trump sale de la Casa Blanca antes de su viaje a Corpus Christi, Texas, el 27 de febrero de 2026. Evelyn Hockstein Reuters

EEUU

El movimiento MAGA incita a Trump a declarar la emergencia nacional para extender sus poderes sobre las elecciones

La Constitución estadounidense no atribuye al gobierno federal ninguna competencia sobre los distintos procesos electorales… pero Trump está haciendo todo lo posible porque esto deje de ser así.

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Las claves

Leales a Trump, incluido el abogado Peter Ticktin, han elaborado un borrador para que Trump declare la emergencia nacional y asuma control sobre las elecciones si fracasa su reforma electoral.

La propuesta busca centralizar el control electoral en la Casa Blanca, algo inédito en EEUU, justificando la medida por supuestas amenazas extranjeras, especialmente por parte de China.

El movimiento MAGA se apoya en precedentes legales, como órdenes ejecutivas emitidas por Trump y Biden, para argumentar la intervención federal en los comicios.

El plan implica acusar a China de manipular las elecciones de 2020 mediante la falsificación de carnés de conducir, con el objetivo de invalidar votos por correo y reforzar el control republicano sobre el proceso electoral.

Un grupo de leales a Donald Trump, incluido el abogado Peter Ticktin, amigo personal del presidente estadounidense y parte de su equipo legal en la infructuosa demanda de 2022 contra el Partido Demócrata por querer perjudicar al neoyorquino vinculándolo con la trama rusa de 2016, ha elaborado un texto que puede servir de borrador para la orden ejecutiva que Trump ha prometido firmar si, como parece, su proyecto de reforma electoral cae en el Senado.

La SAVE Act, por la cual los votantes deben dar prueba de su condición de ciudadanos estadounidenses y se prohíbe el voto por correo no justificado, fue aprobada por los pelos en la Cámara de Representantes, pero lleva un tiempo estancada en la Cámara Alta, donde no tiene el consenso necesario.

La ley supone un terremoto constitucional que tendría que contar con el respaldo del Tribunal Supremo, pues la carta magna estadounidense no atribuye competencia alguna a Washington ni a la Casa Blanca en los procesos electorales.

El objetivo de Trump es revertir esa situación para poder manipular a su antojo las distintas elecciones. Desde decidir quién vota y cómo hasta participar en el recuento, algo insólito en un país en el que los estados y los condados tienen toda la autoridad al respecto.

Podría darse el caso, incluso, de que Trump decidiera suspender los comicios apelando a alguna amenaza internacional.

Las elecciones legislativas de mitad de mandato tradicionalmente sirven para castigar al partido en el poder y este año no pinta a que sea una excepción. De ahí que, en repetidas ocasiones, Trump haya afirmado que "no deberían ni celebrarse", puesto que su Gobierno lo está haciendo tan bien que exponerse al juicio del electorado le parece innecesario

Aún no ha descartado públicamente siquiera que vaya a presentarse en 2028 a un tercer mandato, pese a la constancia de que la vigésimo segunda enmienda lo prohíbe.

Vladímir Putin y Donald Trump se dan la mano durante una rueda de prensa tras su reunión para negociar el fin de la guerra en Ucrania en Anchorage.

Vladímir Putin y Donald Trump se dan la mano durante una rueda de prensa tras su reunión para negociar el fin de la guerra en Ucrania en Anchorage. Kevin Lamarque Reuters

El precedente ruso

En cualquier caso, saltarse el orden vigente de un país democrático no es fácil. Se puede hacer con apoyo del ejército o retorciendo las leyes hasta que digan lo que uno quiere.

Descartado lo primero, MAGA se está volcando en lo segundo, de ahí que el borrador que anda circulando por medios de comunicación y despachos de congresistas cuente con el asesoramiento de importantes figuras del derecho.

El objetivo sería, como decíamos, justificar que hay una amenaza exterior que puede influir decisivamente en el proceso.

No deja de ser curioso que esto se haga en favor del hombre que, en 2018, frente a Vladímir Putin, aseguró que se creía la palabra del presidente ruso de que su país no había intervenido en las elecciones de 2016… pese a las evidencias publicadas durante los meses anteriores por la propia inteligencia estadounidense.

El negacionismo del presidente no evitó que su entorno, formado principalmente por el entonces secretario de Defensa, el general John Mattis; el entonces secretario de Estado, Mike Pompeo; y el entonces Consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, sacara adelante una orden ejecutiva en 2018 que amenazaba con sanciones a todo país que pudiera intentar intervenir en las elecciones legislativas de ese año

Dicha orden ejecutiva, refrendada y ampliada en 2023 por Joe Biden, es uno de los bastiones legales en los que se apoya ahora el movimiento MAGA.

John Bolton, exconsejero de Seguridad Nacional de Trump, en septiembre de 2024.

John Bolton, exconsejero de Seguridad Nacional de Trump, en septiembre de 2024.

¿Carnés de conducir falsos?

Ahora bien, para eso, hay que especificar en qué consiste esa "amenaza exterior", aunque ni siquiera esté claro que así se justifique una centralización del proceso electoral.

Reconocer que Rusia puede estar detrás de ciberataques y campañas de intoxicación sería hacerle un feo a Putin y supondría revivir los fantasmas de 2016 que Trump quiere dejar atrás cuanto antes.

Por eso, MAGA se ha buscado una nueva fecha y un nuevo enemigo.

La fecha es 2020, es decir, las elecciones que Trump lleva cinco años y pico insistiendo en que fueron "amañadas", y el enemigo es China.

Según el borrador de MAGA, China habría intentado amañar dichas elecciones y cita para ello los documentos del FBI ya hechos públicos por el senador republicano Chuck Grassley en junio de 2025, por los que China estaría intentando fabricar carnés de conducir falsos para obtener votos por correo.

Hay que recordar que en Estados Unidos no hay un carnet de identidad tal y como entendemos en España, de ahí que el carnet de conducir sea uno de los métodos más habituales de identificación.

La trama se habría centrado sobre todo en Arizona, donde incluso la Agencia de Inteligencia Nacional, dirigida por la trumpista prorrusa Tulsi Gabbard, ya ha procedido a la incautación de miles de votos guardados en distintos almacenes "para su estudio".

El futuro de la democracia

Lo normal es que Gabbard encuentre algún tipo de escandalosa manipulación supuestamente silenciada hasta el momento por todos sus antecesores. Le va el puesto en ello.

Lo siguiente sería atribuir a China la manipulación y así justificar algún tipo de orden de seguridad nacional que prescinda de la ratificación del Congreso y que sea lo suficientemente ambigua como para que el Tribunal Supremo no se pronuncie hasta pasadas las elecciones legislativas.

Unas elecciones en las que, si todo está centralizado en la Casa Blanca, no hay esperanza alguna de que pierdan los republicanos. No se mueve Roma con Santiago para acabar con una mayoría demócrata en Cámara y Senado.

Del éxito de todo este plan depende obviamente el futuro de la democracia estadounidense. Incluso si no sale adelante —mucha gente tendría que corromperse o mirar a otro lado—, siempre queda la posibilidad de no aceptar los resultados e impedir la formación de los nuevos parlamentos. De eso, Trump y los suyos saben un rato.