Donald Trump comparece desde la Casa Blanca para hacer balance del primer año de su segundo mandato.

Donald Trump comparece desde la Casa Blanca para hacer balance del primer año de su segundo mandato. Nathan Howard Reuters

EEUU

Trump cumple su primer año con el 55% de los ciudadanos de EEUU en contra después de resquebrajar el orden mundial

Su errática política internacional y su autoritarismo sin filtros dentro de las fronteras de EEUU hacen que Trump tenga la peor valoración de un presidente después de su primer año de mandato desde él mismo en 2018.

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Las claves

Donald Trump cumple su primer año de mandato con un 55% de desaprobación, la cifra más alta desde su primer periodo como presidente.

Las políticas económicas y migratorias de Trump han generado gran descontento, con inflación persistente y críticas generalizadas a la actuación del ICE.

Trump ha tensionado la política interior y exterior de Estados Unidos, enfrentándose abiertamente a la Unión Europea y radicalizando su discurso contra opositores.

El presidente ha consolidado su control sobre las principales instituciones estadounidenses, generando preocupación por tendencias autoritarias y el deterioro de las relaciones internacionales.

A pesar del éxito de la Operación Maduro, del regreso al imperialismo triunfalista y del empeño en devolver a Estados Unidos una supuesta grandeza previa basada en la fuerza bruta, Donald Trump cumplió este martes su primer año en la Casa Blanca en medio de una importante crisis de popularidad.

Al americano medio no le importa Groenlandia, sino la inflación. No entiende de aranceles, sino de puestos de trabajo. No ve con malos ojos una reducción de la inmigración ilegal, pero desconfía de las maneras del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

Según la media ponderada de encuestas que realiza Nate Silver, el creador del prestigioso portal FiveThirtyEight, el 55% de los estadounidenses desaprueban la gestión del presidente.

Hace un año, ese número estaba en el 40%.

Por su parte, el 42% de los ciudadanos que sí respaldan la actuación de Trump supone la cifra más baja desde el mes de noviembre, en pleno escándalo por su implicación en los papeles de Epstein. Cuando juró el cargo, su aprobación estaba en el 57,4%.

No es inhabitual que los presidentes pierdan popularidad conforme avanza su mandato, especialmente si es su segundo, aunque en este caso sea no consecutivo. Aun así, lo cierto es que estos números de rechazo sólo los ha tenido él mismo durante su primer paso por la Casa Blanca.

Ni siquiera Joe Biden, el otro presidente en superar el 50% de desaprobación tras su primer año en el cargo, llegaba a esas cifras. Todo esto, pese a que el presidente no deja de repetir que su Administración es la mejor de la historia y que todo el mundo está encantado con él, tanto fuera como dentro de Estados Unidos.

Jeffrey Epstein, acusado de tráfico y abuso sexual de menores, y Donald Trump, antes de ser Presidente de EE. UU.

Jeffrey Epstein, acusado de tráfico y abuso sexual de menores, y Donald Trump, antes de ser Presidente de EE. UU.

Una economía que no arranca

Obviamente, no es así. Trump llegó a la Casa Blanca con un discurso de odio, pero lo ha llevado a tal extremo que da la sensación de que el país se acerca peligrosamente a una autocracia.

En una nación tremendamente dividida desde hace años, Trump ha declarado públicamente que el rival político es un enemigo, ha insultado gravemente a altos cargos del Partido Demócrata, ha colocado la foto de un bolígrafo de firma automática donde estaba la de su antecesor, Joe Biden, y se ha pasado un año entero humillando a su contendiente en las elecciones de 2020, a pesar de su edad (83 años) y su delicado estado de salud.

No se ha parado ahí: ha utilizado los órganos de gobierno para colocar a sus afines personales, gente que no rebatiría nunca ninguna de sus órdenes. Ha jugado a su antojo incluso con la Guardia Nacional, que ha desplegado en varias ciudades —todas, con alcaldes demócratas— apelando a datos falsos solo para demostrar a los gobernadores de turno que el que manda es él.

A raíz del asesinato de Charlie Kirk, acusó al Partido Demócrata de formar parte de la "izquierda radical" y amenazó con una posible ilegalización de determinadas organizaciones que simplemente critican su gestión.

Los dos puntos fuertes de su campaña —aparte de la afirmación cultural contra lo woke, que ha servido también de excusa para medidas dudosamente constitucionales— fueron la economía y la lucha contra la inmigración.

En lo que respecta a la primera, el ciudadano de a pie sigue sin sentir que las cosas van mejor que hace un año. La inflación creció en 2025 al 2,6%, tan solo tres décimas por debajo de lo que había crecido en 2024.

Sus esfuerzos por recortar el gasto público han sido erráticos: el DOGE, encabezado en su momento por Elon Musk, se ha dedicado a cerrar agencias y despedir trabajadores sin un criterio claro.

Aparte, la lucha con los demócratas por aprobar su senda de gasto hizo que el Gobierno federal permaneciera cerrado durante más de un mes, algo inédito en la historia moderna de Estados Unidos. Todo eso mientras el presidente afrontaba gastos gigantescos en reformas de la Casa Blanca o en ofertas a Dinamarca para comprar Groenlandia.

Una de las redadas de ICE en Mineápolis, Minnesota.

Una de las redadas de ICE en Mineápolis, Minnesota. Reuters Omicrono

El matonismo del ICE

Ni siquiera la inmigración le está sirviendo como activo para su popularidad. A pesar del tremendo descenso en la entrada de ilegales, el 53, 3% de los estadounidenses están en contra de su política de persecución a los extranjeros y buena parte de culpa la tienen los excesos del ICE.

En la práctica, los agentes de fronteras y aduanas están actuando como matones que se dedican a hostigar arbitrariamente a "sospechosos" que resultan ser siempre de raza negra o latina. Eso afecta mucho a las comunidades e incluso los MAGA más recalcitrantes tienen problemas para defenderlo.

Aparte, están las detenciones ilegales, las deportaciones a cárceles de El Salvador incluso de ciudadanos con nacionalidad estadounidense y, por supuesto, el reciente asesinato de Renee Nicole Good en Minneapolis mientras intentaba huir de una patrulla y sin más provocación mediante.

Un asesinato que, este mismo martes, Trump seguía intentando justificar en la eterna rueda de prensa de balance de legislatura, aprovechando para sacar fotos y fotos y fotos de supuestos criminales asentados en Minnesota, todos ellos extranjeros y que habrían cruzado la frontera gracias a Biden.

A punto de cumplir 80 años, su discurso cada vez más radical e inconexo no encuentra contrapesos dentro de Estados Unidos.

Suyo es el control de la Cámara de Representantes, del Senado y de la Corte Suprema. Al frente del FBI y de la CIA ha puesto a fieles no ya del Partido Republicano, sino de MAGA. Su acoso al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, cuyo mandato no acaba hasta el mes de junio, ha provocado que Powell haya tenido que grabar un vídeo pidiendo ayuda, algo inaudito en una democracia, sobre todo teniendo en cuenta que el propio Trump lo nombró en 2018.

La UE, enemigo número uno

Ahora bien, si todo esto sucede dentro de Estados Unidos; fuera, ha sido un año de caos y de humillaciones. Tanto Trump como su vicepresidente J. D. Vance y buena parte de los colaboradores de Fox News que ha colocado en importantes cargos de la política exterior, comparten un mismo enemigo: la Unión Europea.

Consideran que Europa es un parásito que lleva décadas aprovechándose económica y militarmente de los Estados Unidos a la vez que defiende unos valores "débiles" que acabarán con su cultura.

A Europa le ha impuesto unos aranceles salvajes, ha ninguneado a sus líderes tanto en las negociaciones con Rusia como con Israel y ahora amenaza con quedarse con el territorio de uno de sus miembros mediante la conquista militar de la isla de Groenlandia.

Trump, en una imagen generada por IA, plantando la bandera estadounidense en Groenlandia.

Trump, en una imagen generada por IA, plantando la bandera estadounidense en Groenlandia. Truth Social

La relación entre ambas potencias atlánticas pasa, con mucho, por sus peores momentos desde la Segunda Guerra Mundial, y no tiene pinta de que la cosa vaya a cambiar.

Por eso, en su documento de seguridad nacional, la Casa Blanca identificaba a los partidos de extrema derecha europeos como sus verdaderos aliados: ellos podrán ir sacando a sus países de la Unión y someterse al yugo norteamericano.

En el resto del mundo, Trump se ha dedicado a dorarle la píldora a Vladímir Putin y a Xi Jinping a la vez que justificaba todas sus decisiones basándose en las supuestas amenazas de Rusia y de China.

Consiguió un alto el fuego en Gaza, pero no tiene manera de convencer a Netanyahu de pasar a la segunda fase. Ya tiene pensado qué países y qué líderes van a formar parte del equipo de gestión de la Franja, pero el caso es que ahí sigue Hamás y ahí siguen las FDI, inamovibles ambas.

En Irán, los ayatolás siguen matando a los manifestantes impunemente y en Venezuela, el chavismo continúa en el poder… aunque, eso es cierto, sin Nicolás Maduro.

La última ofensa de Trump, que carece por completo ya de filtro alguno, ha sido publicar en su red social, Truth, una imagen manipulada en la que aparece un mapa falso de Canadá pintado con barras y estrellas, frente a la pasiva mirada de todos los líderes europeos.

La indignación en el país vecino ha sido mayúscula. Tampoco se ha privado de humillar a Emmanuel Macron con la publicación de un mensaje privado que le dirigió el presidente francés, sin que sepamos muy bien a cuento de qué. Todo esto, en un año. Pensar que quedan tres más causa verdaderos escalofríos.