La promoción de un bar para los funcionarios que estos días no han podido trabajar.

La promoción de un bar para los funcionarios que estos días no han podido trabajar. Reuters

EEUU

Washington reabre el gobierno tras un acuerdo amargo para demócratas y 'dreamers'

La imagen de una ciudad fantasma con los funcionarios en casa y los bares con ofertas para los afectados podría repetirse en tres semanas.

Washington

La ciudad de Washington se prepara para recuperar la normalidad después de más de 60 horas de cierre parcial del gobierno federal o shutdown. El cierre ha servido para pocas cosas, salvo para mostrar una imagen insólita y semidesierta de la capital del país, incrementar la indignación ciudadana con los políticos, y complicar la vida a las más de 800.000 personas que dependen laboralmente de la administración en la zona del Distrito de Columbia, que han arrancado este lunes en casa o sin cobrar.

Para comprender el grado de malestar de la sociedad norteamericana con sus gobernantes, hay que tener en cuenta que mayoritariamente, según las encuestas, tanto los votantes republicanos como demócratas coinciden en que no querían que se llegara a este shutdown y en que había que dar una salida legal a los dreamers, los más de 700.000 inmigrantes indocumentados que fueron traídos de niños al país por sus padres y que han quedados desprotegidos después de que el presidente Trump suspendiera el programa que les daba cobertura legal (DACA por sus siglas en inglés).

A pesar de que en apariencia existe un consenso en ambos puntos, los miembros del Senado no pudieron evitar el pasado viernes dejar sin presupuesto al gobierno. Tampoco el acuerdo alcanzado este lunes tras la votación de este mediodía en la Cámara Alta resuelve el problema migratorio de fondo ni garantiza un presupuesto duradero, sólo da una tregua de tres semanas a ambos partidos para lograr un pacto más estable. En definitiva, ambas formaciones parece que quieren lo mismo, pero no lo hacen.

Acuerdo de mínimos entre demócratas y republicanos

Ante este resultado, sí que parece que una de las partes ha quedado peor parada. Los demócratas, que querían resolver la cuestión de los dreamers definitivamente a cambio de la reapertura del gobierno, han dado su brazo a torcer a sabiendas de que estaban perdiendo la batalla de la opinión pública, con encuestas que apuntaban que incluso entre sus bases, más del 50% rechazaba que se permitiera el cierre del gobierno para lograr concesiones en materia migratoria. Lo único que han podido arrancar a los conservadores es un compromiso de que abordarán este debate de aquí al 8 de febrero. Justo lo que pedían sus oponentes.

Ciudad fantasma

De no alcanzarse un consenso en estas semanas que incluya resolver la cuestión de los jóvenes indocumentados y un refuerzo de la seguridad en las fronteras -demanda republicana-, el shutdown podría repetirse de nuevo, devolviendo a la capital el aspecto casi fantasmal de este lunes.

Carreteras con menos tráfico, el metro a medio ocupar, los aparcamientos cercanos a los edificios federales vacíos, más corredores de lo habitual trotando a primera hora en el National Mall y una sensación de enfado latente en los miles de trabajadores públicos que han perdido el día de trabajo y -por ahora- también de sueldo.

En la capital y su área metropolitana trabajan cada día 367.000 empleados federales y 450.000 contratistas que dependen de la administración, casi una cuarta parte de los más de tres millones de personas que cada día acude a esta área a trabajar. De ahí, que cada día sin actividad pública le cueste a la economía de la zona unos 200 millones de dólares, según las estimaciones de varios economistas recogidas hoy en el Washington Post.

Uno de esas funcionarias es Megan, una abogada treintañera del Departamento de Trabajo, que compara la actitud de los congresistas con la de "niños pequeños". El viernes, junto a sus compañeros, recibió un correo electrónico emplazándola a una reunión este lunes a las 10.30 horas. A la salida, explicaba a EL ESPAÑOL las órdenes recibidas. “Nos han ordenado habilitar una respuesta automática para nuestros correos electrónicos y teléfonos indicando de que el gobierno está cerrado, apagar todos los ordenadores y luego irnos a casa. Debemos mantenernos pendientes de las noticias y de la web de personal para saber si hay novedades”, relataba con resignación.

Desde luego, el mensaje no será como el que la Casa Blanca instaló durante todo el fin de semana en su línea principal, en el que se comunicaba que no se podían atender las llamadas por el cierre del gobierno, responsabilizando claramente a los demócratas, por "anteponer" los intereses de los inmigrantes a los de los servidores públicos y militares. El de Megan y sus compañeros será, desde luego, más aséptico.

Éste no es el primer shutdown que se vive en su departamento, por lo que tienen experiencia -el último fue el de 2013 de la administración Obama-. Por ello, saben que cobrar es una incógnita. “Aunque en otras ocasiones sí que nos pagaron por los días sin actividad, eso no es garantía ahora”.

Antes de que el Senado llegara a un acuerdo, el plan de esta abogada era aprovechar para visitar la National Gallery of Art antes de que se viera afectado por el cierre, ya que los museos nacionales, al igual que el zoo, contaban con presupuesto para seguir operativos sólo hasta el lunes. Con la decisión de la Cámara Alta, parece que la apertura está garantizada.

Cócteles y hamburguesas para funcionarios

En cualquier caso, durante este fin de semana de cierre gubernamental tampoco han faltado opciones de ocio a los funcionarios. La mayoría de los bares y restaurantes de Washington han lanzado ofertas especiales para los trabajadores públicos, con hamburguesas con descuentos y cócteles shutdown a precios especiales, bautizados con los nombres de los últimos escándalos del presidente. El Capitol Lounge, por ejemplo, ha creado el Pornstar Punch con Stormy Jack Daniels, a cinco dólares, en honor de la actriz porno que habría mantenido relaciones con Trump en 2006 y habría recibido pagos a cambio de su silencio durante la campaña.

Los que han vivido otros shutdowns recuerdan que los locales de ocio suelen llenarse más ante la falta de actividad federal los primeros días, pero que a medida que avanza el cierre, las economías empiezan a resentirse.

Éste, gracias al nuevo acuerdo de tres semanas, no será finalmente el caso de Ramón, un español con ciudadanía estadounidense que se había visto afectado por la medida durante la jornada del lunes. Su empresa trabaja subcontratada para la NASA, por lo que sus fondos depende de la agencia federal. “Hoy estamos trabajando aunque no sabemos si vamos a cobrar. Cuando se produce un shutdown tenemos que pedir permiso para seguir en activo, y en eso estamos. Si el cierre dura mucho tiempo, como pasó en 2013, que se prolongó por dos semanas, perdemos buena parte de los beneficios, porque en este tiempo nosotros tenemos que seguir pagando los salarios, pero no cobramos del gobierno”.

En su opinión, la diferencia con la clausura de hace cinco años está en que “entonces, con Obama, se hizo de forma organizada, porque se preveía”. “Esta vez no se ha planificado nada, porque nadie se esperaba que se llegara a esto con los republicanos controlando tantos brazos del gobierno. Es un desastre total”.

A su juicio, “esta ocasión la culpa es de los dos partidos y de sus posturas tan radicales, porque no es normal que no sean capaces de llegar a un acuerdo”. No obstante, sí tiene claro quién no ha colaborado. “El presidente Trump presionando para conseguir fondos para su muro de la vergüenza con México no ha sido una ayuda”, comenta a EL ESPAÑOL.

El testimonio de Ramón ayuda a entender el triunfo republicano en la opinión pública. Durante este fin de semana, ambos partidos han estado intentando culpar al contrario de esta situación, pero los demócratas no han tenido en sus bases tanto éxito como los conservadores a la hora de atribuir responsabilidades.

Préstamos al 0% para militares

Uno de los argumentos más esgrimidos por los republicanos ha sido la situación de los militares, que ciertamente es sangrante. En casos de cierre de la administración, los miembros de las fuerzas armadas deben seguir acudiendo a sus puestos aunque no reciben su sueldo hasta que el gobierno reabra.

Este pasado viernes, y en previsión de que el problema no fuera a menos, el banco USAA, dedicado principalmente a miembros del Ejército, enviaba un mensaje a sus clientes informándoles de que es ofrecería una línea de crédito para los próximos meses de hasta 6.000 euros sin intereses ante la coyuntura política. “Pese a estas facilidades, si un shutdown se alarga durante semanas, pone en una situación muy comprometida a familias enteras de militares o veteranos”, comenta a EL ESPAÑOL un militar en activo.

Éste ha sido el argumento estrella de Trump y los suyos estos días, repitiendo hasta la saciedad que los demócratas prefieren ayudar a los inmigrantes indocumentados antes que a la de los soldados en activo o retirados, cuyas pensiones dependen de fondos federales. Hay que tener en cuenta que el Ejército es una de las instituciones más valoradas por la sociedad estadounidense.

El acuerdo alcanzado este lunes, que salvo sorpresa será ratificado por la Cámara de Representantes y permitirá reabrir el gobierno este martes, dará tres semanas a ambas formaciones para asegurar la financiación federal a largo plazo y lograr un pacto en inmigración. Ambos se juegan mucho ante sus bases, especialmente estando en año electoral, ya que en noviembre habrá comicios legislativos para la renovación de las cámaras.

Donald Trump ha aprovechado esta crisis para pedir a los votantes que pongan a más republicanos en el Congreso para evitar el obstruccionismo demócrata, mientras que éstos han recordado que los conservadores jugaron exactamente el papel contrario durante el cierre de 2013. Y mientras unos y otros venden sus argumentos, dreamers, ciudadanos y funcionarios esperan y se preguntan por qué los políticos, cierre lo que cierre, siguen cobrando.