Joe Biden en la Casa Blanca este jueves.

Joe Biden en la Casa Blanca este jueves. Reuters

EEUU

Biden llama a Netanyahu para mostrarle su enfado pero le envía 2.000 bombas más para arrasar Gaza

En una llamada reciente con Netanyahu, el presidente de EEUU le ha pedido "el cierre, sin demora, de un acuerdo con Hamás".

5 abril, 2024 02:45

"Furioso y descorazonado". Así se mostró el pasado martes Joe Biden tras conocer la noticia del bombardeo israelí sobre tres vehículos de la organización World Central Kitchen en un sentido comunicado oficial publicado por la Casa Blanca. El enfado del presidente estadounidense con Netanyahu viene de lejos y, según fuentes cercanas, habría alcanzado su máximo tras la muerte totalmente gratuita de siete cooperantes en un ataque que aún no ha sido aclarado y del que solo se admite que "se trató de un error".

La administración Biden está harta de errores y excesos. Desde un principio, se mostró comprensiva con el derecho a defenderse de Israel ante los ataques de Hamás, pero siempre ha apostado por vías que castiguen exclusivamente a los responsables y no hagan pagar a justos por pecadores.

Desde el 7 de octubre, han muerto en torno a 33.000 palestinos en Gaza. Muchos de ellos, sin duda, eran miembros de Hamás, pero la cifra es demasiado alta como para no intuir que varios miles no eran más que civiles en el lugar equivocado.

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A eso, hay que añadirle el daño humanitario que se ha infligido a la población gazatí y la destrucción casi absoluta de hogares e infraestructuras, lo que hace de la reconstrucción de Gaza cuando acabe la guerra una tarea hercúlea.

Estados Unidos sabe que todo ello no solo erosiona la reputación y la imagen de Israel, sino la suya propia como gran aliado. Por eso, lleva meses pidiendo el alto el fuego e incluso ha permitido que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas apruebe una resolución al respecto sin ejercer su derecho de veto.

"Un acuerdo sin demora"

Ahora bien, el enfado de Biden no queda solo en la desconsideración por la vida ajena que muestra el gobierno de Netanyahu. A Estados Unidos tampoco le ha podido sentar bien el ataque a Damasco del pasado lunes sin consulta previa. Fuentes de la inteligencia norteamericana han expresado estos días su temor a que sean sus tropas destinadas en Siria y en Irak las que acaben pagando el pato con un ataque terrorista.

Por si todo eso fuera poco, queda la cuestión de Rafah. La ciudad fronteriza entre Gaza y Egipto es el hogar ahora mismo de cientos de miles de desplazados. Estados Unidos y la comunidad internacional han pedido repetidamente a Israel que no entre con los tanques en la zona, pues sería imposible reubicar a los civiles.

Niños palestinos montan en bici por las ruinas del norte de Gaza.

Niños palestinos montan en bici por las ruinas del norte de Gaza. Reuters

Israel, de momento, se mantiene a la expectativa, pero en ningún momento ha contemplado una alternativa. De hecho, a lo largo de esta semana, se han producido varias reuniones telemáticas entre ambos gobiernos para intentar consensuar un plan de acción. No ha trascendido ningún acuerdo.

La división, como se ve, es absoluta, y en ese contexto tuvo lugar la llamada entre Netanyahu y Biden de la noche del jueves. Dicha llamada estaba prevista para una fecha anterior, pero Israel la canceló en protesta por la abstención de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU.

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Netanyahu y Biden han sido amigos, incluso muy amigos, durante décadas. Se conocieron cuando Biden no era más que un senador por Delaware en la comisión de Exteriores y su conexión fue inmediata. La amistad se resintió en 2023, cuando Biden criticó los intentos de Netanyahu de controlar el Tribunal Supremo israelí y no ha vuelto a reconducirse.

En la llamada, según la Casa Blanca, Biden se mostró enérgico en sus peticiones y exigió a su homólogo un alto el fuego inmediato, así como "el cierre, sin demora, de un acuerdo con Hamás" para conseguir la liberación de los rehenes secuestrados el 7 de octubre.

Estados Unidos lleva meses organizando reuniones en Doha y en El Cairo para ver una vez tras otra cómo sus esfuerzos se quedan para nada. El tono del comunicado es duro y se llega a afirmar que "las decisiones políticas estadounidenses en torno a Gaza dependerán de si Israel toma medidas para asegurar la seguridad de los civiles palestinos y los cooperantes".

Problemas internos de Netanyahu

Tras la llamada con Biden, Netanyahu ha movido ficha y ha informado de que permitirá "de forma temporal" la entrada de ayuda abriendo el paso de Erez, situado al norte de Gaza. Pese a esta primera cesión, que ha sido anunciada a primera hora del viernes, el primer ministro israelí también está enfadado: considera que Estados Unidos quiere influir demasiado en la política interna de su país y no entiende las constantes críticas a su administración desde altos cargos como la vicepresidenta Kamala Harris o el presidente de la mayoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer.

Uno de los vehículos de la ONG World Central Kitchen tras el ataque.

Uno de los vehículos de la ONG World Central Kitchen tras el ataque. Ahmed Zakot Reuters

Recientemente, Schumer pidió elecciones en Israel para poder sustituir a Netanyahu. No es casualidad que este jueves lo haya hecho Benny Gantz, miembro del Consejo de Guerra, ministro sin cartera del gobierno, ex jefe de las Fuerzas Armadas Israelíes… y enemigo político número uno del actual primer ministro.

Es probable que la decisión de Gantz de romper la unidad institucional y atacar la legitimidad de la coalición actual del gobierno responda a su propia voluntad. Dicho esto, lo cierto es que Gantz se reunió recientemente en la Casa Blanca con Biden en una visita sorprendente, justo en medio del aluvión de críticas estadounidenses y sin respaldo alguno del gobierno israelí. De hecho, el embajador en Washington se negó a acudir a la recepción para dejar claro que Gantz solo se representaba a sí mismo.

La circunstancia de que se haya decidido justo ahora a pedir elecciones para septiembre no ha podido tomarse como una casualidad desde Tel Aviv, sino como una operación patrocinada por el propio Biden. En medio de una guerra que puede ampliarse a todo Oriente Medio y con la amenaza terrorista del ISIS de nuevo sobre la mesa, no parece el momento de echarse los trastos a la cabeza, pero en estos momentos, como se observa en el comunicado, el desencuentro es absoluto.

Presiones del Partido Demócrata

Lo curioso es que ese desencuentro le resta a Biden por el lado más proisraelí de su electorado… pero no convence al ala izquierdista, que pide una posición más dura con los bombardeos y la muerte de civiles. El hecho de que Estados Unidos siga vendiendo armas a Israel para utilizarlas en Gaza -el último acuerdo para enviar hasta 2.000 bombas data precisamente del día en el que murieron los siete cooperantes de World Central Kitchen- hace que todos los lamentos del presidente suenen un poco huecos.

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Blinken y Biden han repetido en varias ocasiones la expresión "línea roja", pero hasta ahora no se han cumplido sus amenazas. Tal vez, por eso, este cambio de tono. Pese a todas las desavenencias públicas y al distinto enfoque que mantienen acerca de la solución al problema palestino -Estados Unidos insiste en una solución de dos Estados que Israel jamás aceptará, probablemente con razón- el vínculo militar sigue prácticamente intacto… y eso es exactamente lo que le interesa ahora mismo a Netanyahu, más que cualquier juicio moral.

La justificación de Blinken es que las armas "sirven para la disuasión, para evitar más conflictos…", citando las amenazas de Irán y sus milicias. No todo el mundo en el Partido Demócrata está de acuerdo.

Esas mismas armas han servido, por ejemplo, para matar a un ciudadano estadounidense que trabajaba para la ONG del chef José Andrés. Estados Unidos sigue empeñado en mantenerse entre dos aguas en este conflicto como en tantos otros. Lejos han quedado los tiempos de la "doctrina Colin Powell": "O estás dentro por completo o estás fuera por completo". Ahora, cada día es una incógnita.