Trump entrando en el Air Force One

Trump entrando en el Air Force One Reuters

EEUU Política

De Rusia a Melania: las siete claves del primer discurso sobre el Estado de la Unión de Trump

El presidente tirará de tono institucional para tratar de sacar adelante la reforma migratoria y su plan de renovación de infraestructuras.

Washington

La cuenta de Twitter de Donald Trump lleva desde hace unos días en estado de relativa calma. El presidente se ha pasado todo el fin de semana en la Casa Blanca preparando junto a su equipo el que será su primer discurso sobre el Estado de la Unión, que pronunciará este martes por la noche ante el Congreso. El plan original, según ha informado su oficina a varios medios norteamericanos, es dejar de lado su tono combativo y suavizar las formas para lanzar un mensaje bipartidista y de consenso, a fin de atraerse a republicanos y demócratas a los dos proyectos prioritarios de su administración para el nuevo año: el plan de mejora de las infraestructuras y la reforma migratoria. No obstante, las últimas revelaciones sobre la trama rusa pueden ponerle difícil al magnate salir airoso de esta cita.

Al margen de que con este presidente siempre hay hueco para la sorpresa, el guión del discurso de Trump se basará previsiblemente en un balance de su primer año, destacando la mejora de la economía y la bajada del desempleo, y sacando pecho de la reforma tributaria. Sin embargo, los demócratas no piensan ponérselo fácil y se preparan para introducir durante la sesión asuntos como el estado de indefensión en que han quedado los jóvenes inmigrantes en situación irregular tras la anulación del programa DACA, o la lucha contra el acoso sexual.

Este discurso anual, arraigado en la tradición política de EEUU, va más allá de las palabras del comandante en jefe. Es toda una ceremonia televisada para millones de espectadores en todo el país, en la que los gestos, los trajes, los aplausos, las sonrisas y hasta las pausas se escrutan al milímetro. Todos los poderes del Estado estarán presentes mientras Trump habla. Estos son siete de los puntos claves que habrá que seguir.

1. El tono de Trump

Si algo ha demostrado el presidente de los EEUU en los últimos 12 meses es que existen dos Donald Trump diferentes, uno que pronuncia discursos institucionales ciñéndose al guión de sus asesores, mucho más conciliador y de tono suave, y otro que responde a los periodistas y maneja su cuenta de Twitter como si de una metralleta se tratara. Estas dos caras del presidente, sin embargo, comparten un mismo mensaje, que más o menos edulcorado mantiene sus prioridades claras desde que llegó al Despacho Oval: menos inmigración, menos protección y regulación pública, y prioridad a todo lo ‘made in USA’ frente a los productos extranjeros.

Este martes millones de estadounidenses se reunirán frente al televisor para seguir el Estado de la Unión. Aunque será el primero de Trump, ya en febrero de 2017 intervino en un discurso ante las dos cámaras legislativas, en sesión conjunta, descubriendo su lado menos agresivo, con llamadas a la unidad y a la reconciliación. No obstante, el fondo era el mismo que durante la campaña electoral, como evidenció su promesa de crear una oficina para víctimas de delitos cometidos por inmigrantes, vinculando una vez la inseguridad ciudadana a la presencia de extranjeros.

En esta ocasión, el tono previsto será de nuevo conciliador y triunfalista. “El presidente hablará sobre cómo Estados Unidos ha vuelto”, según avanzó el director legislativo de la Casa Blanca, Marc Short, que añadió que Trump invitará a los demócratas a apoyar la reconstrucción de las infraestructuras del país y el aumento del gasto militar ante las nuevas “amenazas dramáticas en la escena mundial”.

2. La economía: subidas de sueldos en las empresas.

Trump, como viene haciendo cada vez que tiene ocasión, presumirá de la mejora económica que vive el país, con un crecimiento sostenido, un nivel de paro históricamente bajo y el mercado bursátil batiendo récords en cada sesión. Además, se espera que aporte nuevos datos sobre los resultados de la reforma tributaria, en concreto, señalando a las compañías que ante la bajada de impuestos han decidido otorgar a sus empleados bonos de mil dólares y otros beneficios. Disney, por ejemplo, es una de las empresas que ya ha anunciado que parte de lo que se ahorre con la rebaja fiscal irá dedicado a mejoras y beneficios para su plantilla.

Con este y otros casos, el presidente podrá presumir de que las grandes compañías beneficiadas con el recorte de tasas reinvertirán en EEUU este ahorro impositivo, ya sea con nuevas contrataciones, subidas de sueldo o nuevas apuestas empresariales.

3. Las prioridades de 2018: infraestructuras e inmigración

La Casa Blanca ha dejado claro en las últimas semanas cuáles serán sus objetivos para 2018, su plan para la renovación de infraestructuras del país, que podría suponer otro revulsivo económico al reactivar la obra pública, y una reforma migratoria, que incluye el muro en la frontera con México, para la que necesita el beneplácito de los demócratas.

En cuanto al plan de infraestructuras, que fue una de sus promesas estrellas durante la campaña electoral, persigue la renovación de autopistas, aeropuertos, puentes y otros sistemas viarios del país, en muchos casos visiblemente obsoletos, con una inversión que estará entre el billón y los 1,7 billones de dólares, aunque para conocer la cifra definitiva, así como el detalle de dónde saldrá la financiación, habrá que esperar al discurso de Trump.

Mientras que la obra pública puede despertar más consenso, la reforma migratoria se presenta como la gran batalla entre demócratas y republicanos antes de las elecciones legislativas de noviembre. Trump ha ofrecido un trato difícil de aceptar para los demócratas. La oferta consiste en abrir un proceso legal para que 1,8 millones de inmigrantes irregulares puedan obtener la ciudadanía estadounidense en varios años, siempre que no tengan antecedentes legales. A cambio, el Congreso tendría que dar luz verde a una partida de 25 billones de dólares para reforzar la seguridad fronteriza, incluyendo su promesa electoral de levantar un muro con México. Además, habría que modificar la actual legislación, restringiendo la llegada legal de extranjeros en el futuro, priorizando la cualificación de los aspirantes frente a los lazos familiares.

En este apartado, los demócratas tienen complicado lograr una solución para los ‘dreamers’ sin ceder ante el presidente, especialmente cuando su mayor arma de presión, el cierre del gobierno en caso de no dar una solución a los indocumentados, ya se ha demostrado poco efectiva. La pasada semana tuvieron que ceder ante los republicanos y el próximo 8 de febrero el Congreso volverá a enfrentarse a un posible ‘shutdown’ sin que se vea una solución cercana. Mientras, esperan sin saber qué será de su futuro más de 700.000 jóvenes inmigrantes que llegaron juntos a sus padres al país y que pueden residir en EEUU gracias a una orden que firmó Obama, el programa DACA, y que Trump ha cancelado.

4.La trama rusa: elegir entre Nixon o Clinton

Otra incógnita es saber si Trump mencionará durante su intervención la trama rusa que lo persigue desde que ganó las elecciones. El presidente ha prometido cooperar con la investigación y ha insistido en que está dispuesto a someterse a un interrogatorio bajo juramento. Su estrategia en este asunto siempre ha consistido en negar que existiera confabulación alguna entre su candidatura y el Kremlin, así como atribuirlo todo a una estrategia del Partido Demócrata, incapaz de asumir su derrota.

En la historia de los discursos sobre el Estado de la Unión hay precedentes de todo tipo en casos como el ‘Rusiagate’, con presidentes que o bien ignoran este tipo de investigaciones, o al contrario, aprovechan para remarcar su inocencia. Richard Nixon, por ejemplo, en 1974 utilizó su intervención ante el Congreso para tratar de deslegitimar la investigación sobre el Watergate. “No tengo ninguna intención de dejar el trabajo para el que me eligió el pueblo americano”, dijo antes de verse obligado a dimitir siete meses después. El caso contrario es Bill Clinton en 1999, quien decidió ignorar por completo el escándalo Lewinsky incluso cuando se encontraba en pleno proceso de 'impeachment'.

Habrá que esperar unas horas para saber qué camino elige Trump. En cualquier caso, aunque recurra al argumento de las ‘fake news’ o culpe de nuevo a los demócratas, las últimas noticias sobre el supuesto intento de despido el pasado verano del fiscal especial para la investigación rusa, Robert Mueller, no le ayuda especialmente en este tema, en el que poco a poco la investigación va acercándose cada vez más al Despacho Oval.

5. Los demócratas: acoso sexual y ‘dreamers'

Aunque Trump tiene su guión marcado, los demócratas harán todo lo que puedan por llevar el debate a su terreno. Las congresistas, por ejemplo, planean vestir con trajes negros, siguiendo la moda de las actrices en Hollywood durante los Globos de Oro, para protestar por el acoso sexual y respaldar el movimiento #MeToo. Cabe recordar que Trump arrastra también varias acusaciones de abusos sexuales.

Ya el pasado año, durante el discurso del presidente ante las dos cámaras, las demócratas usaron esta estrategia vistiendo de blanco, el color de las sufragistas, en solidaridad con las manifestaciones feministas que siguieron a la victoria repuiblicana en las elecciones. La estrategia les sirvió para al menos mediáticamente robarle parte de la atención a las palabras de Trump.

Además, varios congresistas han utilizado sus invitaciones oficiales para abrir las puertas del Capitolio a los ‘dreamers’ y mujeres víctimas de agresiones sexuales. Esto podría traducirse en alguna sonada reacción entre el público del Congreso, cuando el presidente aluda a alguna de estas cuestiones.

Una vez terminado el discurso, el representante demócrata por Massachusetts, Patrick Kennedy, será el encargado de dar la respuesta oficial al presidente. Además, Elizabeth Guzman, la primera mujer inmigrante hispana elegida para la Cámara de Delegados de Virginia, hará lo propio en español.

6. El entorno clave de Melania

El papel de la primera dama durante el discurso anual del Estado de la Unión es relevante. Muchas miradas estarán puestas en sus reacciones, especialmente cuando todavía no se ha apagado el escándalo de la supuesta infidelidad de su marido en 2006 con una actriz porno, a la que habría pagado durante la campaña presidencial para que no hablara.

Melania Trump acude a un acto oficial

Melania Trump acude a un acto oficial

Pero además, existe la tradición de situar junto a la mujer del presidente a las personalidades que durante ese año se han ganado el reconocimiento de héroe nacional. Esta costumbre la inició Reagan cuando invitó a sentarse junto a su esposa, en el discurso del Estado de la Unión de 1982, a Lenny Skutnik, un empleado del Congreso se había lanzado al río Potomac de Washington dos semanas antes para rescatar a un pasajero de un avión que se había estrellado.

Desde entonces, se suele situar en las gradas cercanas a la primera dama a los héroes estadounidenses, especialmente a aquellos que refuerzan algún punto de política que está tratando de establecer. Habrá que fijarse por lo tanto en las butacas próximas a Melania, aunque se espera que la Casa Blanca elija para este honor a las víctimas de la adicción a los opiáceos, así como beneficiados de la reforma tributaria.

7. Política exterior: frentes abiertos

No sólo los estadounidenses estarán pendientes del discurso. El resto del mundo escuchará con atención las palabras de Trump, que podría avanzar nuevos planes sobre su política internacional. Se espera que confirme de nuevo la decisión de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, así como que aborde la amenaza nuclear de Corea del Norte, el acuerdo nuclear con Irán, o las tensiones con Europa y Asia a cuenta de la senda proteccionista emprendida por su administración. No obstante, desde su oficina aseguran que el mensaje será institucional sin las salidas de tono propias del presidente desde su cuenta de Twitter, como cuando insultó al líder de Corea del Norte por su aspecto físico.

Trump sabe que 2018 es un año electoral clave para su presidencia y su partido. Este discurso será analizado hasta el extremo. Sin embargo, no conviene olvidar que el verdadero examen llegará al día siguiente, cuando en poco más de 140 caracteres el presidente de EEUU demuestre si su tono institucional y bipartidista era sólo una pose o si estamos ante una nueva etapa en la presidencia más movida de las últimas décadas.