Un activista mexicano pone la bandera de su país sobre una figura de Trump el día de su investidura.

Un activista mexicano pone la bandera de su país sobre una figura de Trump el día de su investidura. Getty

EEUU Cultura bilingüe

¿Sobrevivirá el español en EEUU al huracán Trump?

La expansión del castellano ha vivido una época dorada que empieza a invertirse aunque su supresión de la web de la Casa Blanca sea sólo temporal.

Washington DC

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“Al español no lo para ni Trump ni sus muros”... aunque quizá muera solo. La retirada de la versión en español de la página web de la Casa Blanca -temporal, según ha aclarado el portavoz Sean Spicer a posteriori- desde la llegada de la nueva Administración Trump, ha generado una encendida defensa del uso del castellano en EEUU, donde teóricamente está en fase de expansión. Sin embargo, y pese a que pronto el sitio web del Gobierno vuelva a la normalidad bilingüe, no todos mantienen una visión tan positiva sobre la situación de la lengua de Cervantes en este país que, a lo largo de la historia, ha demostrado su capacidad para devorar a los competidores del inglés.

Este país no tiene una lengua oficial, ya que la Constitución de 1789 no estableció ningún idioma para esta nueva nación, formada por inmigrantes, en la que junto al inglés convivían entre otras el alemán, el francés y por supuesto el español. Por diferentes motivos, todas ellas fueron cediendo su espacio, a pesar de que, como muchos hispanistas remarcan constantemente, en el actual territorio estadounidense se hablaba castellano mucho antes de que llegaran los peregrinos británicos.

No obstante, la situación varía en función de los estados. Cada gobierno tiene sus reglas, de modo que en algunos el inglés sí es oficial. Pero dicho esto, no hay que llevarse a engaños. El inglés es formal y oficiosamente necesario y el código natural en que se legisla. Por ejemplo, para superar el proceso de naturalización o de adquisición de la ciudadanía estadounidense, los inmigrantes deben someterse a pruebas de inglés oral y escrito. Otra cosa es que dependiendo de la zona en que uno se sitúe, pueda hacer una vida más o menos normal sin conocer el habla de Shakespeare.

Cualquiera que haya pasado una temporada en este país habrá comprobado que si se telefonea a una agencia federal, se le ofrece la posibilidad de ser atendido en español pulsando 2, al igual que en muchos otros organismos públicos. Los formularios oficiales también suelen contar con una traducción al castellano. Más allá de lo ocurrido con la web de la Casa Blanca -cuya versión en español se retiró sin explicación para luego, tras la polémica, indicar que era algo temporal-, aún podemos encontrar que la página del servicio de inmigración estadounidense aún conserva su versión hispana.

Lo mismo ocurre con la mayoría de empresas de telefonía, televisión por cable, banca y todo tipo de servicios, que cuentan con teleoperadores hispanohablantes. En los supermercados, las cajas de autopago suelen incluir la opción del castellano, al igual que los mecanismos de auto ‘check-in’ de los aeropuertos, los cajeros automáticos y un largo etcétera. Otra cosa es que, en caso de necesidad, haya algún trabajador capaz de atender en español. Esto ya depende de la ciudad o el estado. Sin ir más lejos, en Washington DC es posible sacarse el carné de conducir usando nuestra lengua.

Por todo ello, hasta ahora se podría definir a EEUU como un país friendly (amistoso) hacia la lengua española. Pero el nuevo presidente, siendo candidato republicano, ya mostró su poco apego a esta incipiente suerte de bilingüismo, afeando a varios de sus oponentes durante las primarias que usaran el español. “En este país se habla en inglés”, comentó en uno de los debates televisados. También resultó llamativo que un grupo de teóricos seguidores latinos del magnate aparecieron en uno de sus actos con camisetas “Latinos para Trump”, evidenciando que en su equipo no tenían un buen manejo a la hora de traducir preposiciones castellanas (la consigna en inglés era ‘Latinos for Trump’, y confundieron el ‘para’ con el ‘por’).

Por contra, otros republicanos, y sobre todo los demócratas, siempre han hecho uso del español como una herramienta con la que cortejar al votante latino, haciendo intentos incluso por chapurrear algunas palabras. El último caso fue el de Hillary Clinton, que contaba por ejemplo con una cuenta de Twitter en castellano, que replicaba la actividad de la que poseía en inglés (@Hillary_esp). No obstante, dejó de enviar mensajes el mismo día en que terminó la campaña, mientras que su otro perfil sigue funcionando.

Ahora lo sucedido con la versión en español de la web de la Casa Blanca ha sido vista por muchos sectores como un símbolo de lo que está por venir con la Administración Trump. El Gobierno de España, el Instituto Cervantes, la Real Academia Española y muchos otros organismos se apresuraron a salir a lamentar el cierre de la web, aunque algunos advierten de que no es ahí donde el español se la juega.

Se estima que en EEUU hay 57 millones de hispanos, de los que tres cuartas partes hablan español en casa, según los datos del Centro de Investigación Pew. En concreto, de acuerdo don datos de 2013, son 35,8 millones los que hablan español como lengua materna. Los pronósticos más optimistas señalan que para 2055 habrá 125 millones de hispanos. Pero apellidarse Cruz o Fernández -en EEUU ser hispano no es pertenecer a una raza, sino a un grupo étnico o cultural-, no significa que todos ellos vayan a hablar español.

Paula Catalán es una psicóloga madrileña, que ejerce de psicóloga en Maryland, donde lleva viviendo casi 18 años. Aquí tuvo a sus dos hijos con su esposo estadounidense, que habla también español. “El idioma se pierde en este país. En casa, mi marido habla con los niños en inglés, y yo en español, pero el colegio es en inglés, se socializan en inglés, la televisión es en inglés… Al principio nos esforzamos para que no perdieran mi lengua, pero es una lucha constante”, relata a EL ESPAÑOL.

Para mantener el interés de sus pequeños por su idioma y cultura, Paula comenzó a llevarlos a unas clases gratuitas que ofrece el Instituto Cervantes en distintos puntos del país, dirigido a hijos de inmigrantes españoles. “En EEUU las escuelas dependen del condado y de los recursos que tenga cada una. No todas ofrecen buenas clases de castellano o inmersión. Nos hablaron del programa ALCE, así que llevamos a los niños para que no pierdan las raíces, aunque la verdad es que el sistema que emplean tienen sus limitaciones”, comenta esta madre, que reconoce la dificultad de despertar el interés por el español en sus hijos.

A su juicio, ninguno de los dos son puramente bilingües, aunque se pueden defender. “El mayor lo habla mejor”. Sobre qué pasará con sus nietos, es decir, la tercera generación, Paula lo tiene claro. “No hablarán español. A menos que se casen con una hispana que se lo curre, sus hijos serán sólo angloparlantes”.

Lo que le ocurre a esta madrileña es la principal amenaza para la supervivencia del castellano a largo plazo en EEUU. Y hay que tener en cuenta que no todas las naciones hispanas brindan clases gratuitas de español -un programa privado similar puede salir por entre 2.000 y 3.000 dólares al mes, según detalla esta madre-. Además, en otras nacionalidades el uso del español en casa no es tan generalizado, ya que en este país, hasta hace no mucho se asociaba el español a la inmigración y a los trabajos de baja cualificación, por lo que muchos padres inmigrantes prefieren que sus hijos aprendan cuanto antes el inglés.

De hecho, según datos del Pew de 2014, el 88% de los latinos de 5 a 17 años sólo hablan inglés o lo hablan "muy bien", lo que confirma que el castellano puede estar ahora mismo en franca retirada.

GUARDERÍAS SÓLO EN ESPAÑOL

Pero todo señala al detrimento del idioma de Cervantes. La percepción del español ha cambiado en los últimos tiempos entre la población nativa. En las grandes ciudades, se está extendiendo entre las parejas jóvenes la contratación de guarderías donde sólo se habla español, para tratar de lograr que sus hijos alcancen a edades tempranas el bilingüismo.

Megan Hansen es uno de estos casos. Esta joven abogada treintañera reside en Washington DC y tiene dos hijos, a los que inscribió en guarderías donde no se escucha ni una palabra de inglés. “Los apuntamos a ambos para que pudieran aprender español lo antes posible. A mi hijo con cinco meses, y a mi hija, con tres. Ojalá todas las escuelas tuvieran la mitad de las clases impartidas en castellano, o más”, expone a EL ESPAÑOL esta estadounidense, que pese a no tener en su familia ni un sólo hispanohablante, está también esforzándose por aprender este idioma.

En su opinión, la enseñanza bilingüe “es buena para la comunidad en general, y específicamente para los pequeños. Es positivo saber otro idioma, pero además estudiar otras lenguas ayuda a desarrollar las capacidades cerebrales y a hacer que los niños sean más empáticos”.

EL CASO DEL WASHINGTON POST

Otra de las armas con las que cuenta el español en EEUU es que está presente en el día a día gracias a los medios de comunicación hispanos. La aparición de cadenas como Univisión o versiones en español de medios tradicionales norteamericanos dieron la idea de que la pujanza del castellano era imparable. El pasado diciembre, sin embargo, la empresa editora del Washington Post vendió a otra empresa su cabecera en español ‘El tiempo latino’.

Alberto Avendaño ha sido el director de esta publicación y de los contenidos en español del Post durante los últimos 12 años. Actualmente es director de la Oficina de Washington de la Asociación Nacional de Prensa Hispana y miembro Correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. “Al español de EEUU no lo para ni Trump ni los muros. Pero estamos ante un ataque frontal contra lo hispanounidense. El culpable no es sólo Trump".

"Llevo 26 años en EEUU y en los medios en inglés y también en español el retrato de la comunidad hispana le da la razón cuando habla de violadores, narcotraficantes o ilegales", continúa. "La presencia hispana en los medios nunca se materializa en expertos, en opinadores cualificados, en ciudadanos, en voces cercanas y estadounidenses. Ese tipo de hispano, que es la mayoría, no existe en los medios”, lamenta este veterano periodista.

Sobre la situación actual del idioma en el país, Avenaño destaca que “hace unos años, un sondeo del Pew Research Center indicó algo histórico, que la nueva generación de jóvenes estadounidenses consideraban al español una lengua importante para ellos aunque no la hablaran bien y el 95% de los hispanos adultos (incluyendo los nacidos en EEUU) dijeron que era importante para las nuevas generaciones”. “Es cierto que estas nuevas generaciones consumen más medios en inglés que en español, pero es que en español aún no se ha invertido en calidad y contenidos mediáticos para una población joven hispanounidense que es bilingüe (a diferentes niveles) y orgullosamente bicultural”, agrega.

EL PAPEL DE ESPAÑA Y MÉXICO

A su juicio, “hay que decir también que dos grandes potencias culturales como España y México, y sus empresarios de la industria cultural y de la información, no han sabido todavía invertir en o crear proyectos mediáticos estadounidenses en español o en dual-language (lenguaje dual)”. “Esa es una iniciativa a la que quiero dedicar esfuerzos en los próximos años. Es el mejor contraataque que se le puede ofrecer a la era Trump, lo demás es política”.

Con Trump en la Casa Blanca y el español sin protección legal, salvo en casos concretos como Nuevo México, muchos miran hacia Puerto Rico como posible vía de crecimiento para el habla cervantina. Nuestra lengua es mayoritaria y oficial -junto al inglés- en esta isla, un territorio no incorporado cuyo gobierno actual aspira a integrarse como estado 51 de la Unión y el primero completamente hispanohablante.

Hasta ahora la población boricua, que posee la ciudadanía estadounidense y por lo tanto puede viajar y trabajar libremente en el continente, ha extendido el castellano durante décadas por todo el país. Su posible inclusión como miembro de pleno derecho en la federación estadounidense podría abrir nuevas puertas políticas al castellano.